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viernes, 7 de septiembre de 2018

Ratón de biblioteca: LSD Como descubri el ácido y que paso después en el mundo / Albert Hofmann

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«Todo centelleaba y refulgía con una luz viva. El mundo parecía recién creado. Todos mis sentidos vibraban en un estado de máxima sensibilidad». 

Así describía Albert Hofmann el primer viaje de LSD, probablemente el hallazgo psicofarmacológico con mayores consecuencias culturales y sociales del siglo XX. 

Ver:

Ha muerto el Dr. Albert Hofmann "Padre del LSD"


Ignoraba que su descubrimiento sería uno de los pilares del movimiento hippie y de una revolución contracultural que removería profundamente las sociedades occidentales. 

En este clásico de la literatura sobre drogas, Hofmann relata su historia con la LSD (el descubrimiento casual de sus efectos, la investigación científica que siguió, el aterrizaje del ácido lisérgico en el panorama cultural de la época, su posterior masificación, etc.), así como las experiencias de intelectuales como Timothy Leary, Ernst Jünger o Aldous Huxley, quien consideraba la LSD como una puerta hacia una percepción más plena de la existencia.

Ver:

Citario/El dijo que...: Timothy Leary


La LSD enseguida se vio como una amenaza para la salud pública y el orden establecido y sus prometedoras aplicaciones terapéuticas quedaron en suspenso debido a la cruzada prohibicionista. Hoy, inapelables investigaciones científicas suscitan un renovado interés por sus utilidades clínicas.

Ver:

«Le LSD, ce n'est pas le diable» Dr. Peter Gasser


José Carlos Bouso, una de las máximas autoridades mundiales en farmacología y sustancias psicoactivas, ha añadido un generoso aparato crítico al libro de Hofmann que actualiza y arroja una luz imprescindible sobre los episodios más opacos de la historia de la LSD. (ver)

 Ver todo sobre


Albert Hofmann en PHARMACOSERÍAS

LSD en PHARMACOSERÍAS

miércoles, 14 de mayo de 2008

Ha muerto el Dr. Albert Hofmann "Padre del LSD"


Albert Hofmann, El padre del LSD, fallecio a las 9am el martes 29 de Abril de 2008 en su casa en Basel, Suiza. La causa de muerte fue un paro cardiaco, dos cuidadores estaban con el en ese momento.



Albert Hofmann nació en 1906 en Baden (Suiza), se doctoró en la Universidad de Zurich (Suiza), trabajó durante 42 años en la farmacéutica Sandoz (Suiza) y desde su jubilación en 1971 vivia en Rittmatte (Suiza). No tuvo una vida signada por la monotonía: en 1943, cuando un misterioso presentimiento lo llevó a sintetizar nuevamente una sustancia que cinco años antes había sido descartada por el laboratorio (Lyserg Säure-Diäthylamid 25, su nombre), se vio obligado a interrumpir su trabajo por efecto de un malestar y volvió a su casa.


“Me recosté y me hundí en un estado de ebriedad nada desagradable, caracterizado por una imaginación extremadamente activa. En la penumbra y con los ojos cerrados –la luz del día me parecía desagradablemente brillante– percibí una cadena ininterrumpida de imágenes fantásticas de increíble plasticidad y de un intenso, calidoscópico juego de colores.”


El Dr. Hofmann cuidaba meticulosamente la higiene en su trabajo, por lo que le era inexplicable haber entrado en contacto con alguna sustancia más que a través de la piel y en cantidades minúsculas. Si la sustancia que había estado manipulando era efectivamente la causa de esta experiencia bizarra, debía tener una potencia nunca vista.


“Parecía haber una sola forma de llegar al fondo de esto. Decidí experimentar en mí mismo.”


La temeraria acción tuvo lugar el 19 de abril de 1943 en el significativo horario de las 4.20.


“Mareos incipientes, sentimiento de ansiedad, distorsiones visuales, síntomas de parálisis, deseo de reír”,


es todo lo que pudo anotar el doctor luego de ingerir 0,25 mg de
LSD.


