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sábado, 8 de julio de 2023

Fentanilo: De droga desconocida a...enemigo público #1


 

De droga desconocida a enemigo público número uno. El fentanilo ha monopolizado los últimos capítulos de la guerra contra el narcotráfico en México y Estados Unidos. Más potente, barata y difícil de detectar, esta droga sintética está detrás de una crisis de salud pública con tintes epidémicos, que mata cada año a decenas de miles de estadounidenses, según datos oficiales. Nueve de cada diez incautaciones se realizan en la frontera sur y Washington ha elevado la presión sobre el Gobierno mexicano para que haga más para frenar el tráfico ilegal. En medio de críticas de los sectores conservadores más recalcitrantes en EE UU y de encontronazos con la DEA (la Administración de Control de Drogas), el presidente Andrés Manuel López Obrador planteó esta semana prohibir el fentanilo de uso médico como una de las posibles soluciones. Pero la propuesta levanta dudas entre los especialistas, que afirman que la medida no sería efectiva para frenar al crimen organizado y que podría causar más problemas de los que resolvería en el terreno sanitario.


“Voy a pedir a médicos y científicos mexicanos que analicen la posibilidad de que podamos sustituir el fentanilo con fines médicos por otros analgésicos para dejar de usarlo”, dijo López Obrador en su conferencia de prensa del pasado miércoles. “Hay que ver esa posibilidad”, agregó. Su propuesta ha despertado un fuerte debate sobre los alcances y la eficacia de esa medida en el combate a la adicción a los opioides que golpea a la región, especialmente a Estados Unidos.


 “No va por ahí”, resume Raúl Martín del Campo, director adscrito en el Instituto Nacional de Psiquiatría y antiguo miembro de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de Naciones Unidas. “La intención del presidente no es mala, pero no sé si lo asesoraron mal o si se confundió porque el problema es complejo”, agrega el especialista.

Martín del Campo explica que cada país informa a la ONU de cuánto fentanilo para uso médico va a necesitar y que cada año se reporta también cuánto acabó usándose en el tratamiento de pacientes, ya sea como analgésico o anestésico. En 2021, por ejemplo, México dijo a la JIFE que utilizó 4,6 kilos de la sustancia para uso médico y ese mismo año, las incautaciones de fentanilo ilegal superaron más de 1.850 kilos, según datos de la Secretaría de la Defensa Nacional. El especialista cita ese dato para subrayar que el mercado negro y el conusmo legal de fentanilo siguen líneas completamente separadas. “No tienen nada que ver”, zanja el experto, “los narcos tienen la posibilidad de fabricar su propio fentanilo, no necesitan robar el de uso médico”.

Uso médico y consumo ilegal en México

Por su potencia, el fentanilo legal se usa como anestesia en cirugías complejas o que toman varias horas. También es común en los cuidados paliativos, en el manejo del dolor y en pacientes que están, por ejemplo, en terapia intensiva y necesitan estar sedados para soportar los procedimientos médicos. Se ha usado desde hace décadas. Se creó en 1960 y fue aprobado para administrarse en Estados Unidos en 1968. Martín del Campo indica que la producción legal ha ido a la baja en los últimos años, en parte por el estigma de la droga. “Hay una especie de satanización de todo el fentanilo, cuando en realidad es insustituible en algunos tratamientos porque se necesitan sustancias así de potentes”, comenta.

Fleiz ha documentado durante años el uso de drogas sintéticas en México, sobre todo en los Estados del norte del país, donde pasan las rutas del tráfico. Ya desde 2019 había demostrado que el fentanilo se consumía en el país, pese a que las autoridades mexicanas sostienen que la demanda en el país es prácticamente inexistente. En la inmensa mayoría de los casos se trataba de usuarios que eran adictos a otras drogas, como la coca o la heroína, o que lo habían probado en Estados Unidos, aunque cada vez es más común que las personas busquen comprar directamente fentanilo. “Hace unos años, la gente no lo conocía, ahora ya hay una demanda”, dice la especialista, que admite estar sorprendida de la rapidez con la que se ha extendido el consumo en los últimos años.

Elias Camhaji & Zedryk Raziel El País (Mas)


domingo, 9 de abril de 2017

Fentanyl



Sintetizado por primera vez en 1960 por el farmacólogo belga Paul Janssen, el fentanilo es un potente analgésico y anestésico de la familia de los opiáceos, con un efecto 50 veces más poderoso que la heroína y 100 más que la morfina. Se consume inyectada, pero también por vía oral, en pastillas o piruletas o por absorción cutánea a través de parches. Correctamente administrado con la prescripción de un facultativo, el fentanilo no es peligroso. Suele utilizarse para el tratamiento de dolores agudos, a menudo asociados al cáncer, pero también como apoyo e inducción de la anestesia general durante cirugías. 


