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viernes, 1 de abril de 2022

Ratón de biblioteca: El lado oculto de la farmacia / Esther Samper

  

En "El lado oculto de la farmacia" vamos a hablar sin tapujos sobre diversos productos que encontramos en las estanterías de las boticas.

Esther Samper

 



Conflicto de intereses...

Esther Samper es "habitual" en PHARMACOSERÍAS, compañera de años en empeños comunes (Blogosfera sanitaria, ANIS...) y, además, buena amiga...y excelente comunicadora.

Ahora presenta nuevo libro y se lo pasamos a nuestro "Ratón de biblioteca" para sus comentarios... 

Este libro no es un ataque generalizado a las farmacias o al colectivo farmacéutico, sino una defensa contundente del paciente frente a los múltiples productos que podemos encontrar en las boticas y que, en realidad, no cuidan de nuestra salud. 

Nada escapa a la lupa de la doctora Esther Samper: desde la publicidad engañosa a los fármacos sin eficacia demostrada contra gripes o resfriados que se venden como gominolas, pasando por el multimillonario negocio de la homeopatía, los artículos antimosquitos o los complementos dietéticos y nutricionales. 

Samper siempre busca iluminar, a la luz de la ciencia, ese lado oculto de la farmacia para que nuestra elección no sea a tientas y a ciegas, sino informada y libre.

Ver:

Todo Esther Samper en PHARMACOSERÍAS

viernes, 22 de noviembre de 2019

Ratón de biblioteca: Si escuece cura / Esther Samper


"Son los mitos 
que llevas oyendo toda la vida, 
en la tele… 
que responden a la inercia 
y no nos planteamos 
si están bien o mal: 
la mayoría de las personas 
no tenemos tiempo de cuestionarnos 
cada paso que damos" (Mas)



Los mitos sobre salud abundan en la vida cotidiana y ni los profesionales sanitarios están libres de ellos. En el mejor de los casos, llevan a prácticas sanitarias erróneas que no sirven para nada y, en el peor, pueden poner en riesgo la salud o incluso nuestra vida. 
Ya sea en primeros auxilios como en nutrición, farmacia, bebés y niños o higiene, ningún ámbito está libre de la desinformación asentada en la tradición, la costumbre o en el interés económico de diversas empresas.

Esther Samper es  Licenciada en Medicina y Máster en Biotecnología Biomédica y un doctorado en Ingeniería Tisular Cardiovascular en Medizinische Hochschule Hannover. 
Desde 2005 ha participado y colaborado en la divulgación de temas de salud y biomedicina desde múltiples frentes: soitu.es, MedTempus, El País, eldiario.es, Muy Interesante, Naukas, rtve.es, Hipertextual...

miércoles, 30 de mayo de 2018

Y por qué no una farmacéutica pública? Esther Samper*

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Un documento recientemente filtrado de Goldman Sachs, uno de los grupos de inversión más importantes del mundo, y que se suponía iba dirigido exclusivamente a sus clientes, ha levantado una gran polémica en todo el mundo. ¿La razón? Decir por escrito y en voz alta una perogrullada que casi todos sabemos pero que pocos se atreven a decir: 
Las farmacéuticas se centran en la rentabilidad para el desarrollo de medicamentos y, por tanto, hay muchos más recursos puestos en tratamientos crónicos que en tratamientos curativos.


"Is curing patients a sustainable business model?
analysts ask in an April 10 report entitled 
"The Genome Revolution."

 
Estos son algunos de los fragmentos más jugosos del controvertido informe con el título "La revolución del genoma": 

"¿Es curar a los pacientes un modelo de negocio sostenible? [...] 
El potencial para administrar curas en una sola dosis es uno de los aspectos más atractivos de la terapia génica, la terapia con células modificadas genéticamente y la edición genética. Sin embargo, tales tratamientos ofrecen una perspectiva muy diferente con respecto a los ingresos recurrentes en comparación con las terapias crónicas. Mientras esta propuesta conlleva un increíble valor para los pacientes y la sociedad, podría representar un desafío para los desarrolladores de la medicina genómica que buscan un flujo de dinero mantenido".

