viernes, 17 de septiembre de 2021

Ratón de biblioteca: Wakolda / Lucia Puenzo



Las peores catástrofes siempre empiezan así: sin que uno las vea venir.” 

José, un alemán que dice que es veterinario y antropólogo, perpetuo fugitivo, obsesionado con la pureza de la sangre y los genes, mastica esta sentencia retrospectiva. La clave para sobrevivir está en evaporarse sin dejar rastros. En eso anda, escapando de los sabuesos del Mossad, en el verano de 1960, cuando en el camino a Bariloche se cruza con Lilith –rubia, blanca y de ojos claros–, una nena de doce años que, por su pequeño tamaño, sin llegar a ser una enana, parece de ocho o nueve. Desde su metro treinta de altura, ella lo enfrenta con desparpajo. El encantamiento –aterrador por donde se lo mire– es mutuo: el desconocido le inspira confianza. Y la seduce con sus modales. No es la primera vez que un “espécimen monstruoso” –admite José al radiografiar a la criatura–- lo excita de esa forma. 

El lector sabe en las primeras páginas de Wakolda, la última novela de Lucía Puenzo, que José es nada menos que Josef Mengele, apodado “el ángel de la muerte”. La cortesía de José subyuga a la madre de Lilith, embarazada de gemelas. Con los cazadores de nazis mordiéndole los talones, a Mengele le conviene ocultarse en la hostería que la familia deberá administrar. Dispone del dinero suficiente para pagar una habitación y financiar la fabricación de muñecas junto al padre de Lilith; además de un apabullante andamiaje de conocimientos científicos que le permitirán, a pesar de la reticencia inicial, someter a la nena a un tratamiento a base de inyecciones con hormonas de crecimiento.

Puenzo escribió el primer capítulo de la novela sin saber hacia dónde se dirigía con la trama. En muchos libros históricos leyó que el genocida nazi había convivido con una familia argentina en el Sur, pero no se sabía en qué situación. “Hay diferentes versiones sobre cuándo Mengele estuvo en Bariloche; algunos dicen que fue con su mujer, pero no en el momento en que lo empezó a buscar el Mossad –explica Puenzo–. Lo que me dijeron diferentes historiadores fue que ése es el período más misterioso de Mengele acá, porque se le perdió un poco la pista y no se sabe bien qué pasó. Y hubo otro dato, que a mí me dio el hilo por dónde escribir: él estuvo en contacto con la manufactura de muñecas; en algunos libros dicen que trabajó en una juguetería, en otros que hizo muñecas. Como no se sabe bien, me pareció que era un terreno para hacer ficción. Mengele haciendo muñecas era la cima de la perversión, ¿no? Cómo puede ocurrir que un tipo que se pasó décadas tratando de modelar genéticamente a una nación, después decida trabajar con muñecas. Este fue el punto de arranque.”


La medicina dispara hacia el pasado y hacia el futuro. Hacia el futuro con la exploración de la genética y cómo se traduce en el presente. Lo que ocurre hoy con los médicos, en relación con la genética, es que los pone en un lugar casi divino de decidir las técnicas de fertilización asistida y transformarse en algo así como en dioses. Ya en los ’60, cuando empezaron a trabajar con las hormonas de crecimiento, entramos en un terreno hipercomplejo, que es la ética médica. Y también dispara hacia el pasado porque los médicos, en cierto sentido, se conectan con los chamanes del mundo premoderno, cuando la medicina estaba relacionada con cuestiones mágicas y la gente creía en el poder de la persona para sanar. En el caso de Mengele, cuando un médico encarna el lugar de alguien que puede matar, se genera un cortocircuito, porque uno tiene asociado al chamán, al mago de la tribu, al médico, como alguien que te va a curar y que nunca te va a dañar. Hace poco me mandaron un documental muy interesante de un psiquiatra norteamericano que entrevistó a todos los médicos que tuvieron algún tipo de complicidad con el nazismo y que trabajaron en los campos de concentración. Lo que a él le interesa estudiar fue cómo esos médicos llegaron a matar, cómo se produjo ese salto que consistió en transformar a médicos en asesinos. (Más)

 Ver también:

Cinema Paradiso: Wakolda El médico alemán / Lucia Puenzo

 

jueves, 16 de septiembre de 2021

XELJANZ: Pfizer vs Teva Disputan por patente


 

_Pfizer and Teva Pharmaceutical  have agreed to settle a patent dispute linked to the rheumatoid arthritis therapy Xeljanz, Bloomberg reports.

_No details were given on the stipulation of dismissal, which was filed on Tuesday and is yet to be approved in federal court in Wilmington, Delaware.



_Pfizer  has claimed that Teva’s  proposed generic version of 11-milligram Xeljanz XR violated its patents on the drug.

_In January, the company also challenged Aurobindo Pharma’s plans to introduce generic versions of Xeljanz (tofacitinib), arguing that 5- and 10-mg tablets infringed two patents. That case is also pending in Delaware.

_Xeljanz generated ~$2.4B in sales for Pfizer in 2020, up from ~$2.2B in the previous year.