De hecho, los soldados del ejército estadounidense heridos en combate son tratados con piruletas de fentanilo
Ver:
 Una piruleta analgésica alivia los dolores del soldado herido

...la industria farmacéutica también se ha visto salpicada por el escándalo. 
En diciembre, varios ejecutivos de Insys Therapeutics, una compañía que cotiza en el índice Nasdaq, fueron detenidos en Boston y acusados de una conspiración a escala nacional por haber sobornado a decenas de médicos para recetar Subsys, un espray sublingual de fentanilo.

Ver:
Ex-Insys sales manager arrested in U.S. fentanyl-kickback case

Por si todo esto fuera poco, la droga ya tiene un nuevo competidor: el carfentanil, una variante 100 veces más potente, utilizada para tranquilizar elefantes, sobre cuyo peligro ya ha alertado la DEA. Los traficantes la consiguen en China, donde no es una sustancia controlada, y la cortan con heroína. Ya ha causado la muerte a cientos de personas. (Más)

Ver también:

USA: Autorizan a Insys Therapeutics a producir marihuana sintética


domingo, 30 de diciembre de 2018

Fentanilo: la droga final

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 Sintetizada originalmente como un poderoso analgésico y anestésico, su consumo se está convirtiendo en una crisis de salud pública que se produce en México y provoca muertes en Estados Unidos y Canadá. 
¿Qué pasa si descubres una sustancia 50 veces más poderosa que la heroína y unas 100 más nociva que la cocaína? 

El resultado es sencillo y potencialmente mortal: se llama fentanilo. 

¿Qué es el fentanilo?


Se trata de una versión mejorada de la heroína, que ha sustituido parcialmente a la goma de amapola gracias a su precio más barato de producir y una potencia mucho mayor. 

El fentanilo es utilizado como analgésico y según la OMS, es utilizado para tratar “dolor persistente moderado a intenso”.

El consumo de esta droga es posible por vía intravenosa, parches que se adhieren a la piel, en forma de spray o bien, por vía muscular. 

El efecto de su consumo es inmediato y se puede sentir apenas a los pocos segundos en que se apodera del sistema nervioso central produciendo euforia, sedación, náuseas y vómitos, además de una sensación de quemazón en todo el cuerpo: un cocktail letal al que muy pocos sobreviven. 

No obstante, su comercialización de manera ilegal en los Estados Unidos ha alimentado la epidemia moderna de muertes por heroína y otros opiáceos sintéticos, un problema de salud pública del que ni siquiera las estrellas de Hollywood y otras celebridades se han salvado.(Más)

miércoles, 23 de noviembre de 2022

Fentanilo "ARCO IRIS": Nueva droga para niños y jóvenes en USA

La deriva más preocupante que ha tomado el tráfico de fentanilo son las estrategias de marketing que los narcotraficantes han comenzado a dar a su producto para hacerlo más atractivo. Desde el pasado mes de febrero, la DEA se dio cuenta de que la droga puede venderse con colores brillantes, tamaños y formas. Una de estas presentaciones es como de tiza de colores, como la que utilizan los menores para dibujar sobre el cemento. La agencia antinarcóticos ha bautizado como fentanilo arcoíris a esta variación. En lo que va de 2022 se ha hallado en 21 de los 50 estados del país. 

Ver


 

miércoles, 8 de junio de 2022

España: Opioides, epidemia a sortear

 

Sanidad alertó en septiembre de un aumento en el consumo de opiáceos: hasta un 51% entre 2013 a 2019, las dosis pasaron de 3,57 a 5,42 por cada 1.000 habitantes y día 


El fentanilo es el principio activo más frecuente 

Carmen Torrente  Madrid

España no es EEUU, ni por modelo de farmacia ni por sistema sanitario, pero las consecuencias de la epidemia de opioides al otro lado del Atlántico hacen que nos planteemos tomar medidas preventivas. Sanidad publicó el pasado 22 de septiembre un plan para optimizar su uso en dolor crónico no oncológico.

Al otro lado del océano, aproximadamente entre el 21% y el 29% de los pacientes que toma opidoides bajo prescripción médica para tratar el dolor crónico los usan de forma inapropiada. En 2020, en concreto, 2,7 millones de estadounidenses de 12 años en adelante sufrieron trastornos por uso de opioides, de los que 2,3 millones los tenían recetados. 

Aquí, el 15,2% de la población de 15 a 64 años reconoce haber consumido analgésicos opioides con o sin receta en alguna ocasión, porcentaje que se eleva al 22,8% en personas mayores de 64 años, según la Encuesta sobre Alcohol y Drogas de 2019/20. En la población de 65 años o más, el dolor agudo es el principal motivo de consumo de analgésicos opioides, referido por el 50% de las personas encuestadas. Los siguientes motivos son el tratamiento postoperatorio (33,4%) y el dolor crónico (33,0%). Con menor frecuencia refieren tomar analgésicos opioides para el dolor que no se calma con otros medicamentos y por otras razones. Las causas son similares en la población menor de 65 años.

