domingo, 20 de junio de 2021

La vacuna...en bable /Joaquín María Fernández Álvarez

 

“La vacuna”. 

 “El médicu d’un llugar/

dio un avisu á los vecinos/

pa que á tos los rapacinos/ 

traxeren á vacunar.// 

Conociendo la iznorancia/ 

que reinaba entre la xente /

explicoyos llargamente/

la vacuna y su emportancia.//

Pa convencelos meyor /

dixoyos: hay que fixase / 

la orden de vacunase/ 

vino del gobernaor;/ 

órdenes que hay que atendeles, /

siempre sin falta denguna, /

tou el que no se vacuna /

pué morrer de les virueles”.

 

La filosofía, la poesía, la música, la prehistoria y la arqueología eran algunas de las pasiones de Joaquín María Fernández Álvarez, médico de Ribadedeva a principios del siglo XX. Todas las desarrolló con esmero, especialmente su amor por los versos. Y, al margen del que supuso el ejercicio de su profesión, dejó como legado algunas composiciones literarias. Hace tan solo unos meses, su nieto Ovidio y su bisnieta María Luisa descubrían uno de sus manuscritos, un poema en clave irónica, en asturiano, que lleva por título “La vacuna”. 

Son los primeros versos que el facultativo escribió para animar a la inmunización contra la viruela, una campaña desarrollada en la época y en la que él mismo participó.

 


Nacido en 1874 en el Palacio de la Cogolla de Nava, Joaquín María Fernández estudió medicina entre Santiago de Compostela y Valladolid, terminando por obtener la especialidad en Ginecología en Madrid, donde fue ayudante del médico de la reina consorte María Cristina. Fue en la capital donde nació el primero de sus hijos, aunque tras pocos años allí, la familia volvió a Asturias para instalarse en Colombres.

sábado, 19 de junio de 2021

COVID19: Sombras de sospecha sobre Wuhan (II)

 


Ver anterior:

Sombras de sospecha sobre Wuhan (I)

 

MAITE RICO Los misterios de Wuhan 

El Mundo 16.5.2021

Año y medio después de las primeras noticias sobre extrañas neumonías en Wuhan, y por inaudito que resulte, seguimos sin conocer cuál es el origen del virus que ha devastado la economía mundial y ha matado ya a 3,3 millones de personas. En anteriores epidemias de coronavirus, los científicos hallaron rápidamente la evidencia del salto del virus desde el murciélago al hombre a través de civetas (SARS-1) y camellos (MERS). En el caso del SARS-2, nadie ha encontrado aún ni el animal reservorio ni el huésped.


Por eso cada vez más científicos exigen una investigación rigurosa, que incluya la hipótesis de una fuga accidental en el Instituto de Virología de Wuhan, especializado en coronavirus. 

Si en marzo se pronunció el llamado Grupo de París, el viernes lo hacía otro conjunto de expertos en la revista Science. Ambas hipótesis (el origen natural, o zoonosis, y un accidente en el laboratorio) son plausibles, dicen, pero mientras la primera se ha estudiado a fondo, el Gobierno chino impide examinar la segunda. Es necesario, además, que se investigue bajo un supervisor independiente para evitar conflictos de intereses. ¿Por qué? 

Las claves las aporta Nicholas Wade en un artículo en la plataforma Medium. Wade, científico británico dedicado la divulgación en Science y en The New York Times, reúne las pistas conocidas y el resultado es espeluznante. Cada vez más indicios apuntan al laboratorio de Wuhan. No solo por las peculiares características bioquímicas del virus. En Wuhan, la doctora Shi Zheng-li manipulaba genéticamente coronavirus de murciélago para estudiar su potencial para atacar células humanas. En 2015 crearon un virus, el SHC014-CoV/SARS1, que encajaría como el prototipo del actual SARS-2.

¿Cómo se sabe todo esto? Pues porque la doctora Shi recibe ayuda de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, que hacen públicas las memorias de las investigaciones que financian. Gracias a eso se sabe además que el laboratorio de Wuhan trabajaba con un deficiente nivel de seguridad.


