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jueves, 13 de mayo de 2021

Patentes: Propiedad intelectual compartida contra la COVID19 / JEFFREY D. SACHS

 


Los gobiernos de Sudáfrica, la India y muchos otros países en desarrollo están pidiendo una liberación de derechos de propiedad intelectual (incluidas patentes de vacunas) para acelerar la producción mundial de suministros contra la covid-19. Tienen toda la razón. Las propiedades intelectuales relacionadas con la lucha contra la pandemia deben liberarse y, de hecho, compartirse activamente entre científicos, empresas y naciones.


La industria farmacéutica y los gobiernos de varios países productores de vacunas (incluidos Estados Unidos, el Reino Unido y la Comisión Europea) se han opuesto a la liberación de patentes 

[este artículo se escribió días antes de que Estados Unidos decidiera apoyar la liberalización de las patentes de las vacunas contra la covid], pero 150 dirigentes públicos y expertos enviaron una carta abierta al presidente estadounidense Joe Biden en apoyo de la iniciativa.

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 Ya no hay duda respecto a quién tiene razón. 

En vista del aumento de contagios de covid-19 en varias regiones (el caso más reciente es la India), la aparición continua de nuevas variantes letales del virus y la incapacidad de los fabricantes actuales para satisfacer la demanda global de vacunas, suspender la aplicación de los derechos de propiedad intelectual, o una medida equivalente, es una necesidad urgente desde el punto de vista práctico; y también es un imperativo moral.

Como regla general, la propiedad intelectual no debería ser obstáculo contra aumentos de producción que ayuden a luchar contra la covid-19 o cualquier otra emergencia de salud pública. Necesitamos que más países produzcan vacunas, kits de diagnóstico y otros materiales necesarios. Cualquier demora relacionada con la propiedad intelectual puede implicar millones de muertes adicionales por covid-19 y exponer a toda la población mundial a más mutaciones virales, con posibilidad de que se contagien personas que ya han sido vacunadas.

Pero aun así, nos encontramos con que las necesidades urgentes del mundo se enfrentan a estrechos intereses corporativos de unas pocas empresas farmacéuticas en Estados Unidos y Europa, que incluso están tratando de convertir su oposición a la liberación de patentes en una cuestión geopolítica, con el argumento de que hay que evitar que China y Rusia adquieran los conocimientos necesarios para producir vacunas basadas en ARNm. Este argumento es inmoral, y de hecho puede ser homicida. Si esa oposición frena la producción de vacunas eficaces en China y Rusia, pondrá en riesgo directo a todas las personas en Estados Unidos, Europa y el resto del mundo. Incluso en las mejores circunstancias, la propiedad intelectual implica un equilibrio entre costes y beneficios. Las patentes dan un incentivo a la innovación, pero al precio de conceder 20 años de poder monopolístico a sus titulares. De modo que hay que sopesar los beneficios de la innovación contra el coste del poder monopolístico que limita la oferta. En una pandemia mortal, la elección es clara: hay que liberar las patentes para aumentar el suministro de productos vitales que permitan poner fin a la pandemia.

El derecho internacional pertinente, codificado en el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio, ya reconoce que a veces es necesario y legítimo que los gobiernos anulen la propiedad intelectual apelando a licencias obligatorias para hacer frente a emergencias de salud pública. Dichas licencias permiten a empresas locales usar propiedades intelectuales patentadas. El derecho a la licencia obligatoria para proteger la salud pública se acordó en 2001 como parte del AADPIC en el caso de la producción para uso local, y en 2005 se amplió a la producción para exportación a países que carezcan de capacidad de producción propia.


Ver: 

Licencia obligatoria en PHARMACOSERIAS

 Brasil, China, la India, Rusia y Sudáfrica pueden desarrollar capacidad para aumentar el suministro global de vacunas contra la covid-19. Pero no quieren apelar a la licencia obligatoria por temor a represalias del Gobierno de Estados Unidos o de otros países en los que haya titulares de patentes. La liberación general de patentes vencerá el temor de los países a invocar la licencia obligatoria por separado y resolverá otros obstáculos burocráticos importantes que afectan el uso de esas licencias. También puede ayudar para otras tecnologías además de las vacunas (solventes y reactivos, frascos, kits de diagnóstico, etcétera). La liberación de patentes se puede diseñar de forma cuidadosa y selectiva. Los titulares deben recibir una compensación razonable por el uso exitoso de las patentes, y la aplicación debería limitarse a la lucha contra la covid, sin extensión automática a otros usos. Además, la suspensión de patentes debe ser temporal, digamos, por cinco años.

La industria farmacéutica sostiene que la suspensión la despojará de ganancias legítimas y de incentivos financieros para el desarrollo futuro de medicamentos.
Pero estas afirmaciones son muy exageradas y obedecen más a la codicia que a la razón. 