En nuestro país la prescripción y dispensación de estupefacientes tiene una regulación muy estricta (Real Decreto 1675/2012, de 14 de diciembre). Tanto es así que cada mes de enero las farmacias y servicios de farmacias deben notificar los movimientos anuales a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) a través de una aplicación, Labofar, disponible desde 2015. Aparte, hay tres comunidades autónomas (Cataluña, Aragón y Baleares), junto a la ciudad autónoma de Melilla, que tienen sus propios sistemas para la declaración anual de estupefacientes, acordados con las consejerías de Sanidad.

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El fentanilo es el principio activo de mayor consumo, ya que supone el 50% en el uso de todos los opioides. Así lo refleja el Plan de optimización de la utilización de analgésicos opioides en dolor crónico no oncológico en el Sistema Nacional de Salud (SNS), aprobado por el Consejo Interterritorial del SNS el 22 de septiembre de 2021.

Juana Sánchez Jiménez, responsable del Grupo de trabajo de Dolor de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) y directora del centro de salud de Daroca, en Madrid, participó como consultora en el grupo de trabajo del Ministerio. ¿Podríamos llegar al extremo de EEUU? «Yo creo que no, porque somos países muy distintos respecto a la legislación y al sistema sanitario que tenemos, si es que seguimos conservando nuestro sistema sanitario a la larga, que es muy garantista. Es decir, la atención primaria en España es fuerte y, además, obliga a que, cuando prescribes un opioide, cada tres meses hay que revisar esa medicación».

Por su parte, María Edelmira Córcoles Ferrandiz, coordinadora del Grupo de Dolor de la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria (Sefac) señala que «el dolor debe ser tratado, porque necesitamos una mejor calidad de vida o capacidad funcional, ya que el dolor no desaparece. Cada médico es el que prescribe y nosotros tenemos que dar una buena dispensación».

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15,2% Españoles de entre 15 y 64 años admite haber tomado estos fármacos con y sin receta. Ver

Ver: 

Todo sobre opioides en PHARMACOSERIAS

miércoles, 18 de abril de 2018

USA: PHARMA bajo sospecha de la ley (Opiaceos)

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"No me perdono no haber hecho nada 
ante la crisis de opiáceos. 
La tendencia de búsqueda, 
de recetas, la información… 
Todo esto estaba ahí hace 10 años. 
Si lo hubiésemos visto a tiempo 
podríamos haber ayudado."
Sundar Pichai, Google CEO



Estados Unidos ha declarado una guerra a las compañías detrás de la sangría de muertes por el consumo de opiáceos. 
Más de 400 ciudades, condados y organizaciones han interpuesto una demanda conjunta contra los fabricantes y distribuidores de los potentes analgésicos. Casi todos los Estados han lanzado investigaciones a la industria farmacéutica y varios de ellos tienen previsto unirse al litigio colectivo. El Gobierno federal apoya esa hoja de ruta y no descarta presentar su propia denuncia. Se acusa a empresas gigantescas de publicidad engañosa y de ocultar a los consumidores el potencial de adicción de las pastillas de opiáceos. De ser cómplices de una feroz epidemia que abruma a EE UU: cada día mueren por sobredosis más de 150 personas. El proceso evoca la ofensiva judicial en los años noventa contra los gigantes de la industria del tabaco.



Es una crisis, es una epidemia. "Todo el mundo lo sabe, todo el mundo lo siente, así que creo que todos debemos empezar a trabajar conjuntamente”, dice en una entrevista telefónica el juez Dan Aaron Polster. Temido por las poderosas compañías farmacéuticas. Admirado por quienes conocen de primera mano la sangría de muertes por el consumo de opiáceos. Polster tiene uno de los trabajos más difíciles de EE UU. En su mesa en el juzgado federal del Distrito Norte de Ohio, en Cleveland, se acumulan 434 demandas contra la industria. “Mi objetivo es cambiar la trayectoria de esta crisis. No dije que fuera o fuéramos a solucionarla este año pero tenemos que dar algunos pasos. Más gente se está volviendo adicta. Es inaceptable”, clama.

Polster, de 66 años, ha optado por un enfoque heterodoxo desde que en diciembre una comisión judicial decidió agrupar en su tribunal casi todos los litigios en EE UU relacionados con las prescripciones de opiáceos. El juez ha comunicado a las partes de que su objetivo es lograr un acuerdo en vez de iniciar un largo y agresivo juicio, lo que ha soliviantado a la defensa de los grandes fabricantes, distribuidores y vendedores de fármacos. La estrategia se ha comparado con el acuerdo de 1998 que llevó a las grandes tabacaleras a pagar una compensación millonaria (206.000 millones de dólares) por los efectos nocivos del tabaco. El pacto también incluyó prohibiciones a la publicidad de cigarrillos y advertencias públicas sobre sus riesgos para la salud.