Y que el intermediario para la entrega de las ayudas era Peter Daszak, integrante de las misiones de la OMS en China y virulento defensor de la hipótesis de la zoonosis.

El artículo de Wade abre un trasfondo tan sombrío como fascinante, que implica no solo al régimen chino, sino también a la comunidad científica, al corporativismo gremial y los límites de la ciencia… 

De momento, urge que se obligue a China a abrir los archivos de Wuhan. Para que todas las hipótesis puedan investigarse y evitar que esta tragedia se repita.

viernes, 18 de junio de 2021

Cinema Paradiso: New Amsterdam



 

 

 

 

 

New Amsterdam es una serie de televisión estadounidense de drama médico. Se estrenó el 25 de septiembre de 2018 en NBC. 

La serie está inspirada en la obra literaria “Doce pacientes: vida y muerte en el Hospital Bellevue”, un libro escrito por el Dr. Eric Manheimer, quien llegó a ser el director médico del Hospital Bellevue en Nueva York. Antes de salir al aire, el drama de NBC iba a llamarse “Bellevue”, tal como se le conoce al hospital en el cual fue inspirado. 


Max Goodwin (Ryan Eggold) ha sido designado como nuevo Director médico del llamado ‘’New Ámsterdam Hospital’’, el hospital público más antiguo de los Estados Unidos, (en la novela original es el histórico Bellevue Hospital). Desde su llegada, no tardará en tomar decisiones radicales para mejorar la atención a los pacientes -personas infectadas por el ébola, presidiarios y hasta el presidente de los EE. UU.- con la poca financiación con la que cuenta. Pero, Max guarda un secreto a sus compañeros: tiene cáncer.​ Mientras lidia con los problemas que surgen en el hospital, donde cuenta con la ayuda del resto del equipo, quiere recuperar a su mujer embarazada.


 

miércoles, 16 de junio de 2021

Aduhelm (Biogen): LOWN Institute vs FDA


 

BY Judith Garber | June 14, 2021

This week, the American Food and Drug Administration (FDA) approved a new treatment for Alzheimer’s disease for the first time in nearly two decades. The new drug aducanumab (brand name Aduhelm) was developed by Cambridge, MA pharmaceutical company Biogen and Japanese pharmaceutical company Eisai Co., Ltd. While certain patient advocacy groups such as the Alzheimer’s Association applauded the FDA’s decision, many other experts — including the FDA’s own advisory panel — were dismayed by the drug’s approval. Not only does was the approval of aducanumab based on a very low level of evidence, but the approval has significant implications for future drug trials, health system costs, patient safety, and conflicts of interest.

Ver:

FDA aprueba Aduhelm / Biogen, nuevo tratamiento para Alzheimer

The evidence behind the approval

 


The path to approval for aducanumab was anything but straightforward. In 2015, Biogen started two randomized controlled trials, called EMERGE and ENGAGE, to test the effectiveness and safety of aducanumab. At an interim look at the data in 2019, Biogen shut the trials down, declaring that the drug was not proving to be effective, and that further study would be “futile.” However, data continued to come in from trial participants, and a few months later, Biogen did a reanalysis and found that EMERGE was showing positive results for patients taking a high dose of aducanumab.

These kinds of subgroup and responder analyses should be used to generate hypotheses for further study, not to decide if a drug is safe and effective for treating people with Alzheimer’s disease.

Dr. Jason Karlawish, in StatNews

Experts were skeptical that this result was enough proof for Biogen to seek FDA approval. For one, the FDA generally requires two controlled trials to approve a new drug, and Biogen had positive results from only one trial. Second, although the trial results were statistically significant, it’s not clear that the results actually show clinical significance– that is, that the drug makes a noticeable difference to patients or their families. 


The primary endpoint of the trials was change on the Clinical Dementia Rating Scale (CDRS). The range for this scale is from 0-18, with a higher score indicating more severity of illness. Among those taking a high dose of aducanumab in the EMERGE trial, the average decrease on the scale was 0.39 points, according to the Institute for Clinical and Economic Review (ICER) report.