Mientras en la convulsionada Varsovia comenzaba el levantamiento final del Ghetto, en la tranquila Basilea tenía lugar, sobre dos ruedas, el primer trip lisérgico intencional de la historia de Occidente
(con las mejores intenciones)


Una vez superadas sin (demasiados) accidentes las pruebas en animales (“en los peces se observaron posturas de nado inusuales, mientras que en las arañas el LSD aparentemente produjo alteraciones en el tejido de las telas”), la droga quedó bajo el dominio de la psiquiatría.

Los efectos observados recordaban lo que ya se conocía de la mescalina, sólo que el
LSD era de 5 mil a 10 mil veces más activo. Además del aspecto cuantitativo, presentaba una diferencia cualitativa fundamental: por su alta especificidad, parecía hecho especialmente para trastornar la mente de los humanos.


Los laboratorios Sandoz produjeron la prometedora droga bajo el nombre de Delysid, que se repartía en forma gratuita entre los investigadores.


Lo que en su prospecto estaba asentado como “propiedades” hoy ocuparía el rango de efectos secundarios indeseables: “Trastorno transitorio de los afectos, alucinaciones, pérdida de la personalidad, revitalización de memorias reprimidas y leves síntomas neurovegetativos”. Sus áreas de uso eran dos: la psicoterapia analítica (“para obtener la liberación de material reprimido y proveer relajación mental particularmente en estados de ansiedad y neurosis obsesiva”) y para estudios experimentales acerca de la naturaleza de las psicosis: “Delysid puede ser usado también para inducir psicosis de duración corta en sujetos normales, facilitando así el estudio de la patogénesis de las enfermedades mentales”.



FIESTA



Hofmann sabía que una droga así presentada reunía las condiciones suficientes como para despertar una cierta curiosidad fuera de los laboratorios, sobre todo entre escritores y artistas. No intuyó, en cambio, si hemos de dar fe a sus confesiones, que podía hallar cabida en un público más masivo, hasta convertirse en una de las drogas más populares, y sin dudas la más simbólica, de toda una generación. El puente fue tendido por los medios.

Aunque los experimentos seguían llevándose a cabo en las clínicas, los resultados comenzaron a publicarse en revistas y periódicos. Los voluntarios para experimentar LSD se multiplicaron como actores masculinos en un casting para una película pornográfica.


Probablemente la crónica que más impacto causó en la opinión pública fue la publicada por la revista Look en septiembre de 1959: “La curiosa historia detrás del nuevo Cary Grant”. Allí, el único actor que Hitchcock toleró en su vida contaba que el yoga, la hipnosis y el misticismo no habían logrado darle la paz interior que sí le dio el LSD: “Nací de nuevo”, declaró.


Otras publicaciones no científicas fomentaron la fama de “la bomba atómica espiritual”, “la única invención feliz del siglo XX”, como la apodaron los entusiastas. Entre ellas, los best-sellers Explorando el espacio interior de Jane Dunlap (1961) y Mi yo y yo de Constance Newland (1963). En este segundo libro, Newland contaba que un tratamiento a base de ácido lisérgico la había curado de su frigidez. “Después de tales declaraciones –anota Hofmann–, uno puede imaginarse que mucha gente quiso experimentar por sí misma esta medicina maravillosa.”


La adopción del LSD por parte del movimiento hippie politizó la droga, transformando su consumo en un acto de resistencia antiestablishment. Paralelamente comenzaron a aparecer historias sobre crímenes, suicidios y crisis psicóticas influenciadas por la droga. “Ojalá no la hubieses descubierto”, cuenta Hofmann que le dijo su jefe.

Para la empresa farmacéutica Sandoz, la histeria colectiva sólo significaba “una carga de trabajo improductivo”, por lo que en 1965 se decidió discontinuar su producción. Dos años más tarde, las leyes de Estados Unidos incluyeron el LSD entre las drogas más peligrosas, prohibiendo su uso académico, psiquiátrico y aun religioso (el peyote, su pariente mexicano, sí puede usarse en ciertas festividades).


Desde 1971, la prohibición se extendió a todos los países miembro de las Naciones Unidas y, contra todo lo esperable, funcionó. El LSD perdió paulatinamente importancia, cediendo el pedestal a drogas mucho más dañinas para el cuerpo como las anfetaminas, la cocaína y la heroína.