Las estadísticas son escalofriantes. En 2016, el último año con cifras completas, murieron alrededor de 64.000 estadounidenses por sobredosis. Tres cuartas partes fueron provocadas por el abuso de pastillas analgésicas, heroína o fentanilo. Los récords se rompen año tras año. La estimación provisional de 2017 alcanza las 66.000 muertes. Para hacerse una idea del alcance del drama, más de 58.000 estadounidenses fallecieron en toda la Guerra de Vietnam, 55.000 lo hicieron en accidentes de coche en 1972, un año récord, o 43.000 durante el pico de la epidemia de Sida en 1995. La crisis de los opiáceos ha costado al Gobierno estadounidense cerca de un billón de dólares desde 2001.

Las muertes por sobredosis de heroína se triplicaron entre 2010 y 2014 en EE UU. Alrededor de 435.000 ciudadanos aseguran haber consumido la droga en los últimos 30 días, según las encuestas disponibles. De fondo, subyace una poderosa conexión entre fármacos y heroína. Cuatro de cada cinco nuevos consumidores de heroína aseguran haber abusado antes de pastillas contra el dolor. Cuando se quedan sin recetas para comprarlas, la desesperación les lleva a pincharse. Y muchas miradas apuntan a la actuación de médicos, farmacéuticos y dispensarios: en 1992, se prescribieron 79 millones de recetas de opiáceos en el país, en 2012 fueron 217 millones.

El Gobierno de Donald Trump ha declarado la crisis de los opiáceos una emergencia de salud pública. Y el juez Polster apunta a la raíz de la tragedia. Su objetivo es lograr soluciones tangibles a corto plazo que no solo impliquen compensaciones económicas sino transformaciones en el sector. “Cuando das algunos pasos luego puedas dar otros más. En general, así es cómo uno soluciona un problema muy complejo. No te quedas sentado esperando a que alguien haya encontrado una gran solución para todo”, esgrime.


La presión ante una industria vigorosa pero que se sabe en el ojo del huracán está empezando a dar frutos. A los 10 días de una de las sesiones judiciales, Purdue Pharma, fabricante de OxyContin, el más conocido de los opiáceos, anunció en febrero que dejaba de promocionar sus pastillas a médicos y recortaba por la mitad su equipo comercial.(...)

En la megacausa judicial, se acusa a Purdue y a otros fabricantes, como Johnson & Johnson, de publicitar durante años sus opioáceos pese a conocer perfectamente su potencial adictivo. A las compañías distribuidoras se las denuncia por enviar cantidades ingentes de fármacos sin avisar a las autoridades; y a las farmacéuticas de no advertir lo suficiente a los pacientes del producto que estaban comprando.

Todos alegan que los fármacos han sido autorizados por el Gobierno y que son los médicos quienes los recetan. Sin embargo, los críticos argumentan que no se informa suficientemente a los doctores sobre los riesgos. Y las compañías han financiado a lobbies médicos que minimizaban los posibles problemas de las pastillas, según un informe del Senado.

De hecho, Purdue se declaró culpable en 2007 ante un juez federal de engañar a médicos y pacientes sobre el riesgo de adicción y el potencial de abuso de OxyContin tras una investigación que terminó en 2001. Pagó una multa de 600 millones de dólares. El diario Los Angeles Times reveló en 2016 que, durante dos décadas, Purdue conocía que su fármaco podía tener un efecto más corto del anunciado, lo que aviva el riesgo de adicción, pero lo ocultó para no perder cuota de mercado. OxyContin supone el 80% de las ventas de la compañía por un valor de 1.700 millones de dólares en 2017.



Un portavoz de Purdue no contestó a las preguntas de este periódico.

La farmacéutica se ha embarcado en las últimas semanas en una campaña para tratar de mejorar su imagen. Ha publicado anuncios en los principales diarios, ha hablado de una “responsabilidad en unirse a la lucha” contra la epidemia de opiáceos y ha asegurado que hay demasiadas pastillas entre la población. Purdue también ha promovido en algunos Estados el uso de productos que palian sobredosis, el desecho de fármacos y ha hecho campañas de información sobre adicción.

La compañía, sin embargo, ha rechazado la reclamación de algunos de los demandantes de dejar de vender su versión más fuerte de OxyContin y los expertos advierten de que sigue publicitando su fármaco en otros países.