Given the negative results of ENGAGE (as well as the many previous negative trials of drugs that similarly target brain amyloid), the positive results of EMERGE may have been due to random chance as much as anything else. But even if the result is “real,” that doesn’t mean we should rush to approve the drug. 

In a recent StatNews op-ed, Dr. Jason Karlawish, professor of medicine at the University of Pennsylvania’s Perelman School of Medicine, argued that “these kinds of subgroup and responder analyses should be used to generate hypotheses for further study, not to decide if a drug is safe and effective for treating people with Alzheimer’s disease.

After looking at the evidence, the FDA’s own advisory panel voted overwhelmingly that the trials were not “primary evidence of effectiveness of aducanumab for the treatment of Alzheimer’s disease.” It’s not uncommon for the FDA to vote against the recommendation of its advisory panels, but this was the first time in many years that the FDA overruled such a decisive vote by a panel. Many of the panel members were shocked by the FDA’s approval of the drug, and as of June 11, three have resigned. Más

martes, 15 de junio de 2021

Creatividad: Mascarillas ahora que se van nos dejan...



 

Mascarillas de diseño en las farmacias. La Asociación Creadores de Moda de España (Acme) ha puesto en marcha un proyecto que llevará hasta los lineales de las farmacias una colección de diez mascarillas creadas por Juanjo Oliva, Maya Hansen, Ángel Schlesser, Duarte, Duyos y Pedro del Hierro. 

 Se trata de una colección de diez mascarillas reutilizables para hombre, mujer y niños, diseñadas exclusivamente para su venta en farmacias. Las mascarillas vienen acompañadas de su propia bolsa portamascarilla a juego. 

 Las mascarillas están compuestas de cinco capas: dos exteriores de tejido de punto antibacteriano, dos capas intermedias de poliéster y una capa interior de tejido liso 100% algodón. Cada una de las mascarillas admite hasta cuarenta lavados. 

 La firma Pedro del Hierro, propiedad de Tendam, ha diseñado un modelo de mascarilla para mujer de la mano de su director creativo Nacho Aguayo. “Para el desarrollo de esta mascarilla hemos querido rendir un homenaje a la moda en un momento en el que lo necesita más que nunca”, ha explicado el diseñador. 

El diseñador Juanjo Oliva, por su parte, ha creado un modelo para hombre basándose en las líneas de la sastrería tradicional. “Queríamos crear un diseño de mascarilla de aire retro, inspirado en los tejidos de la sastrería clásica para conseguir un accesorio funcional y contemporáneo”, ha indicado Oliva. 

Ángel Schlesser ha creado dos modelos de mascarilla infantil con mensaje positivo, obra del director creativo de la compañía, Juan Carlos Mesa. Duarte ha creado dos diseños para hombre y uno de mujer en los que la marca ha querido unir diseño y seguridad. 


Duyos firma un diseño de mascarilla infantil inspirado en el mundo del cómic. “Queríamos que los niños viesen el momento de usar mascarilla con alegría y diversión”, ha justificado el creador madrileño. 

Maya Hansen ha creado dos modelos: uno de mascarilla infantil recreando los estampados de su colección Blue Vendela. “Una propuesta que remite a los años 90, de inspiración marinera”, explica la diseñadora madrileña. Maya Hansen también ha diseñado un modelo de mascarilla para mujer, recuperando el clásico plumeti sobre fondo rosa palo, insignia de la casa.(Ver)

 

By Nono

Ver:

Todo sobre mascarillas en PHARMACOSERÍAS

domingo, 13 de junio de 2021

Dia Mundial del Medio Ambiente con...Venezuela


 

Llevo tu luz y tu aroma en mi piel

Y el cuatro en el corazón

Llevo en mi sangre la espuma del mar

Y tu horizonte en mis ojos

 

No envidio el vuelo ni el nido al turpial

Soy como el viento en la mies

Siento el caribe como a una mujer

Soy así, ¿qué voy a hacer?