También comentan el famoso caso del tratamiento curativo de la hepatitis C de Gilead, Sovaldi. Paradójicamente (o de sentido común, según se mire), la gran eficacia curativa de este tratamiento en los pacientes ha hecho que los beneficios de este medicamento se desplomen conforme se iban curando. Básicamente, este tratamiento está muriendo económicamente por su éxito médico.

Es sólo un ejemplo paradigmático más de que lo que puede ser mejor para la sociedad no tiene por qué serlo para una empresa. Y si hay que especular con el cáncer para ganar más dinero, pues se especula. Porque por mucho que las potentes secciones de marketing de las empresas farmacéuticas insistan en vendernos la moto como si fueran hermanitas de la caridad, la realidad es que están ahí para ganar dinero principalmente. Que la humanidad se beneficie más o menos de ello es algo colateral.

Precisamente por estos obvios conflictos de intereses entre las farmacéuticas y la sociedad, por un lado y, por otro, la visión en el horizonte de tratamientos curativos muy prometedores como la herramienta de modificación genética CRISPR, somos cada vez más las voces que defendemos la creación de farmacéuticas públicas, centradas en la sociedad y no en los beneficios, de la misma forma que tenemos una Sanidad pública. 

Ver:

CRISPR terapia para la "eterna juventud".


La idea podría sonar extravagante e incluso delirante en un primer vistazo, pero las principales barreras para la creación de farmacéuticas públicas no son de medios sino de voluntad política y apertura de mente. Además, no faltan los datos que respalden esta postura y animen a llevar adelante su creación. Por ejemplo, la amplia mayoría de la investigación de los tratamientos más novedosos comienzan en sus primeras fases en entidades públicas, con fondos públicos (universidades, centros de investigación...). Cuando ya un determinado tratamiento es lo suficientemente prometedor como para llevarlo a ensayos clínicos en humanos es entonces cuando las grandes farmacéuticas se interesan, negociando de diferentes formas para "adquirir" dicho producto, beneficiándose de todo el dinero invertido años atrás.

Hay que tener en cuenta que la investigación básica no suele y no tiene por qué ser rentable. La absoluta mayoría de tratamientos en fases tempranas de investigación se quedan en nada y por ello, precisamente, a las farmacéuticas les resulta poco atractivo este enfoque. Es mucho más sencillo y rentable dejar que las instituciones públicas hagan el trabajo sucio y poco rentable hasta que encuentren algo que merezca la pena y así comprarlo para venderlo posteriormente.

¿Por qué no crear una farmacéutica pública que continúe el trabajo de investigación y venda a precios asequibles lo que ya se ha investigado previamente con dinero público? Los márgenes de beneficio de las farmacéuticas son brutales. El precio de lo que vale producir un medicamento se puede multiplicar cientos o miles de veces para su venta, especialmente durante la etapa de patente (20 años). Una farmacéutica pública no tendría necesidad de vender sus fármacos a precios tan inflados pues no habría ánimo de lucro.

Ver:

Salud, pobreza y patentes. / Pascual Maragall: Fondo Mundial de Rescate de Patentes


Por otro lado, las farmacéuticas públicas podrían arriesgarse más que las privadas en la búsqueda de tratamientos curativos, para enfermedades raras o enfermedades de países pobres, porque no tendrían a unos inversores a los que rendir cuentas. Y también tratamientos extremadamente caros de desarrollar y probar en pacientes como la terapia celular, que muchas farmacéuticas no quieren tocar ni con un palo por la cantidad de complicaciones que suponen para tener un retorno económico, podrían tener más posibilidades de investigarse en fases más avanzadas.

Como ventaja adicional frente a las farmacéuticas privadas, las farmacéuticas públicas no tendrían interés, en un principio, en maquillar los resultados de los ensayos clínicos (o cometer fraude) para que resulten más atractivos sus medicamentos. ¿Para qué, si no hay beneficio? Serían mucho más trasparentes y los ensayos clínicos tendrían lugar igualmente en hospitales públicos (que las farmacéuticas privadas usan también para sus propios ensayos).