Lembke enfatiza que la solución a la adicción rampante de opiáceos llevará “años sino décadas en llegar”. Pide actuar en múltiples ámbitos, más allá de atajar la influencia del sector farmacéutico, y abordar asuntos incómodos, como lo que llama “medicalización de la pobreza” o la estigmatización del dolor, que contribuyó a que a partir de los años noventa proliferaran las prescripciones de opiáceos ideadas contra las dolencias crónicas. Lo que nadie imaginaba es que de esa intención inicial se pasaría a la pesadilla actual.(Más)

jueves, 2 de junio de 2022

Opioides (USA) Malas Prácticas / El que la hace...la paga

 
 
 
Desde mayo de 2020 hasta abril de 2021 murieron en Estados Unidos 100.306 personas por sobredosis y en un 64 % de los casos hubo de por medio opiáceos sintéticos, especialmente el fentanilo, que tiene origen en China y llega a EE.UU. procedente de México, según los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés)
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Florida ha llegado a un acuerdo por 878 millones de dólares (787 millones de euros) con cuatro farmacéuticas estadounidenses para cerrar una demanda sobre su papel en la ola de casos de muertes por opiáceos en los últimos años en la región.


En concreto, tal y como recoge la agencia de noticias Reuters, la compañía CVS pagará 484 millones de dólares (433,8 millones €) al estado de Florida; Teva, casi 195 millones de dólares (174,7 millones €); Allergan más de 134 millones de dólares (120 millones €), y Endo Health Solutions, 65 millones de dólares (58,2 millones €), para resolver reclamos relacionados con su responsabilidad en la epidemia de opiáceos.

La mayor parte del dinero se gastará en la reducción de opioides. Teva también proporcionará 84 millones de dólares (75,3 millones €) de su aerosol nasal genérico Narcan, que puede revertir temporalmente los efectos de las sobredosis de opioides.

Las cuatro empresas han negado haber actuado mal al aceptar llegar a un acuerdo. El acuerdo de Endo se alcanzó el pasado mes de enero. También el estado de Virginia Occidental ha llegado a un acuerdo similar de 26 millones de dólares (23,3 millones €) con Endo. Después de los acuerdos, Florida y Virginia Occidental comenzarán ensayos de opioides reducidos la próxima semana. 


Ver:

Todo sobre opioides en PHARMACOSERIAS

 

 

JUICIOS CONTRA JOHNSON & JOHNSON, TEVA, ALLERGAN Y LA CADENA DE FARMACIAS WALGREENS

Además, Virginia Occidental procederá a juicio contra Johnson & Johnson, Teva y Allergen. Por su lado, Florida procederá a juicio contra la cadena de farmacias Walgreens

Walgreens ha subrayado que su acuerdo relacionado con los opioides de 2012 con Florida cubrió los últimos reclamos del estado y que se defenderá de los "ataques injustificados" a sus farmacéuticos.


Por su parte, CVS y Teva han asegurado que se defenderán de otras demandas por opioides, y Teva ha indicado que está negociando "activamente" un acuerdo nacional de reclamos similares.

Por último, Allergan ha dicho que su acuerdo también cubre reclamos por opioides genéricos que vendió a Teva en 2016; y Endo, por el momento, no se ha pronunciado al respecto.(EFE)

jueves, 26 de agosto de 2021

Crisis de los opioides: "Pharmaceuticals" establecen "reglas del juego" y acuerdan pagar 26.000 millones por su rol en crisis.


 

El gigante farmacéutico Johnson & Jonshon y tres de la mayores distribuidoras de medicamentos de Estados Unidos han llegado a un acuerdo de 26.000 millones de dólares con varios Estados para zanjar los miles de pleitos a los que se enfrentan por la crisis de opioides, que ha llegado a ser declarada una emergencia de salud pública, ha matado a cientos de miles de estadounidenses en los últimos años y que ha generado una tonelada adictos por mala información y administración. Una vez ratificado el pacto en los gobiernos estatales y locales, los fondos se destinarán a financiar servicios de prevención y tratamiento de la adicción en las comunidades afectadas.

Además de J&J, forman parte del acuerdo las empresas Cardinal Health, AmerisourceBergen y McKesson, que son pesos pesados de la distribución en Estados Unidos, pero el resto del sector farmacéutico sigue litigando con ciudadanos y autoridades locales de todo el país. 


En este caso —y en la mayoría— los denunciantes sostienen que las distribuidoras hicieron caso omiso a las enormes cantidades de envíos de opiáceos prescritos a las comunidades y que la farmacéutica Johnson & Johnson minimizó la capacidad adictiva de estos productos. Uno de los fármacos que hizo estragos fue el fentanilo, hasta 50 veces más potente que la heroína.

“Johnson & Johnson, McKesson, Cardinal Health y Amerisource Bergen no solo prendieron la mecha, sino que alimentaron el fuego de las adicciones a los opioides durante más de dos décadas. Hoy hacemos rendir cuentas a estas empresas inyectando miles de millones de dólares”, señaló la la fiscal general del estado de Nueva York, Letitita James, en un comunicado. James anunció el acuerdo este miércoles por la tarde de forman conjunta con los fiscales generales de Carolina del Norte, Pensilvania, Nueva York, Delaware y Luisiana. Los Estados y el Distrito de Columbia (la ciudad de Washington) tienen ahora un plazo de 30 días para revisar la letras pequeña y, muy especialmente, el reparto del dinero.