EL APOSTOL



Un capítulo de LSD: Mi niño problemático (1979),
la biografía del LSD que escribió Hofmann, está dedicado a Timothy Leary, su máximo apóstol. En 1963, recuerda Hofmann, Sandoz recibió de Leary un pedido de LSD equivalente a un millón de dosis, primero con el sello de Harvard, donde Leary enseñaba psicología, y luego con el de una ignota Federación Internacional por la Liberación Interna. “Poco después, Leary fue despedido del staff de profesores de Harvard porque sus investigaciones, al principio conducidas en un ambiente académico, perdieron su carácter científico: los experimentos se transformaron en fiestas de LSD.”

Cuenta Hofmann que Leary creó un “centro de estudios” en Zihuatanejo, México, y luego (de ser expulsado del país) otro en Millbrook, Nueva York. La Fundación Castalia y sus “seminarios psicodélicos” se convirtieron pronto en la meca del movimiento (el nombre de la fundación deriva del reino espiritual imaginado por Hesse en El juego de abalorios, donde Castalia significa tanto como “la ciudad de la castidad”; hay razones para creer que la cita de Leary presenta una cierta dosis de ironía).

Más tarde, el mesías del ácido lisérgico se convirtió al hinduismo, creó la LSD (League of Spiritual Discovery), fue encarcelado, se escapó y pidió asilo político en Suiza.
El 3 de septiembre de 1971, padre y apóstol del LSD se encontraron en un bar de estación. Por su figura esbelta, bronceada y jovial, Leary “daba el tipo más de un campeón de tenis que de un ex profesor de Harvard”. Fue un intercambio aparentemente cordial, aunque Hofmann aprovechó para recriminar a Leary la publicidad desmedida que hacía de la droga y su hábito de propagarla incluso entre los más jóvenes.

En un reciente reportaje con el New York Times, lo trató de criminal.
CIA(NURO) Además del capítulo dedicado a Leary, Hofmann reproduce su correspondencia con Aldous Houxley, cuenta en detalle sus viajes mentales junto a Ernst Junger y habla extensamente de hongos y plantas mágicas. No hace ninguna mención, sin embargo, de los experimentos llevados a cabo por la CIA con LSD, el único uso verdaderamente criminal que se le dio a la droga.

El proyecto de control mental MKULTRA comenzó a diez años del descubrimiento de Hofmann y duró casi hasta la prohibición. Dirigido por el Dr. Sidney Gottlieb, su objetivo era desarrollar una “droga de la verdad” con la cual interrogar a los prisioneros de guerra (fría) y eventualmente matar a Fidel.
Se experimentó con todo tipo de drogas e incluso con electricidad. Los experimentos con LSD se llevaban a cabo muchas veces sin el conocimiento de los damnificados y contemplaban su tortura psíquica y física. La droga resultó ser demasiado impredecible, por lo que la CIA suspendió los experimentos. Algunos conspirativistas creen que precisamente por su poder de disolución los servicios decidieron introducir el ácido en el movimiento hippie a través del recóndito Al Hubbard, conocido como el “Capitán Viajes” porque siempre llevaba una valija de cuero con LSD y otras drogas.


Al menos uno de los experimentos de la CIA terminó de forma fatal. En noviembre de 1953, el Dr. Frank Olson, bioquímico especialista en armas biológicas, cayó desde la ventana cerrada de un piso 22. Instigada por un artículo en el NYT, una comisión del congreso reveló en 1975 que Olson había bebido LSD sin saberlo. No fue la única baja que dejaron los experimentos de la CIA, pero como los documentos del proyecto MKULTRA fueron quemados es difícil reconstruir otros casos. En 1976, el presidente Ford prohibió a la CIA toda experimentación en humanos sin su previo consentimiento. Hay razones para creer que la prohibición no funcionó.



Desde hacia poco caminaba con bastón y necesitó la ayuda de anteojos o audífonos. Su pócima de la longevidad no era el LSD sino la casa que se hizo construir hace 35 años cerca de la frontera suiza con Francia: “Si viviera en la ciudad, hace tiempo que me hubiera muerto –le dijo al diario alemán Taz–.