_However, the treatment belonging to the class of drugs called Janus kinase (JAK) inhibitors is plagued by safety concerns.

Ver

miércoles, 15 de septiembre de 2021

What’s in a name? : Comirnaty

 


Marketing and communications pros react to Pfizer branding its COVID-19 vaccine as Comirnaty.

When the Food and Drug Administration fully approved the Pfizer-BioNTech vaccine earlier this week, the company was quick to roll out its new brand name: Comirnaty. But whether that moniker will eventually capture the public’s imagination — or whether it will forever be known as “the Pfizer vaccine” — is anyone’s guess, marketing and communications pros said.

Carly Kuper, SVP of public relations and corporate communications at CMI Media Group, characterized the situation as “a first. I honestly can’t think of a time that there was a medication coming out when so many people knew about it before it received full approval. So this is truly new territory.”

Pfizer first unveiled the name Comirnaty some nine months ago. In a December 2020 press release, Pfizer noted that it was envisioned as a combination of several different words. “Co” refers to COVID-19, “mirna” to its status as the first authorized messenger RNA (mRNA) vaccine, and “ty” to the notion of community.

The name, then, is intended to evoke a sense of unity around the vaccine, as well as to nod to the industry’s historic achievement in developing a vaccine so quickly.

I don’t know if this is intentional or not, but the ending of the name sort of sounds like the ending of ‘humanity,’” Kuper said. “And this being such an important vaccine truly touching all of humanity, that was pretty serendipitous that it has that kind of ending.


Comirnaty
isn’t the only new brand name generating buzz, whether positive or negative. 

The Moderna vaccine has been dubbed “Spikevax,” which suggests a different sentiment.

Up until now, of course, the vaccines have been known as the “Pfizer shot” or “Moderna shot.” That tight association to the broader corporate brand could itself boost the companies’ reputations.

Their one branding challenge, which isn’t necessarily a bad challenge, is that everyone knows it as the Pfizer vaccine,” Kuper said. “It’s very likely that, until the end of time, people may still continue calling it the Pfizer vaccine. That’s not necessarily a bad thing.

I do think This was the first time that branding had to be done in this out-of-order way. So for brand nerds, it will be really interesting to see what becomes of it,” Kuper continued.

Ultimately, whether names like Comirnaty or Spikevax will stick isn’t as important as the thinking behind the new branding, according to Klick Health SVP for policy and advocacy David Bowen.

The trade name Comirnaty is really important not because of the specifics of this particular name, but because of what it denotes,” Bowen explained.It denotes that this vaccine has now gone through the full FDA review process.

In other words, it signifies an established sense of legitimacy that, Bowen hopes, will help boost vaccine confidence within certain pockets of the vaccine-hesitant population.

If you look at the data about why people are hesitant to take vaccines, there are a range of feelings, but one of them was, ‘Oh, it hasn’t gone through proper review.’ Another was ‘it was rushed through review, I don’t really trust it,’” Bowen said. “If you think about vaccine hesitancy as a wall, this maybe knocks out one or two bricks in that wall — and every time you knock out a brick in that wall, that’s a service to public health. So I think it’s a big deal because it helps people have just a bit more confidence in the process.

domingo, 12 de septiembre de 2021

La «música» del cólera de la que escribió Galdós / Jorge Vilches


 

El virus asolaba España. La Prensa lo había bautizado como «el huésped del Ganges» porque llegó de la India. Lo habían portado viajeros y comerciantes. Medio mundo moría en aquel año 1885 por aquella nueva pandemia de cólera, desde Oriente hasta el Atlántico. No era igual que la que había diezmado la población veinte años antes. Tampoco la sociedad era la misma. Ya no se oía en España que era una maldición divina por haber reconocido al reino de Italia, unificado sobre los restos de los Estados Pontificios. Sin embargo, sí circulaban teorías darwinistas: era una medida de la Naturaleza para eliminar a los más débiles.

Aquel año 1885, el ministro de la Gobernación, Romero Robledo, se limitó a ordenar cuarentenas para contener el cólera. Cerró ciudades y comercios, y se encomendó al tiempo y al fomento de la higiene. El miedo y la ira, la superstición y la negligencia, ofrecían a un genio como Benito Pérez Galdós material suficiente para retratar a la sociedad española. No había vivido la primera epidemia de cólera, la de 1834 y 1835, que se saldó con el triste episodio del asesinato de frailes en Madrid, y que el escritor canario reflejó en su obra «Un faccioso más y algunos frailes menos» de 1879, seis años antes de pandemia del «huésped del Ganges».

Sonidos de un susto


Sin embargo, Galdós sí vivió en Madrid la que asoló la capital en 1865, y luego la que tuvo lugar veinte años después, por eso dijo que «sería un gran consuelo para la Humanidad si la historia no nos enseñase que tras el acabamiento de una peste viene la aparición de otra». 