Toda esta idea de crear una farmacéutica pública no es sólo una fantasía. En Estados Unidos, más de 450 hospitales se han unido para crear una compañía farmacéutica sin ánimo de lucro, para producir medicamentos genéricos, como una medida extrema para luchar contra la escasez y altos precios de éstos causados por la industria privada. Si los habitantes del país capitalista líder en el mundo se han dado cuenta de las ventajas de las farmacéuticas públicas (y de los peligros que supone dejar la salud en manos de compañías privadas), ¿por qué no llevarlo adelante en simbiosis con una sanidad pública? De llevarse a cabo, probablemente nos preguntaríamos años después por qué no tomamos la decisión mucho tiempo antes. (Ver)

 (*) Esther Samper Licenciada en Medicina y Máster en Biotecnología Biomédica. Realiza en la actualidad un doctorado en Ingeniería Tisular Cardiovascular en Medizinische Hochschule Hannover. Desde 2005 ha participado y colaborado en la divulgación de temas de salud y biomedicina desde múltiples frentes: soitu.es, MedTempus, El País, Naukas, rtve.es

jueves, 11 de octubre de 2018

Esther Samper / Medicinas alternativas: De permisividad a...repulsa

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  • Tiempo atrás, los políticos miraban para otro lado con respecto a las pseudoterapias y su regulación
  • Aún no hemos llegado a una tolerancia cero frente a las pseudoterapias, basta salir a la calle o entrar a la farmacia para comprobar que siguen muy presentes. Queda mucho por hacer


Las pseudoterapias (mal llamadas medicinas alternativas, pues no son una alternativa real a la medicina) han proliferado en las últimas décadas en España gracias a la desinformación generalizada de sus usuarios. Hace apenas unos meses, el barómetro del CIS ilustraba por primera vez el gran cacao mental sobre las pseudoterapias que tienen los españoles y la notable tolerancia hacia ellas. 

Ver:

La otra gran mentira de la homeopatía 


Sin embargo, el escaso conocimiento y pensamiento crítico de una parte de la población en esta materia es sólo una de las razones tras este fenómeno. La tibieza y permisividad generalizada de los colectivos sanitarios (principalmente de médicos y farmacéuticos), de las asociaciones de pacientes, de los periodistas y los políticos han sido también muy culpables del florecimiento de las pseudoterapias durante décadas.

Años atrás, el asunto de las pseudoterapias solía tratarse con la típica equidistancia periodística, dando el mismo valor a las declaraciones de los practicantes de las pseudoterapias que a las pruebas científicas en contra de éstas, ya fuera en medios grandes o pequeños. Por ejemplo, hace tan sólo 8 años, El País publicó un famoso reportaje sobre la homeopatía con la neutralidad propia de aquella época en este asunto. En el peor de los casos, multitud de medios de comunicación trataban a las pseudoterapias como una opción terapéutica más.

Todo sobre homeopatía en PHARMACOSERÍAS


Hace tiempo, los médicos y farmacéuticos que se atrevían a criticar públicamente a las pseudoterapias eran cuatro gatos combativos, a menudo pertenecientes a asociaciones defensoras del pensamiento crítico como ARP-SAPC o Círculo Escéptico. Yo misma, como médica entrevistada sobre pseudoterapias hace tiempo, recibía el agradecimiento de periodistas por animarme a responder a sus preguntas porque no encontraban ningún médico que quisiera criticarlas. Además, en aquel entonces, llamar a casi cualquier colegio de médicos o institución médica oficial desde un medio de comunicación para indagar sobre las pseudomedicinas y su supuesta efectividad era algo infructuoso. Se solían recibir respuestas tan "contundentes" como "No tienen nada que decir" o "Mientras que lo apliquen los médicos, no hay nada que objetar".

En aquella época, hace casi 7 años, me preguntaba amargamente "¿Por qué los médicos no frenan el auge de las medicinas alternativas?". La situación entre los colectivos sanitarios como los farmacéuticos y las asociaciones de pacientes era muy similar en aquella época. Además, prácticamente todas las universidades ofrecían cursos o títulos de pseudoterapias.