 

Soy desierto, selva, nieve y volcán

Y el andar dejo una estela

Del rumor del llano en una canción

Que me desvela

 

La mujer que quiero tiene que ser

Corazón, fuego y espuelas

Con la piel tostada como una flor

De Venezuela.

 

Con tu paisaje y mis sueños me iré

Por esos mundos de Dios

Y tus recuerdos al atardecer

Me harán más corto el camino

 

Entre tus playas quedó mi niñez

Tendida al viento y al sol

Y esa nostalgia que sube a mi voz

Sin querer se hizo canción

 

De los montes quiero la inmensidad

Y del río la acuarela

Y de ti los hijos que sembrarán

Nuevas estrellas

 

Y si un día tengo que naufragar

Y el tifón rompe mis velas

Enterrad mi cuerpo cerca del mar

En Venezuela

sábado, 12 de junio de 2021

COVID19: Sombras de sospecha sobre Wuhan (I)

Ver anterior:

COVID19: Sombras de sospecha sobre Wuhan (0)

 

 

Mario Noya 

Coronavirus: lo 'natural' es pensar que fue una fuga (de laboratorio) 09.05.2021

 

Si usted es de los que piensan mal sobre el origen del coronavirus SARS-2, tiene toda la pinta de que va a acertar. Hágame caso y vaya apostándose cenas pantagruélicas, nada de pinchos de tortilla y caña como el conocido locutor, no muy espléndido que digamos.

El periodista especializado Nicholas Wade (Nature, Science, New York Times) se ha puesto a seguir las pistas, las ha escrudriñado, desmenuzado, contrastado, y finalmente ha llegado a la conclusión de que "la teoría del surgimiento natural tiene que hacer frente a una miríada de inverosimilitudes (implausibilities)" y de que, en cambio, hay fundadísimas razones para sostener que su origen no está en una oscura cueva de murciélagos del sur de China sino en un laboratorio de la lejana ciudad de Wuhan.

La investigación de Wade es clara, exhaustiva, ejemplar. Todo lo contrario de la pergeñada por China y patrocinada por la OMS, de la que ya dijimos que no aclaraba nada pero que descartaba que el SARS-2 fuera un virus de diseño. 


Pero luego lees a Mr. Wade y dices: cómo que no. De hecho lo más probable es que el SARS-2 sea un virus de diseño. Diseñado por el equipo de la doctora Shi Zhengli, también conocida como Bat Woman –no es broma–, en un laboratorio del Instituto Virológico de Wuhan (IVW).

No hay pruebas directas porque China ha decretado silencio total y no hay manera de acceder a los registros y archivos del IVW, pero los indicios apuntan con mira telescópica a que Bat Woman y su equipo jugaron con fuego, se quemaron y acabaron incendiando el mundo con la complicidad omisora del régimen comunista chino y de la mafia viróloga, que intoxicaron a modo a unos medios de comunicación ávidos de dejarse intoxicar –¡que se joda Trump!

¿Trató la batidoctora Shi de dar con una vacuna universal contra todos los coronavirus y se puso manos a la obra en un laboratorio que no reunía las mínimas condiciones de seguridad para experimentos de ese tipo? Bueno, es que de hecho la doctora Shi trabaja desde hace años con coronavirus, de hecho la doctora Shi ha creado coronavirus con anterioridad (al menos el quimérico SHC014-CoV, en 2015) y de hecho la doctora Shi ha recibido financiación para llevar adelante sus investigaciones… ¡incluso del mismísimo Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (INAEI) de Estados Unidos! 

La doctora Shi, por cierto, recibió los fondos useños por mediación del presidente de EcoHealth Alliance, doctor Peter Daszak, que tan tarde como diciembre de 2019 presumía de lo que se estaba haciendo en el IVW con coronavirus dopados capaces de infectar ratones humanizados.