 Las patentes en posesión de Moderna, BioNTech-Pfizer y otras empresas no son resultado ante todo de innovaciones propias, sino más bien de investigaciones académicas financiadas por el Gobierno de Estados Unidos, en particular, a través de los Institutos Nacionales de Salud (NIH). Las empresas privadas reclaman derecho exclusivo a patentes que son resultado en gran medida de la financiación pública y de la investigación académica.

Algunos de los avances científicos más importantes en relación con las vacunas de ARNm son fruto de investigaciones realizadas con subvenciones de los NIH en los noventa y a principios de 2000 por una bioquímica y un inmunólogo de la Universidad de Pensilvania, y sus descubrimientos fueron posibles gracias a una red de investigadores académicos también financiada por los NIH. La Universidad de Pensilvania todavía es titular de patentes clave de las que dio licencia a BioNTech y Moderna. Desde la aparición de la covid-19, el Gobierno de Estados Unidos proveyó al menos 955 millones de dólares a Moderna para acelerar ensayos clínicos y otros procesos, y además suscribió con BioNTech-Pfizer un contrato de compra anticipada. En total, el Gobierno de Estados Unidos aportó más de 10.000 millones de dólares al desarrollo acelerado de vacunas contra la covid.

Ver: 

I+D con dinero público en PHARMACOSERÍAS

Las empresas aportaron inversores privados para crear capacidad de fabricación y sostener las últimas etapas de investigación y desarrollo y los ensayos clínicos necesarios para completar la creación de las vacunas. Es una participación importante para la cual los inversores privados arriesgaron sumas sustanciales. Pero tuvieron al hacerlo la colaboración indispensable del Gobierno de Estados Unidos.

Los inversores privados van a tener grandes ganancias, así que deberían contener la codicia (o alguien debería contenerla por ellos) y reconocer que en esta etapa es necesario compartir las patentes con todo el mundo. La capitalización actual de Moderna ronda los 73.400 millones de dólares, una cifra enorme en comparación con los 1.100 millones de dólares que recaudó la salida a Bolsa de la empresa en 2018.

 


Los beneficios de las vacunas de ARNm y otras propiedades intelectuales deben ponerse ya mismo a disposición de todo el mundo, y los conocimientos prácticos relacionados deben compartirse tan rápido y tan ampliamente como sea posible.

Podemos acelerar la inmunización en todo el mundo para salvar vidas, evitar la aparición de nuevas variantes y poner fin a la pandemia. La propiedad intelectual debe estar al servicio del bien mundial, no la humanidad al servicio de los intereses de unas pocas empresas privadas.


JEFFREY D. SACHS
  profesor de la Universidad de Columbia y director de su Centro de Desarrollo Sostenible. © Project Syndicate 1995–2021.

viernes, 27 de mayo de 2011

Cinema Paradiso: El medicamento, un derecho secuestrado









La salud es un derecho universal. A pesar de ello, un tercio de la población mundial no tiene acceso a los medicamentos esenciales. Para denunciar esta situación, Farmamundi ha elaborado este documental, resultado de cinco meses de intenso trabajo en España, Colombia, Suiza y Sierra Leona. Este ambicioso proyecto, dirigido por Yasmina Solanes con el amparo de la productora Mamma Team, ha contado con la cofinanciación de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha y la Agència Catalana de Cooperació Internacional per al Desenvolupament.

Medellín, Bogotá, Ginebra, Barcelona y Freetown. Un equipo de Farmamundi ha estado recorriendo varios países durante 2010 para dar vida a este documental sobre acceso a medicamentos esenciales en países en vías de desarrollo desde una perspectiva global. El proyecto se ha conformado a través de entrevistas a los actores más importantes relacionados con el mundo del medicamento.

En Colombia, el equipo se entrevistó con diferentes asociaciones de la sociedad civil e instituciones gubernamentales. Organizaciones como IFARMA, Recolvih y Misión Salud, entre otras, han estado luchando para conseguir la licencia obligatoria del Kaletra, antirretroviral del laboratorio farmacéutico Abbott, en este país. Aunque por el momento la licencia no ha sido concedida, si se ha conseguido una reducción muy significativa de su precio.

“También nos hemos entrevistado con diferentes organizaciones involucradas en la alianza CIDEPRO, alianza público privada dedicada a impulsar y gestionar procesos de investigación, desarrollo e innovación tendientes a generar productos para la salud eficaces, seguros y accesibles, priorizando los problemas de salud desatendidos por la sociedad y la industria, y en particular las enfermedades tropicales”, ha explicado de su experiencia en Colombia el vocal de Proyectos de Farmamundi, Eduard Soler.

El guión se ha elaborado con el apoyo de un grupo de expertos como Xavier Seuba, Judit Rius, Joan Rovira o Núria Homedes. El documental, que ya ha recorrido varias salas de cine de Cataluña en su versión en catalán con lleno absoluto en todas sus proyecciones, se presentó a nivel nacional en Albacete, a fin de dar a conocer la política comercial de la industria farmacéutica y sus consecuencias sobre la salud de los más vulnerables.


martes, 8 de febrero de 2011

Guatemala / Tahilandia: Presiones USA contra los genéricos.