Tiempo atrás, los políticos miraban para otro lado con respecto a las pseudoterapias y su regulación. Fue en el año 2011 cuando, por primera vez en España, el Ministerio de Sanidad publicaba un "Análisis de situación de las terapias naturales". Entre sus principales afirmaciones se encontraban "La evidencia científica disponible sobre su eficacia es muy escasa y si bien en la mayoría de los casos estas terapias son inocuas, no están completamente exentas de riesgos". A pesar de este movimiento inicial, los políticos hicieron poco al respecto, salvo legislar que debía ser un sanitario titulado quien practicase las pseudoterapias. En la práctica, esta normativa se ha cumplido poco o nada. Además, una de las principales pseudomedicinas, la homeopatía, ha contado tradicionalmente con un trato de favor desde el sector político, que la ha mantenido en un limbo legal muy peculiar.

A pesar de este clima de tolerancia y permisividad social e institucional hacia las pseudoterapias de las últimas décadas, lo cierto es que algo está cambiando en los últimos 3-4 años. En muchas facetas, la evolución que se está dando en la tolerancia hacia las pseudoterapias recuerda al cambio en la mentalidad española con respecto a la violencia de género. Para empezar, los términos pseudoterapias o pseudomedicinas se están popularizando como sustitutos de medicinas alternativas o terapias naturales, tanto entre los medios de comunicación como en la población general. Podría resultar un detalle sin importancia, pero las connotaciones detrás de las palabras tienen un gran peso en como se percibe aquello que se describe. De hecho, una de las primeras medidas que se tomaron para dar los primeros pasos hacia la tolerancia cero a la violencia a las mujeres fue cambiar el término "crimen pasional" (en los años 80) por "violencia de género". Porque para combatir un problema, es importante que éste se refleje como tal.

En los últimos años, hemos puesto cara y nombre a múltiples víctimas de las pseudoterapias. Es el caso del estudiante Mario, de la economista Rosa, del niño Francesco... Muertos porque renegaron de una medicina basada en la evidencia científica para pasarse a una medicina basada en las fantasías. Era importante que los conociéramos, que viéramos los estragos que causan las pseudoterapias, pues durante mucho tiempo las víctimas por pseudoterapias se han mantenido en el más absoluto silencio, como las mujeres víctimas de maltrato. Ahora no sólo conocemos algunas de las víctimas de las pseudoterapias, también conocemos mejor la magnitud del problema. Sabemos que las pseudoterapias aumentan hasta un 470 % el riesgo de muerte en pacientes de cáncer o que usarlas se asocia al rechazo del tratamiento convencional. En España, las primeras víctimas mortales por violencia de género empezaron a contabilizarse en el año 2003. Ana Orantes, la mujer que expuso sus maltratos por televisión y que fue quemada viva por su exmarido en 1997 cambió para siempre la visión de la violencia machista en la sociedad española. Una sociedad donde el sketch de Martes y 13 "Mi marido me pega" ya no era tolerable.
Estos últimos años, muchos colectivos médicos y farmacéuticos han movido ficha con respecto a las pseudoterapias. Los colegios profesionales han eliminado grupos o comisiones dedicados a estas terapias de eficacia no probada, han criticado abiertamente a las pseudomedicinas en manifiestos o declaraciones públicas institucionales. Ya no es cosa de cuatro gatos combativos.

Gracias al llamamiento de la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas y hasta el momento, más de 1.200 médicos y científicos han firmado una carta para solicitar a la ministra de Sanidad que actúe contra ellas porque “matan”. Por otro lado, en las universidades, se han retirado multitud de títulos propios y cursos sobre pseudomedicinas. Desde la política, Pedro Duque, Carmen Montón y la actual ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, han sido, históricamente, los políticos que más repulsa han mostrado a las pseudoterapias en España. De hecho, antes de su dimisión, la exministra Montón planeaba solicitar a Europa que dejase de considerar medicamento a la homeopatía. Por otro lado, se han creado iniciativas conjuntas de profesionales sanitarios, representantes de asociaciones de pacientes y periodistas como Salud sin bulos para atajar la desinformación que da alas a las pseudoterapias. 