"Tuve la suerte de vivir aquí, en este paraíso, y cuando se vive en el paraíso, uno no quiere irse tan pronto”
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A pesar del uso abusivo y de la prohibición, Hofmann siguió convencido de que el LSD tenia futuro. “Debería ser una sustancia controlada con el mismo status que la morfina”, dijo al NYT. Su mayor preocupación continúa siendo la escisión entre sujeto y objeto en la sociedad moderna, y eso es exactamente lo que el LSD puede ayudar a superar. “Bajo el LSD, los lazos entre el yo que experimenta y el mundo exterior prácticamente desaparecen”, establece hacia el final de su libro.


Recordando los misterios eleusianos y la gesta dionisíaca de Nietzsche, Hofmann reclamaba no una vuelta rousseauna a la naturaleza sino una re-experimentación de la unidad de todo lo vivo a través de la meditación. Yo creo que la verdadera importancia del LSD está en la posibilidad de proveer ayuda material a la meditación que busca una experiencia más profunda y comprensiva de la realidad. Ese uso está del todo en acuerdo con la esencia y el carácter del LSD como una droga sacra.”


Textos de Ariel Magnus






Viajando con Jungen


Por Albert Hofmann

El LSD se acerca al arte.


A principios de febrero de 1951 vino la gran aventura: un viaje de LSD con Ernst Junger. Puesto que hasta ese momento sólo había reportes de experimentos con LSD en conexión con investigaciones psiquiátricas, este experimento me interesaba especialmente: era la oportunidad de observar los efectos del LSD en un artista, dentro de un ambiente no médico. Esto fue un poco antes de que Aldous Huxley comenzara a experimentar con mescalina desde la misma perspectiva, sobre lo que habló en sus dos libros, Las puertas de la percepción y Cielo e Infierno.

El viaje tuvo lugar a las 10 de la mañana en la sala de estar de nuestra casa en Bottmingen. Ya que la reacción de un hombre tan sensible como Ernst Junger era impredecible, se eligió una dosis baja, sólo 0,05 mg.


La fase inicial estuvo caracterizada por la intensificación de la experiencia estética. En mutuo estupor contemplamos el humo ascendiendo con la soltura del pensamiento desde el incienso japonés. Cuando la embriaguez se hizo más profunda y la conversación llegó a su fin, alcanzamos fantásticas ensoñaciones sentados en nuestros sillones con los ojos cerrados. Ernst Junger disfrutó del despliegue colorido de imágenes orientales; yo estaba de viaje entre tribus bereberes en el norte de Africa.

El retorno de nuestro estado alterado de conciencia estuvo asociado con una gran sensibilidad al frío. Como viajeros congelados, nos envolvimos en cobertores para el aterrizaje. El retorno a la realidad cotidiana fue celebrado con una buena cena, en donde el Borgoña fluyó copiosamente.

El viaje estuvo caracterizado por el paralelismo de nuestras experiencias, percibidas como profundamente alegres. Estuvimos cerca de la puerta de una experiencia mística; sin embargo, no ocurrió. La dosis elegida era demasiado baja. Malinterpretando esta razón, Ernst Junger, que con anterioridad había entrado en reinos más profundos de la mano de dosis más altas de mescalina, observó: “Comparado con el tigre mescalina, su LSD es, después de todo, no más que un gato casero”. Posteriores experimentos con dosis más altas de LSD lo obligaron a revisar sus opiniones.

La segunda y última inmersión en el universo interno junto a Ernst Junger nos llevó muy lejos de la conciencia de todos los días. Fue en febrero de 1970. Ernst Junger tomó 0,15 mg de LSD y yo 0,10. Llegamos muy cerca de la puerta final. Claro que esta puerta, según Ernst Junger, sólo se abrirá para nosotros en la gran transición entre la vida y el más allá.





domingo, 8 de junio de 2014

Adiós a Sasha Shulgin (Berkeley, California, 1925 - 2014)

"Las drogas psicodélicas no te transforman 
–no transforman tu carácter– 
al menos de que quieras transformarte. 
Hacen posible la transformación."