Y ahora, tras seis o siete años [de trabajo], hemos hallado más de 100 nuevos coronavirus tipo SARS, muy próximos al SARS. Algunos han penetrado en células humanas en laboratorio, otros pueden causar la enfermedad del SARS en ratones humanizados (...) no son tratables con monoclonales terapéuticos y no puedes [protegerte] contra ellos con una vacuna. Así pues, son un peligro real y claro…

Este mismo Daszak que el 9 de diciembre de 2019 sabía que su financiada Bat Woman estaba jugando con el fuego más peligroso y que, lejos de dar la voz de alerta, fardaba de ello en entrevistas aún visibles fue quien, solo dos meses después, con la pandemia a punto de estragar el planeta, publicó con un hatajo de semejantes una carta en la revista Lancet, biblia de la divulgación científica, que más bien era una excusatio non petita, porque arremetía contra las "teorías conspiratorias que sugieren que el covid-19 no tiene un origen natural", cuando nadie hablaba de conspiraciones sino de los muy comunes accidentes de laboratorio.

"Uno sólo puede imaginar la reacción del doctor Daszak cuando oyó hablar de un brote epidémico en Wuhan sólo unos días después" de su entrevista decembrina, escribe Wade. "Él conocía mejor que nadie el objetivo del Instituto de Wuhan de conseguir coronavirus de murciélagos infecciosos para los humanos, y de la debilidad de las defensas del instituto ante la tesitura de que sus propios investigadores se infectaran".

Los trabajos de la doctora Shi subcontratada por el doctor Daszak eran tan peligrosos que sobre ellos pesaba una moratoria que habría impedido su financiación con dinero del contribuyente norteamericano… si no se les hubiera querido librar de ella a toda costa y esgrimiendo nada menos que razones de "salud pública o seguridad nacional". ¿Dejó hacer el director del INAEI para seguir teniendo acceso al IVW, que se supone está ligado al Ejército chino y desarrolla investigaciones relacionadas con la guerra biológica? Es una pregunta que se hace Wade y que no parece fuera de lugar.

Por cierto, el director del INAEI era y es el doctor Anthony Fauci, "el rostro más popular de EEUU", "la voz que no se puede silenciar", "el Fernando Simón que se atreve a contradecir a Trump: ‘es peligroso, pero es mi estilo’".

***

El SARS-2 es un beta-coronavirus, como sus presuntos hermanos causantes del SARS y del MERS. Pero, a diferencia de estos, no ha dejado trazas que permitan rastrear su origen natural. 


El SARS nos llevó (en sólo cuatro meses) de los murciélagos a las civetas y el MERS (en apenas nueve) de los murciélagos a los camellos. Del SARS-2, pasados dos años largos y con todo el mundo en vilo y volcado, ya no es que no sepamos nada del animal intermedio (pese a que China ha examinado más de 80.000): es que tampoco tenemos la menor idea de cuál fue la baticueva de Yunnan de la que podría haber salido… para viajar sin contagiar a nadie 1.500 kilómetros hasta la ciudad de Wuhan, sede de institutos virológicos como el IVW, con conocidos problemas de seguridad (el Departamento de Estado emitió una alerta al respecto en enero de 2018) y que en otoño de 2019 vio a varios de sus trabajadores caer enfermos de un extraño mal (¿podría ser este el primer clúster de víctimas del covid-19? Eso piensa el exconsultor del Departamento de Estado David Asher).

Aunque para extraño el SARS-2, ese coronavirus de murciélago que no ataca gran cosa a los murciélagos pero que, sin haber experimentado las variaciones masivas de otros virus migrantes y con una estructura de una uniformidad fenomenal, causa estragos entre los humanos.

De nuevo cito a Wade, pero ahora desde el original para que no se me acuse de malinterpretar:

The natural emergence theory battles a bristling array of implausibilities.