Desde los medios de comunicación, están proliferando iniciativas periodísticas con fines similares como Maldita Ciencia y, en la actualidad, prácticamente cualquier periódico o medio de comunicación mínimamente riguroso toca las pseudoterapias con una perspectiva científica y no con una falsa equidistancia entre defensores y detractores. Aún no hemos llegado a una tolerancia cero frente a las pseudoterapias, basta salir a la calle o entrar a la farmacia para comprobar que siguen muy presentes. Queda mucho por hacer, pero la tibieza y permisividad de hace años se está transformando en una repulsa colectiva que, a partir de cierta masa crítica, podría cambiar la legislación y proteger a los enfermos que son víctimas de estas terapias fraudulentas. La repulsa creciente a la violencia de género consiguió una reforma progresiva de las leyes para proteger más a las mujeres víctimas de sus parejas. Los próximos años nos dirán hasta dónde podremos llegar: si es el principio de un cambio permanente de la percepción de las pseudoterapias entre los españoles o es sólo una transitoria y combativa reacción contra ella.



Gracias a eldiario.es y Esther Samper (amiga)

miércoles, 11 de julio de 2018

Ensayos Clínicos en..."objetos perdidos" / Ether Samper

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"En un mundo ideal, lógico, racional y sin intereses egoístas, todo ensayo clínico realizado debería publicarse para que tanto los médicos, como los científicos y los voluntarios que se han arriesgado a participar en esos ensayos supieran los detalles de ese tratamiento experimental"




Ver:
Mas de Esther Samper en PHARMACOSERÍAS


Las personas que participan en los ensayos clínicos son voluntarias y reciben un mayor o menor incentivo económico dependiendo de las molestias causadas por estos ensayos (transporte, estancia en hospital, pruebas...). Dependiendo también de la fase del ensayo o del tratamiento a evaluar, pueden ser personas sanas o afectadas por una determinada enfermedad. Además, un requisito indispensable para su participación en los ensayos es la lectura de un consentimiento informado en la que se explican los riesgos de participar. Lo normal es que los efectos adversos, de darse, no sean serios pero, dado que se tratan de tratamientos experimentales, no existen garantías al 100% y los voluntarios deben ser conscientes del riesgo que supone participar.

En un mundo ideal, lógico, racional y sin intereses egoístas, todo ensayo clínico realizado debería publicarse para que tanto los médicos, como los científicos y los voluntarios que se han arriesgado a participar en esos ensayos supieran los detalles de ese tratamiento experimental, independientemente de si resulta ser un éxito o un fracaso. Desafortunadamente, la realidad dista de ser tan amable y los resultados de un importante porcentaje de los ensayos clínicos realizados nunca han llegado a ver la luz, olvidados en los cajones o en los discos duros de los responsables de su realización. No estaban forzados a publicarlos. Hasta hace pocos años, la legislación en lugares como Estados Unidos o Europa no obligaba a la publicación de los ensayos clínicos finalizados, solo al envío de estos resultados a las agencias de medicamentos competentes.

¿Cuál es exactamente la magnitud de este fenómeno? Es muy difícil arrojar cifras exactas, pues es complicado detectar y cuantificar aquello que queda oculto. Sin embargo, diversos estudios, basándose en bases de datos públicas de ensayos clínicos como Clinicaltrials.gov han cuantificado que alrededor de un 25%-50% de los ensayos clínicos realizados no llegan a publicarse. Es decir, tras enormes cantidades de dinero invertido, numerosas horas de trabajo del personal sanitario involucrado y multitud de pacientes poniéndose en riesgo, los resultados de estas pruebas se quedan en el cajón, ocultas a la comunidad médica y a los pacientes. Según los cálculos, esto supone que cientos de miles de personas se han arriesgado a participar en ensayos clínicos cuyos resultados siguen siendo hoy un secreto.

Aunque este fenómeno influye de forma sutil en la práctica diaria de la medicina, sus consecuencias son graves y se dan a múltiples niveles. Por un lado, los investigadores, que no son conscientes de determinados ensayos clínicos realizados (por la sencilla razón de que no han sido publicados) pueden repetirlos inútilmente, sin saberlo, con todo lo que ello supone: un derroche de recursos y someter a los voluntarios a un riesgo innecesario. Además, dado que los ensayos clínicos que no suelen publicarse son los que tienen resultados negativos (por motivos obvios), se crea un peligroso sesgo de publicación que sobrestima el valor de los tratamientos y minimiza sus efectos adversos. De hecho, se sabe que los ensayos clínicos positivos tienen el doble de posibilidades de publicarse que aquellos con resultados negativos.