Respecto a la primera, Galdós quiso dejar su impronta. Se inspiró en los sonidos de un Madrid asustado para su cuento «Una industria que vive de la muerte; episodio musical del cólera», publicado en La Nación en diciembre de 1865. Es la historia de un fabricante de ataúdes, y del sonido que hacía al martillear clavos. El hombre se enriquecía a costa de la epidemia. Al extinguirse el cólera, el fabricante se lamentaba. Mientras construía el último ataúd, el más lujoso, su «obra maestra», sintió fiebre, náuseas, frío y mareos. Cayó desplomado. «El horrible martillo calló» para siempre. «¿Qué ha pasado?», preguntó un curioso. «Nada de particular. Le ha dado el cólera al fabricante de ataúdes», contestó otro. El industrioso fue depositado en su «obra maestra». El féretro cruzó el barrio, y el pueblo exclamaba alegre: «Ahí va el último caso». «Aquel hombre era la personificación del cólera –escribió Galdós–, y el cólera había muerto. Justo era que los vivos se alegraran».

Cuando llegó la segunda oleada, el canario tenía 43 años. Estaba en el esplendor de su carrera, y escribió un monumental testimonio de la epidemia con el título «Cronicón (1883-1886)». La epidemia causaba una «psicosis generalizada de miedo», escribía, llevando la memoria del pueblo a la peste medieval. La gente creía que el virus entraba «con el aire, con el sol y con el polvo de la calle». «No como –decía un personaje galdosiano–, por miedo a que entre en mi cuerpo con la comida». El pánico llevaba a los desesperados a escuchar a los charlatanes y curanderos que anunciaban remedios milagrosos que acabarían con el «microbio» en «menos que canta un gallo». Tampoco la ciencia médica se aclaraba. 

 


Un alemán, el doctor Koch, que había estudiado el cólera en Alejandría e India, recomendaba desinfectantes, lo que era criticado por un francés, el doctor Pasteur. Una eminencia «cuyo nombre no recuerdo», decía Galdós, aseguraba que el cólera era un «incalculable beneficio» porque descargaba a la Humanidad de los «individuos débiles y raquíticos, y de los ancianos y valetudinarios».

En España los debates científicos eran interminables. El doctor Letamendi, reputado profesor del Colegio de Medicina de San Carlos, dijo, tras muchos experimentos, que no había manera de acabar con el virus. Sin embargo, el doctor Olavide, del Hospital San Juan de Dios, concluía que con sus «sustancias diversas», el azafrán entre ellas, los virus «a los cinco minutos, todos muertos». En medio de tal incertidumbre, «lo mejor es que no venga por acá», sentenciaba el canario. Pero el virus llegó. 

Más

sábado, 11 de septiembre de 2021

Pandemia y Periodismo Sanitario

“El periodismo sanitario está muy alicaído, estaba en una época en la que tenía muy poco peso. La pandemia lo ha devuelto al primer nivel y espero que esto se mantenga y se aprenda de los errores del pasado que hicieron que perdiera la relevancia que llegó a tener. Desde luego debería tener más presencia en todos los medios de comunicación” 

 Sergio Alonso.

 


El reciente tsunami que ha supuesto a nivel planetario la pandemia de la Covid-19 deja tras de sí cambios irreversibles que marcan un antes y un después en la sociedad del siglo XXI. 


La acción súbita, letal e intensiva de este minúsculo virus ha superado los trágicos efectos de la crisis económica de 2008 o la Gran Depresión de 1929, y su impronta social nos sitúa ante un escenario cuyas consecuencias aún no somos capaces de atisbar.

Muchos son los sectores que han visto frenadas en seco sus inversiones con derivaciones que trascienden las pérdidas millonarias o los despidos masivos, aún reprimidos gracias a los expedientes temporales de regulación de empleo. Destacan la hostelería y el turismo, el transporte, el comercio minorista, la construcción o la industria. También el negocio de la comunicación, severamente perjudicado por el descenso en la inversión publicitaria: según el último informe de TREND SCORE España, el gasto de los anunciantes cayó al cierre de 2020 un 32 % en prensa y revistas, un 26,2 % en radio y un 25,3 % en televisión, con unas previsiones para 2021 no tan acusadas, pero sí de inercia descendente.

En su conjunto, la crisis sanitaria ha lastrado la industria de la comunicación con pérdidas de 2 100 millones de euros en capitalización bursátil por el desplome de la publicidad, y sus consecuencias resultan evidentes: ninguno de los grandes grupos de medios españoles figura ya en el IBEX 35. 


Su devaluación económica es catastrófica: acciones y beneficios se han derrumbado en los casos de Atresmedia (ha perdido el 37 % de su valor), Mediaset (la caída ha sido del 21,4 %) o PRISA (desciende un alarmante 71,6%).

Paradójicamente, y pese a tan desalentadoras cifras, la comunicación se ha fortalecido y multiplicado, expandido y reinventado, ha llegado a más rincones del planeta que nunca. Se han detenido las economías, pero la comunicación ha viajado como nunca a través de todos y cada uno de los canales posibles: ha conectado a las personas y combatido una epidemia global que nos obligó a recluirnos como nunca en nuestra historia reciente.


El periodismo y la comunicación se reinventan con la crisis sanitaria 

Ana Pérez Escoda, Universidad Nebrija 27 julio 2021