***

La hipótesis de la fuga de laboratorio es tan contundente que el infatigable Wade se pregunta cómo es que no se habla de ella muchísimo más. Y al punto, no es ningún ingenuo, se responde: porque gente como la doctora Shi y el doctor Daszak tienen todos los motivos del mundo para callar (cómo calló Daszak, a la hora de publicar en Lancet, su escandaloso conflicto de intereses; bueno, más que callar, mintió al asegurar que no tenía ninguno), así como la endogámica casta viróloga en general, receptora de estratosféricas cantidades de fondos para investigación, escalofriantemente acostumbrada a manejarse con impune temeridad; y para qué hablar de países como la China comunista, tremendamente responsable de lo ocurrido, y los propios Estados Unidos de América, que comete la inenarrable estupidez suicida de financiar estudios virológicos desarrollados con letal opacidad en laboratorios ¡de los que no se fía! y ¡pertenecientes a su enemigo geoestratégico número uno!

(Una más sobre el doctor Daszak que sigue manejando ingentes cantidades de fondos destinados a la investigación –sólo el INAEI va a desembolsar 82 millones de dólares en cinco años–: ¿recuerdan al equipo que envió la OMS a fantochear por Wuhan a principios de año? ¡Pues ahí estaba él! Lo de la OMS es de no creer).

En cuanto a los medios, callan porque no han estado a la altura. Su actitud fiscalizadora deviene mero servilismo cuando tienen que vérselas no con políticos sino con científicos, a los que por candidez o ignorancia son incapaces de atribuir intereses oscuros o espurios como a los primeros. Eso, por un lado. Y por el otro pero imponiéndose a todo, el Trump Derangement Syndrome, la trumpofobia de la vergüenza, que les ha llevado a hacer lo que sea con tal de bajarse a la bestia: ¡Never Trump y que arda Troya o una pandemia diezme el planeta! Colosal.

En fin, pongamos ya el punto final. Así es como acaba Nicholas Wade su investigación, que debería difundirse urbi et orbi, traducirse a todas las lenguas, estudiarse en las facultades de Periodismo de todo el planeta y esgrimirse como detente chanta contra la abominable estafa de la cenciología newtralizadora:

En todo el mundo, la gente que ha estado tanto tiempo confinada en sus hogares (...) quizá desee una mejor respuesta que la que le están brindando los medios. Quizá, con el tiempo, aparezca una. Después de todo, cuantos más meses pasen sin que consiga un adarme de evidencia favorable, menos plausible resultará la teoría de la emergencia natural. Puede que la comunidad internacional de virólogos llegue a ser considerada un referente falso, movido por sus propios intereses. La idea, llena de sentido común, de que la aparición de una pandemia en Wuhan quizá haya tenido que ver con el hecho de que en Wuhan se preparaban virus de nuevo cuño y máximo riesgo en condiciones inseguras podría finalmente desplazar a la obcecación sectaria de que nada de lo que diga Trump puede ser cierto.

Y entonces habrá llegado el momento de la verdad. De pedir cuentas.

viernes, 11 de junio de 2021

Ratón de biblioteca: Fármaco / Almudena Sanchez




Biblioteca de la autora

 

Fármaco’, de Almudena Sánchez (Random House), parece un libro fácil de explicar: una mujer joven tiene depresión. Al principio, en las grietas de la enfermedad, encuentra momentos fugaces de lucidez en los que escribe a mano notas desesperadas. Poco a poco, gracias a las medicinas, amplía esas líneas, las hilvana como recuerdos de una infancia, ni feliz ni desdichada. Pasan las páginas y esa escritura caótica encuentra una estructura: se convierte en una gran sesión de autoterapia primero y, después, en algo bastante parecido a una novela en la que un personaje viaja de un punto, la enfermedad, a otro, la salud.

«Estoy bien, no tomo nada. Lo que pasa es que la depresión no se olvida. Está constantemente en tu vida; lo está cuando la sufres y también después», explica Sánchez. «Vivo con un terror constante a que vuelva. Todos los días pienso: ‘Y si esto me vuelve a pasar, ¿qué hago?’. Me salta la alarma al mínimo síntoma, es un terror absoluto. Creo que otra depresión sería lo peor que podría pasarme. Sería un infierno, prefiero cualquier enfermedad física... que se pueda curar».