Sasha Shulgin.


Alexander Shulgin (1925-2014), el químico estadounidense responsable de introducir el MDMA con fines terapeúticos y de sintetizar más de 230 sustancias psicoactivas. Shulgin, quien había estado luchando con el cáncer, es llamado el “Padrino de los Psicodélicos” o”Daddy Ecstasy” y junto on sus esposa Anne Shulgin es responsable de explorar a fondo y con cariño las dos familas más importantes de la farmacopea psicodélica, las feniletilaminas (descritas en su libro Pihkal) y las triptaminas (descritas en su libro Tihkal).

Sasha es considerado también el padre de las drogas de diseño, luego de que descubriera que con un ligero tweak molecular se podían obtener una casi infinita cantidad de variaciones químicas capaces de producir diferentes efectos –casi estilos psicodélicos, unos más placenteros que otros– siguiendo como base las sustancias que se encontraban en la naturaleza como la psilocibina, el DMT o la mezcalina. De la familia de las feniletilaminas (en la que se encuentra las mezcalina y el MDMA), Shulgin sintetizó el 2C-B en 1974, una sustancia que ha cobrado gran popularidad en los últimos años, que en un principio era considerada un afrodisiaco psicodélico, y que constituye la primera droga psicodélica de auteur, como tal. Siguieron muchos psicoactivos más de la familia del 2C y muchas otras de la familia de las triptaminas, cuyo linaje incluye al DMT y a la psilocibina. Este diseño de drogas psicodélicas ha revolucionado el mercado, permitiendo que se consuman sustancias muy similares a los hongos alucinógenos, al peyote, al éxtasis o a la ayahuasca de manera legal, burlando las ridículas leyes de prohibición. Algo que ha sido profundamente liberador para los psiconautas a la vez que peligroso al obligarlos a moverse en territorios inexplorados, sin la protección de una tradición, experimentando con poderosas sustancias cuyos efectos son en gran medida desconocidos. 

Después de recibir su doctorado en bioquímica por la Universidad de UC Berkley, Shulgin inició una carrera en la industria farmacéutica, trabajando en la síntesis de pesticidas para Dow Chemical*

Por suerte, a los 35 años probó la mezcalina, y esta experiencia transformó su vida, revelándole que tenía “infinitas cosas adentro”, una visión pletórica del universo químico que subyace la materia en su danza molecular. A partir de esto empezó a realizar una serie de modificaciones moleculares que cuidadosamente –y de manera heróica– probó el mismo, trabajando con sus propios recursos, como un maverick en una zona gris al borde de lo ilegal, luego publicando sus descubrimientos en revistas científicas. 

El trabajo de Shulgin no sólo tiene una aplicación recreacional o cualitativa (en las experiencias que ha detonado indirectamente). La enramada de estructuras químicas que exploró tenía que ver con neurotransmisores como la serotonina y la dopamina y con funciones cerebrales como los sistemas de percepción visual y auditivos. Algunos de sus compuestos son usados en la neurobiología para estudiar los receptores de serotonina en el cerebro y los mecanismos de acción de los antidepresivos y los antipsicóticos, así como la neuroplasticidad del cerebro. Se ha encontrado que el compuesto 2,5-dimethoxy-4-iodoanfetamina, mejor conocido como DOI, promoueve la neurogénesis y la reorganización de espinas dendríticas y conexiones sinápticas. 
 
Albert Hofmann, Alexander Shulgin, Robert Anton Wilson, Timothy Leary, Terence McKenna, Ann Shulgin, Dennis McKenna, Ralph Abraham and John C. Lilly.
Shulgin, en otro mundo, como Hofmann, habría ganado el Premio Nobel. (Más)

"Hay una cantidad innumerable de información 
dentro de nosotros, 
algo similar a una biblioteca 
con incontables volúmenes de referencia,
pero sin un método de acceso claro".