Las distribuidoras aportan 21.000 millones y J&J, 5.000 millones. Siguen pendientes otros litigios entre Estados y compañías como Teva o Allegran y cadenas de distribución como CVS o Walgreens, también demandadas, negocian también acuerdos para evitar los juicios. Purdue Pharma, una de las empresas más señaladas de esta crisis por fabricar el analgésico, el OxyContin (nombre comercial en Estados Unidos, Oxycodone en España) se declaró en octubre de 2020 culpable de engaño y llegó a un acuerdo civil para pagar 8.300 millones de dólares, pero como se encuentra en bancarrota el pago de indemnizaciones resulta improbable.

En el año 2020, en plena pandemia, murieron en Estados Unidos más de 93.000 personas por sobredosis de medicamentos, lo que supuso un aumento del 29% respecto a la cifra 2019, que ya había batido un récord, según los datos del Centro Nacional de Estadísticas de Salud de EE UU hechos públicos esta misma semana. De los 93.000 fallecidos, cerca de 70.000 fueron debido a sobredosis de opioides. Ver

 


Pero...

...otros laboratorios que son blancos de demandas judiciales como Purdue -fabricante del medicamento OxyContin, que muchos consideran uno de los primeros responsables de la epidemia-, Teva, Allergan o Endo no se unieron al acuerdo.Mas

 

jueves, 24 de noviembre de 2022

USA: Tres cadenas de farmacias CVS/Walgreens/Walmart multadas 13.800 mio $ por la crisis de opioides


 

El importe final dependerá de los Estados que se sumen al acuerdo.

Las principales farmacéuticas ya asumieron mayores indemnizaciones

El País MIGUEL JIMÉNEZ, 3.11.2022

El abuso de los opioides como calmantes contra el dolor provocó una crisis de salud pública que ha costado más de 650.000 vidas en Estados Unidos, en su mayoría por sobredosis, y que aún causa estragos. Las farmacéuticas asumieron indemnizaciones multimillonarias, pero ahora son las grandes cadenas minoristas de farmacia Walgreens, CVS y Walmart las que han llegado a un principio de acuerdo para pagar en total 13.800 millones de dólares (unos 13.900 millones de euros).

Los opioides son derivados sintéticos del opio que crean adicción y que fueron recetados de forma inadecuada y masiva como analgésicos después de que Purdue Pharma, propiedad de la familia Sackler, lograra la aprobación del OxyContin (Oxycodone en España) por los reguladores con una comercialización agresiva que minusvaloraba sus potenciales riesgos y su potencia adictiva. Los opioides, usados principalmente para pacientes terminales de cáncer, pasaron a utilizarse para dolores crónicos y han generado a lo largo de dos décadas la crisis de salud pública más grave entre el sida y la pandemia.

Ver: 

Todo sobre Opioides...un conflicto en PHARMACOSERIAS


CVS anunció en un comunicado el principio de acuerdo por el que asumirá 5.000 millones de dólares en 10 años. Walgreens informó a la Comisión del Mercado de Valores de EE UU que su principio de acuerdo implica pagar en 15 años unos 4.790 millones, más 154,5 millones a las tribus indias, más otros 753 millones en gastos legales, en este caso a desembolsar en seis años, lo que suma un total de unos 5.700 millones. Fuentes citadas por Bloomberg aseguran que el cuerdo se extiende también al gigante de la distribución Walmart, con 3.100 millones a pagar en cuanto se cierre el acuerdo.

El importe definitivo dependerá de cuántos Estados se sumen definitivamente al acuerdo. Esas tres cadenas fueron consideradas responsables de la crisis de los opioides por un jurado popular en el Estado de Ohio y condenadas por un juez federal a pagar 590 millones de dólares a dos condados de los más afectados por la crisis. Otro fallo declaró la responsabilidad de Walgreens en la crisis de los opioides en San Francisco (California). Según el comunicado de CVS, el acuerdo “resuelve sustancialmente todas las demandas y reclamaciones por opioides presentadas contra la empresa por estados, subdivisiones políticas, como condados y ciudades, y tribus de Estados Unidos”. 

El acuerdo, sostiene CVS, resolverá las reclamaciones que se remontan a hace una década o más y no supone la admisión de ninguna responsabilidad o infracción.

Tres de las mayores distribuidoras de medicamentos de Estados Unidos (Cardinal Health, AmerisourceBergen y McKesson) llegaron a un acuerdo de 21.000 millones de dólares en julio de 2021 con varios Estados para zanjar los miles de pleitos a los que se enfrentaban por la crisis de opioides y, a la vez, el gigante farmacéutico Johnson & Jonshon acordó asumir otros 5.000 millones. Otros acuerdos para indemnizar por la crisis son los alcanzados por Teva Pharmaceutical (4.350 millones), AbbVie (2.370 millones) y Endo International (450 millones).