Almudena Sánchez (Andratx, Mallorca, 1985) se dió a conocer en 2017 con La acústica de los iglús (Caballo de Troya), un libro de relatos líricos y vitalistas. «Tenía otros libros en la cabeza, pero me vino la depresión». Y la depresión se impuso a todo. «La depresión es un misterio, un asunto que no sabemos cómo tratar. Pensamos que ocurre si te ha pasado algo: si se te ha muerto alguien, si tu familia ha tenido un accidente terrible, si has pasado una ruptura... Si no ocurre eso, si eres joven y estás deprimida, viene la incomprensión. ‘¡Pero si debería estar disfrutando de lo mejor de la vida!’. Pero la depresión ocurre, a menudo sin un motivo aparente y hay que aceptarlo. El cáncer también ocurre».

Continúa la descripción: «Tienes depresión y te alejas. Te vuelves un poco egoísta. Tú no quieres estar. Ni en el mundo, ni con los demás... Quieres romper lazos y suicidarte, voy a decir esa palabra, suicidarte, con calma, sin que nadie pase un gran duelo. No es que quieras hacer daño, sólo quieres desvincularte, no estar. Y para no estar, cuanto menos contacto con los demás, mejor. Pero los demás vienen a ti y te quieren ayudar y hablarte y cada palabra suya es una carga más pesada. Tú sólo quieres estar contigo misma porque a ti misma sí te entiendes».

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Sánchez dice que su libro es un texto optimista. «Es un elogio a la ciencia y a los fármacos. Es lo contrario a una romantización de la enfermedad. La ciencia va rapidísimo, cura lo que era incurable. Pero las personas seguimos sin entender nada de la depresión. Ojalá que el libro sea un bálsamo para entender a la próxima persona con depresión que tengamos cerca».

De modo que junto a la química y la ciencia, está la intimidad. «Yo no hice terapia. Sólo me medicaron. Hablaba un poco con mi psiquiatra, media hora. Bueno, al principio no, al principio sólo lloraba. Él salía de la habitación, volvía a entrar, me levantaba, me sentaba... Cuando pude hablar empecé a referirme a las cosas de mi infancia, a las perspectivas precarias que tenía de trabajo y tal. Empecé a soltar peso».

Y a expresar su soledad: «En la depresión tienes una herida invisible que nadie entiende porque nadie ve. Ni yo la veía: pensaba ‘mañana estaré mejor’. Pero al día siguiente no estaba mejor, y así tres años. Si hubiese tenido una rodilla rota y no pudiese correr, enseñaría mi escayola. Pero deprimida no podía enseñar nada. Eso era atroz...».

En parte, la curación llegó en paralelo a la comprensión de la enfermedad. A medida que las medicinas hicieron efecto, Sánchez empezó a leer sobre la depresión. «Yo quería estar mejor; recordé que lo que más me gustaba era escribir y me volqué en escribir y leer mi deseo de curarme. Tomaba una pastilla y tenía un momento lumínico entre millones de sombras. Escribía. Cuando empecé a acumular material, busqué libros sobre la depresión. No libros de autoyuda, porque no me creo eso de ‘sal de la depresión en 10 días’. Sino libros clínicos y literarios. El libro de Andrew Salomon [El demonio de la depresión] fue importante».

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¿Y el médico? «Yo no quería ir al psiquiatra, tenía miedo. No es lo mismo ir al psiquiatra que ir al traumatólogo. La primera visita al psiquiatra la apuntas en tu vida... y, a la vez, la escondes. Él era duro conmigo. Bueno, más que duro, era serio. Creo que estaba preocupado. Yo lloraba una hora entera. Y él no podía hacer otra cosa más que esperar y prescribir. Y así hasta que pudimos construir una relación muy positiva».


Sólo queda nombrar a los fármacos que dan título al libro: Vandral Retard y Rexer Flas, cuya combinación tiene un apodo: California rocket fuel. También para la depresión hay bromas.

Vivo con un terror constante a que vuelva la depresión”(Más)