Preguntado al respecto, Ben Goldacre, médico, escritor científico y fundador de las campañas internacionales AllTrials y OpenTrials, dirigidas a exigir transparencia a los ensayos clínicos, es crítico al respecto: 

Ver:
Todo sobre AllTrials en PHARMACOSERÍAS

Los ensayos clínicos no son experimentos científicos abstractos para que los investigadores los lean con interés. Usamos esta información para comprender qué tratamientos funcionan mejor. No podemos hacer elecciones informadas sobre qué tratamientos usar cuando, de rutina, los resultados de los ensayos clínicos están todavía siendo apartados legalmente de los médicos, los investigadores y los pacientes”.

(...)

Establecer leyes para obligar a publicar los ensayos clínicos fue un buen primer paso, pero aún queda otro importante:

Vigilar y sancionar activamente a aquellos que lo incumplen. Una ley sin castigo es una invitación a la impunidad. 

Como comenta el doctor Goldacre: “Necesitamos legisladores que hagan cumplir la ley, la expandan y exijan la publicación de todos los resultados de todos los ensayos clínicos en los 12 meses tras su finalización. También necesitamos que los legisladores, los servicios médicos y las instituciones muestren a la luz los ensayos realizados en el pasado. No se debería permitir la realización de más ensayos, con más pacientes voluntarios, a un investigador o una empresa que retuviera los resultados de ensayos previos, hasta que informaran de todos los resultados de todos los ensayos que han concluido". (Más)

miércoles, 15 de agosto de 2018

BAYER: Herencias "tóxicas"...

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AFP 10 de agosto 2018

Un jurado de San Francisco (EE. UU.) ordenó este viernes al gigante agroindustrial Monsanto pagar a un granjero casi 289 millones de dólares en daños por no advertir que el glifosato que contenían sus herbicidas era cancerígeno.

El grupo encontró que la compañía -que prometió que apelará- actuó con "malicia" y que su herbicida Roundup, y su versión profesional RangerPro, contribuyeron "sustancialmente" a la enfermedad terminal de Dewayne Johnson.

Tras ocho semanas en corte, el jurado ordenó a la compañía a pagar 250 millones en daños punitivos con daños compensatorios y otros costos, llevando el total a casi 290 millones de dólares.

A sus 46 años, Johnson sufre de un linfoma incurable no hodgkiniano, que él atribuye al hecho de haber rociado, durante su trabajo en una escuela entre 2012 y 2014, con RoundUp y RangerPro.

Es la primera vez que Monsanto, adquirido por la alemana Bayer, se encuentra sobre el banquillo de los acusados por los potenciales efectos cancerígenos de estos productos que contienen glifosato, una controvertida sustancia. Y expertos coinciden que el veredicto puede abrir la puerta a centenares de nuevas demandas.

El caso se basó en las conclusiones del Centro Internacional de Investigación del Cáncer, un organismo de la OMS, que desde 2015 catalogó al glifosato como "probablemente cancerígeno". Monsanto siempre negó cualquier conexión entre el cáncer y el glifosato. (Ver)


¿Qué pasaría si siguiéramos la lógica judicial de la reciente sentencia del glifosato? 

Pues que los afectados por ciertos tipos de cáncer podrían ir a los tribunales exigiendo responsabilidades legales a multitud de empresas por no advertir correctamente del riesgo de sus productos, también incluidos en el grupo 2A. 
Así, por ejemplo, podríamos denunciar a las freidoras, porque se producen moléculas sospechosas de producir cáncer, como la acrilamida, al freír el aceite a elevadas temperaturas. A su vez, los peluqueros podrían denunciar a las empresas productoras de ciertos tipos de tintes de pelo, pues contienen compuestos también sospechosos de inducir cáncer. También podríamos denunciar a las empresas que nos venden carne roja, jamón, chorizo y otro tipo de embutidos, pues se sospecha que su consumo se asocia con ciertos tipos de cáncer. Si tienen un trabajo que implica un cambio de turnos frecuente, sepan que también podrían denunciar a su empleador, pues se sospecha que trastocar los ritmos circadianos incrementa el riesgo de cáncer. Incluso si son bebedores de mate caliente, también podrían tener la ocasión de denunciar a las empresas que lo venden, pues se sospecha que es también un probable carcinógeno... 
Ah, como pueden ver, cuando el sentido común desaparece de la justicia, las posibilidades de juicios interminables son infinitas. Eso, o habrá que empezar a poner etiquetas y avisos por doquier alertando sobre cualquier posible peligro sanitario... para curarse en salud y prevenir amenazas multimillonarias.