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"Ha sido a lo que más esfuerzos hemos dedicado". Y ganaron. Así relata la Embajada de EE UU en Guatemala su batalla para que el Gobierno vetara una ley que promovía la eliminación de la patente de los medicamentos. Pero no siempre lo consiguen. Tailandia, más desarrollada, consiguió resistir las presiones combinadas de los diplomáticos y la empresa Merck para fabricar sus propios fármacos antivirales, que necesitaba su programa para dar acceso al creciente número de personas con VIH

La Organización Mundial del Comercio (OMC) permitió, en 2003, que un país con una crisis sanitaria no respete la protección intelectual para un fármaco, y fabrique o importe un genérico. Algunas ONG vieron en esos acuerdos (ADPIC en español) la puerta abierta para una de sus grandes reivindicaciones. Pero no contaron con el contrapeso de la presión estadounidense, siempre velando por sus laboratorios.

Y Rigoberta Menchú que papel juega en esto?

"A la vez, hay una intensa campaña mediática ("public diplomacy Blitzkrieg", la llama el cable). Para reforzarla, se buscan los trapos sucios de los protagonistas. Menchú "posee la franquicia de la compañía mexicana Farmacias Similares, y vende la posibilidad de abrir oficinas por 25.000 dólares en efectivo".


Y Merck...?

Pero, a veces, EE UU no se sale con la suya. Es el caso de Tailandia. "El 29 de noviembre [de 2006], el Ministerio de Salud Pública anunció que se iba a decretar una licencia obligatoria [pérdida de patente] para el efavirenz, una medicina de Merck usada para tratar el VIH". "El ministerio alega el alto precio del fármaco como una barrera para el acceso".

Ver todo el artículo de Emilio de Benito/El PAIS 7.2.2011

jueves, 30 de marzo de 2017

Médicos del Mundo: Otra patente sobre Sofosbuvir...No


París-Madrid, 27 de marzo de 2017.- 

Médicos del Mundo ha presentado hoy una nueva oposición a la patente del Sofosvubir, el fármaco que permite curar la Hepatitis C. En este caso, el recurso se basa en el compuesto usado para producir el medicamento. 

Esta importante patente que protege el Sofosbuvir fue concedida a Gilead en junio de 2016. La ONG sanitaria entiende, sin embargo, que no cumple con los requisitos definidos por el Convenio Europeo de Patentes de 1973. 

Con esta acción, Médicos del Mundo continúa con la campaña que mantiene desde hace años para reducir los precios exorbitantes de los nuevos medicamentos utilizados contra la hepatitis C en Europa. 

Estos precios impiden el acceso generalizado a tratamientos que salvan vidas para todas las personas que los necesitan. 

La organización ya presentó una oposición a otra patente de este fármaco en febrero de 2015. En octubre de 2016, la Oficina Europea de Patentes determinó que la empresa farmacéutica no había respetado todas las reglas que rigen el sistema de patentes. Esta decisión supuso que la fórmula química que definía al Sofosbuvir dejó de estar primaria y completamente protegida por la patente. Sin embargo, Gilead sigue facturando precios muy altos para un fármaco que ya ha perdido la protección inicial y los gobiernos siguen aceptando pagar esos elevados precios. 

La oposición planteada en 2015 fue la primera llevada a cabo en contra de una patente de medicamentos por parte de la sociedad civil en Europa. Hemos demostrado que tenemos un papel que jugar en el sistema europeo de patentes para denunciar el incumplimiento de la regulación, y que podemos hacerlo con éxito", destaca Françoise Sivignon, presidenta de Médicos del Mundo Francia. 

Nuestro procedimiento anterior ha allanado el camino. A día de hoy, 30 organizaciones no gubernamentales y de la sociedad civil de 17 países europeos están comprometidas en este nuevo procedimiento. 10 delegaciones de la red internacional de Médicos del Mundo y 13 de la red de Médicos sin Fronteras en Europa, 5 organizaciones sociales nacionales y la Alianza Europea para la Salud Pública se unen a esta nueva oposición. En España, Médicos del Mundo y Salud por Derecho son las dos entidades que se oponen a la patente. 

"Sí, los medicamentos son productos de mercado y están sometidos a un sistema de patentes. Pero hay unas reglas. Sin embargo, ni las reglas de patentabilidad son siempre respetadas por las compañías farmacéuticas ni las reglas del mercado se aplican por todos los gobiernos”, afirma Olivier Maguet, responsable de la campaña sobre el precio de los medicamentos de Médicos del Mundo. 

Lanzando este reto al sistema de patentes, Médicos del Mundo pretende generar argumentos legales que puedan ayudar a los Estados a lograr un equilibrio de fuerzas en la negociación con las poderosas compañías farmacéuticas; una relación hasta ahora claramente inclinada a favor de estas últimas. Esta nueva acción debería incentivar a los gobiernos a utilizar la herramienta legal más potente en su poder: la licencia obligatoria.(Ver)