Las sobredosis de opioides, incluidos los comprimidos de venta con receta y la heroína, aumentaron durante la pandemia de la covid, con un incremento del 38% en 2020 respecto al año anterior y otro 15% en 2021. 


Gran parte del reciente aumento de los casos de sobredosis ha sido atribuido al fentanilo, un opioide sintético hasta 50 veces más potente que la heroína, fabricado ilegalmente. Purdue Pharma se declaró en 2020 culpable de engaño por vender el opioide sin advertir correctamente de sus riesgos y llegó a un acuerdo civil por valor de 8.300 millones de dólares, pero se encuentra en bancarrota y es un tribunal el que está administrando sus bienes para hacer frente a las indemnizaciones.

Ver: 

Todo sobre Purdue Pharma en PHARMACOSERÍAS

viernes, 24 de septiembre de 2021

Ratón de biblioteca: El imperio del dolor / Patrick Radden Keefe

 

«doctor, please, some more of these»


 

History repeats itself and disaster ensues in this sweeping saga of the rise and fall of the family behind OxyContin, the painkiller widely credited with sparking the opioid epidemic in America. New Yorker staff writer Keefe (Say Nothing) brings three generations of the secretive Sacklers into the light, detailing how marketing techniques—including the co-opting of doctors and FDA regulators, the placement of misleading advertisements and articles in medical journals, and the discrediting of evidence of addiction—pioneered by patriarch Arthur Sackler in the 1960s to sell the tranquilizers Librium and  were enhanced by his nephew, Richard Sackler, in the '90s and 2000s to make OxyContin "one of the biggest blockbusters in pharmaceutical history, generating some $35 billion in revenue." 

Keefe also delves into the Sacklers' "mania" for donating millions to "arts and education institutions," the family's cover-up of a drug-addled son's suicide in 1975, their role in a 1995 New Jersey chemical plant explosion that killed five people, and their draining of company funds as lawsuits related to the opioid crisis mounted. It's an altogether damning portrait ("Unlike a lot of human beings," Keefe writes, "[the Sacklers] didn't seem to learn from what they saw transpiring in the world around them"), richly detailed and vividly written. 

Readers will be outraged and enthralled in equal measure. 


Ver:

OxyContin...mas que un dolor, una bancarrota para Purdue Pharma.

 


«Cada vez que escribo sobre millonarios suelen enviarme a sus abogados, pero nunca como con este libro», reconoce Patrick Radden Keefe (Bruselas, 1977). 

Será que, después de todo, el periodista neoyorquino aún no se las había tenido que ver con millonarios de la talla de los Sackler, poderosa dinastía de empresarios y filántropos estadounidenses que buscaban la posteridad en las paredes del Louvre y el Metropolitan y, en vez de eso, se han encontrado con 'El imperio del dolor' (Reservoir Books), libro que los señala como causantes directos de la epidemia de opiáceos que asola Estados Unidos.

¿El vídeo que se viralizó hace unos días y en el que las calles de Kensington, en Filadelfia, parecían el set de rodaje de 'The Walking Dead' en pleno apocalipsis zombi? Los Sackler. ¿El súbito incremento de la demanda de heroína en Estados Unidos? Los Sackler también. ¿El medio millón de muertes por sobredosis de opiáceos en los últimos 25 años? Bingo: los Sackler. «Se calcula que en la actualidad hay más de dos millones de personas adictas a los opiáceos en Estados Unidos», apunta Radden Keefe.

Y el origen de todo, añade, hay que buscarlo en el OxyContin, un analgésico que ha generado nada menos que treinta y cinco billones de dólares en ingresos desde que Purdue Pharma, farmacéutica propiedad de la familia Sacker, lo lanzó al mercado en 1995. Sobre esas ganancias se consolidó una de las fortunas más asombrosas de los Estados Unidos, por encima incluso de las de los Busch, los Mellon y los Rockefeller, y se ideó un sistema de donaciones y mecenazgo que debía convertir a los Sackler en los Medici de su era.

Ahí está, o estaba, su apellido anudado a prestigiosas instituciones como la Universidad de Harvard, el Museo Guggenheim, la Facultad de Medicina de Nueva York, el Museo de Arte y Arqueología de Pekín, el Metropolitan de Nueva York… «Es la gran paradoja del libro: una familia que ocupa un lugar central en el 'establishment', que ha sido aplaudida durante décadas, y que tiene un modelo de éxito capitalista que también puede haber sido responsable de todo este sufrimiento», reflexiona el también autor de 'No digas nada', asombrosa y premiada reconstrucción de los 'Troubles', el origen del IRA y el clima de terror del conflicto norirlandés.