Tomé "prestado" de Zona Crítica/Esther Samper (amiga)

miércoles, 1 de diciembre de 2021

Las farmacéuticas sin ánimo de lucro existen...Esther Samper


 

El cristal con el que se mira a las enfermedades es muy diferente según quién sea el observador. Para un paciente, cuestiones como si la dolencia será grave o leve, crónica o pasajera, incurable o curable, resultan vitales para su proyecto de vida. Para la industria farmacéutica, las enfermedades se dividen principalmente en rentables o no rentables. A partir de esta clasificación fundamental se dirigen las inversiones y los esfuerzos de las farmacéuticas para investigar, desarrollar y comercializar fármacos.

Nadie espera que las farmacéuticas actúen como hermanitas de la caridad en el terreno sanitario. Son empresas, al fin y al cabo, y su fin principal es ganar dinero. Y lo hacen muy bien, de hecho: el ámbito farmacéutico es uno de los sectores económicos más lucrativos. Los márgenes de beneficios de las grandes empresas farmacéuticas son muy superiores a la absoluta mayoría de las diversas empresas que cotizan en bolsa.

Ver

Por supuesto, los laboratorios farmacéuticos tienen todo el derecho del mundo a cosechar beneficios millonarios. El problema llega cuando el afán de lucro va en contra del bien común. Un ejemplo clásico es el desarrollo de nuevos antibióticos. La limitada rentabilidad que ofrecen este tipo de fármacos contra infecciones pasajeras, en comparación con aquellos dirigidos a tratar enfermedades crónicas, ha sido un factor clave. Principalmente para que casi todas las grandes farmacéuticas en las últimas décadas hayan abandonado la investigación en antibióticos en un momento u otro.


Y más si tenemos en cuenta que las resistencias a antibióticos se presentan, en el futuro próximo, como una de las grandes amenazas para la salud de la población mundial (la OMS estima que podría ser la primera causa de muerte para 2050). Con esto está claro que el conflicto entre rentabilidad farmacéutica y bien común tiene claras consecuencias sobre todos nosotros.

Desafortunadamente, en ocasiones, lo que es mejor para la salud financiera de las empresas no tiene por qué coincidir con lo que es mejor para la salud de los pacientes. Para atajar estos puntos conflictivos, gobiernos e instituciones públicas crean incentivos para que las farmacéuticas destinen esfuerzos y dinero en aquellos ámbitos sanitarios menos rentables. 


Un ejemplo de ello es la consideración de medicamentos “huérfanos” a fármacos de interés en salud pública, pero que no se investigan o comercializan porque carecen de un claro potencial lucrativo al dirigirse a enfermedades raras o a dolencias típicas de vías en desarrollo.

Las farmacéuticas que se implican en medicamentos huérfanos tienen diversas ventajas según la región del planeta como desgravaciones fiscales, financiación pública de las investigaciones, exclusividad de la comercialización, procedimientos más rápidos en la aprobación del fármaco... En España, además, los medicamentos huérfanos quedan exonerados del sistema de control de precios. 

Más allá de lo anterior, han ido surgiendo con el tiempo diferentes iniciativas farmacéuticas sin ánimo de lucro en diferentes lugares del mundo que han conseguido beneficiar a los pacientes que habían quedado olvidados por el sector farmacéutico convencional. Iniciativas que demuestran que se pueden hacer las cosas de otra manera en el sector de los medicamentos, con los pacientes como prioridad.