Como entonces, el periodista de 'The New Yorker' se ha embarcado en una investigación de más de cuatro años que cristaliza ahora en casi seiscientas páginas de absorbente no ficción. Una historia de ambición desmedida y opiáceos letales a la que Radden Keefe empezó a dar forma tirando del hilo del tráfico de drogas a través de la frontera mexicana. «Me interesaban los cárteles como negocio, porque además de una organización criminal son una gran corporación, y me fijé en que en 2010 desde México se empezó a enviar más heroína a Estados Unidos. La razón era un misterio para mí, hasta que descubrí la respuesta: había más demanda. Toda una generación de personas había empezado a consumir heroína porque antes tomaban opiáceos legales», explica.

De ahí al OxyContin había tan solo un paso, aunque aún faltaba llenar los huecos con la historia familiar. La cosa prometía, ya que antes de inaugurar la era de los opiáceos sintéticos, los Sackler ya habían empezado a ganar dinero a paletadas gracias a otro viejo conocido: el Valium. 


Ellos no lo crearon, pero fue Arthur Sackler, el mayor de los tres hermanos y cabecilla de la dinastía original, quien se encargó de diseñar su agresiva y fulgurante estrategia comercial. «Fue uno de los primeros creadores de publicidad y márketing farmacéutico; sabía que si querías vender un fármaco no tenías que influir en el paciente, sino en el médico», explica el autor. Con la fortuna en expansión llegó la pasión por el coleccionismo y la pulsión filantrópica: en 1967, por ejemplo, Arthur Sackler prometió donar tres millones y medio de dólares al Metropolitan de Nueva York para que el museo pudiese exhibir el templo egipcio de Dendur. Nacía el Ala Sackler y crecía con ella la fama de los hermanos Mortimer, Raymond y Arthur entre las altas esferas neoyorquinas.

Literatura y adicción

La auténtica revolución, sin embargo, llegaría con Richard Sackler, hijo de Raymond y responsable directo de lanzar el OxyContin, primo químico de la morfina y de la heroína. Después del Valium, la familia quería más. Lo quería todo. 

  • _El primer paso, escribe Radden Keefe, sería «crear una literatura» que respaldase que el nuevo fármaco era idóneo no solo para dolencias graves, sino que encajaba en «la gama más amplia posible de usos». Y ahí entraban desde el cáncer hasta el dolor de espalda. 
  • _El segundo, convencer a los médicos de que el medicamento no creaba adicción. 
  • _Y el tercero, enviar a un ejército de comerciales a vender con ahínco el nuevo producto por todo el país. «Ahora mismo, las zonas en las que Purdue Pharma invirtió menos en promoción de OxyContin hace 25 años registran menos sobredosis de heroína y fentanilo», sostiene el autor.

'El imperio del dolor', que se abre con una cita de Chesterton y un verso de 'Mother's Little Helper' de los Stones («doctor, please, some more of these») no duda en señalar a los médicos como cómplices necesarios («al fin y al cabo, son ellos quienes recetan los medicamentos, muchas veces seducidos por la farmacéutica», apunta) y pone en duda la fiabilidad de organismos reguladores como la Food And Drug Administration (FDA). «Si los Sackler estuvieran aquí se defenderían diciendo que ellos solo lanzaron un medicamento que había sido aprobado, pero en el caso del OxyContin, el funcionario que se encargó de homologar el fármaco y todas las frases que se utilizaron en su publicidad acabó trabajando para Purdue Pharma cobrando el triple. ¿Ilegal? No lo sé, pero seguro que es impropio», reflexiona el autor.

El desenlace de esta historia no aparece en el libro, sino que se escribió hace tan solo unos días en los tribunales, cuando se aprobó el expediente de quiebra y disolución de Purdue Pharma y la familia Sackler aceptó pagar 4.500 millones de dólares durante los próximos diez años a los cerca de 3.000 demandantes afectados por los estragos del OxyContin. «Creo que se han salido con la suya, ya que no admiten haber cometido ningún acto ilegal y el juez aceptó que no se les podrá encausar por esta cuestión nunca más», opina Radden Keefe. Otra cosa, añade, es lo que pueda ocurrir con su apellido, lo único que Isaac Sackler pudo legar a sus hijos tras arruinarse durante la Gran Depresión y lo que con más esmero se habían preocupado de mimar, cuidar y escribir en las letras más doradas y brillantes posibles. «Se han pasado toda su vida luciendo su apellido, haciendo de él una marca, y ahora ese apellido está a la baja», señala.

Tanto es así que instituciones como el Louvre de París o la Serpentine Gallery de Londres han empezado a borrar el nombre de los Sackler de sus espacios y el MET estudia renombrar el Ala Sackler para eliminar a sus antiguos mecenas de la ecuación. «Para una madre cuyo hijo ha muerto de sobredosis no es mucho consuelo que a los Sackler les quiten el nombre del MET, pero aunque no sea justicia, sí que es alguna cosa», defiende.

O, como les dijo Isaac Sackler a sus hijos, «si pierdes una fortuna siempre puedes amasar otra, pero si pierdes tu nombre no hay manera de recuperarlo».

ABC David Morán 23.9.2021

 

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