Más

miércoles, 24 de abril de 2013

Demasiada medicina / Esther Samper



Fernando Comas: Enfermo luego existo/Atlántica XXII, marzo 2009

Carlos Ponte/Atlantica XXII, marzo 2009

Existe un chascarrillo interno en medicina que dice "No existen sujetos sanos, simplemente no han sido lo suficientemente estudiados". La realidad tras esta frase es peligrosa y se trata de que conforme más pruebas diagnósticas reciba una persona (analíticas sanguíneas, radiografías, TACs, marcadores tumorales...) más probabilidades hay de encontrar algo que haga que consideremos a una persona, que hasta entonces estaba sana, en enferma (o incluso pre-enferma). 



El límite entre la salud y la enfermedad es un concepto muy difuso y difícil de definir, que no sólo depende de la medicina sino también de la sociedad. Este límite, por tanto, está en constante evolución. El problema llega cuando este límite va estrechando cada vez más el cerco a la salud y la enfermedad lo abarca casi todo. ¿La razón? Una vorágine medicalizadora en el que participan conjuntamente médicos, empresas con intereses en sanidad, pacientes y sociedad, ya sea de forma consciente o inconsciente.

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La prestigiosa revista científica British Medical Journal (BMJ) lanza una campaña informativa contra uno de los problemas más acuciantes en la sanidad de muchos países desarrollados: el sobrediagnóstico y el sobretratamiento de los pacientes. Esta campaña llamada Too much medicine (demasiada medicina) busca principalmente concienciar a los profesionales sanitarios y a la población sobre los riesgos de hacer pruebas y tratamientos médicos cuando no están justificados, medicalizando así a la población sana e incrementando los costes sanitarios de forma significativa. (Más)

Slides: F.Comas 
Curso Postgrado Mktg. Farmacéutico
Fac. Farmacia Universidad Central de Vnzla. (UCV)

jueves, 15 de julio de 2010

I Congreso Blogosfera Sanitaria: José Bravo Castello en "consumidorex".


Pasados ya 30 días de la celebración del I Congreso de la Blogosfera Sanitaria (Madrid 14 de junio 2010) bueno es recordar. Que mejor con este excelente artículo que José Bravo, editor del blog Las mentiras de la industria farmacéutica, publica en Consumidorex (número 55, julio 2010).

Unos 200 blogueros, de los 300 que día a día nos muestran su particular visión del mundo sanitario en España participaron en el I Congreso de la Blogosfera Sanitaria, que tuvo lugar el pasado 14 de junio en Madrid, organizado por la Fundación Casal.

El Congreso tuvo un ritmo ágil e incluso, a veces, vertiginoso; a los casi 200 asistentes, entre ellos varios profesionales del SES, se sumaron numerosos internautas conectados en directo para deleite de los congresistas, al mostrarse en el muro detrás de los ponentes todos sus comentarios. Memorables fueron las aportaciones durante la intervención del representante de
MSD.
Participaron en este primer encuentro algunos de los referentes de los blogs sanitarios, como El supositorio, de Vicente Baos, El Rincón Docente de Medicina de Familia de Luis Lozano, Salud Comunitaria, de Rafa Cofiño; El Blog de la doctora Jomeini, de Ana Gonzalez Duque, la revista de información sanitaria e-Ras, Medtempus, de Esther Samper, La pella de gofio del doctor Bonis, de Julio Bonis, Juliomayolmd, de Julio Mayol, Primun non noncere, de Rafael Bravo, Pharmacoserias de Fernando Comas o Salud y otras cosas de comer de Enrique Gavilán y Antonio Villafaina. Muchos blogueros pasaron ese dia de la virtualidad a la realidad, generando expectación y cierta ansiedad en los asistentes.



El foro reflejó el incierto presente en que nos movemos , en el que profesionales y usuarios adquieren un nuevo protagonismo a raiz del acceso a información a través de la red, haciendo cada vez más real la Salud Comunitaria.

.../...

La posibilidad de informar está restringida a los gurús de nuestra sociedad, a las estructuras de poder establecido, y con la llegada de internet la fluidez de la información, la opinión, el debate, generan un cambio en los valores y las referencias.
El universo de la información en la red es una realidad con la que nos enfrentamos a diario: los buscadores o los blogs son una fuente de información adicional que ayuda al paciente a resolver dudas y manejar su enfermedad antes de su visita al centro o después de salir de la consulta. Esto ya plantea un antes y un después en la relación medico-paciente.