Alexander 'Sasha' Shulgin no era un químico más. Igual que Albert Hofmann (1906-2008), descubridor del LSD, pertenece a ese grupo de investigadores químicos que abrieron lo que Aldous Huxley llamó "las puertas de la percepción". Durante varias décadas, experimentó con sustancias psicoactivas, sintetizando más de 200 nuevas, y contribuyó a propagarlas mediante un aparato teórico y filosófico que iba más allá del mero prospecto farmacéutico. Quería ayudar a acceder a esos libros ocultos de nuestro interior.(Más)



(*) After a rash of bad press about street drug abuse in the 1960s, Dow became concerned with the possibility of an adverse public reaction to the nature of Sasha’s work, and requested that he cease to publish as an employee of the company. Sasha subsequently ended his career with Dow in the mid-1960s to pursue independent research and employment as a consultant. He began teaching classes in local universities and at the San Francisco General Hospital.(Más)

viernes, 4 de septiembre de 2009

Cinema Paradiso: Power&Control LSD in the 60´s



Power and Control: LSD in the 60s
Aron Ranen (2005, USA, 70 minutes)

Aron Ranen, San Francisco’s foremost Gonzo documentarian, returns to IndieFest with a special work-in-progress screening of his latest feature film – a peripatetic journey to discover the secret history of psychedelics. He follows the story wherever it leads him – from the legitimate experiments conducted at the Harvard Divinity school to rather bizarre plans to unleash LSD on enemy troops on the battlefield.

He interviews Ram Dass (who was Richard Alpert when he was still Timothy Leary’s associate at Harvard), visits Paul Krassner former editor of The Realist, ‘Monkey Mike’ – a North Bay researcher who (with the government’s blessing) kept primates in huge cages in his backyard and was gave them LSD as late as the mid-70s, and he locates the notorious North Beach brothel used by the CIA to dose unsuspecting Johns (as agents observed the resultant chaos from behind one-way mirrors). Drop ‘em if you got ‘em.

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Ver Parte #2
Ver Parte #3
Ver Parte #4 (Fin)









Hofmann's Potion traces D-lysergic acid diethylamide (LSD) from its initial discovery in 1943 by Swiss chemist Dr. Albert Hofmann, through its heyday in the 1960s counterculture, to its present status as a banned or controlled substance in many Western countries. The film offers a sensitive and sympathetic portrayal of the chemists, biochemists, psychiatrists, and psychologists in the 1940s and '50s who privileged the model of mental illness based on brain chemistry over and above the psychoanalytic model in vogue at that time. Stationed in Canada, the United States, England, and Czechoslovakia, these pioneers made unprecedented advancements in treating various mental illnesses with LSD. Yet despite the rigorous standards the researchers adhered to, their groundbreaking work was choked out by the negative publicity that cropped up around amateurish thrill-seekers on LSD in the 1960s.

Director Connie Littlefield's documentary unfolds through a series of interviews with nine researchers, juxtaposed with archival interviews from the 1950s and '60s. Since the narrator intervenes only minimally and there is no visible or audible interviewer, interviewees appear to address viewers directly. Littlefield presents the interviewees as competent, intelligent, articulate academics with a thorough knowledge of LSD and a great compassion for human beings. The researchers are just as passionate about their work in the contemporary footage as they are in the archival clips.

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Ver peli: Hofmann´s Potion

viernes, 9 de noviembre de 2018

Ratón de biblioteca: Como cambiar tu mente / Michael Pollan

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"Cómo cambiar tu mente. Lo que la nueva ciencia de la psicodelia nos enseña sobre la conciencia, la muerte, la adicción, la depresión y la transcendencia" (Debate; traducción de Manuel Manzano).

 

El título original funciona mejor: "How To Change Your Mind" puede traducirse también por “cómo cambiar de idea”, que fue precisamente lo que hizo Pollan (Long Island, Nueva York, 1953). Fumador ocasional de hierba, estaba a punto de cumplir 60 años cuando decidió ir un poco más allá en el escarpado camino de las sustancias alucinógenas.(...)

...Los detalles de la génesis de la primera oleada psicodélica son, como parte del gran relato de la contracultura, más conocidos que los de la segunda.  

Albert Hofmann sintetizó el LSD por casualidad en 1938 en un laboratorio de Basilea (Suiza), pero no fue hasta cinco años después cuando probó la poderosa sustancia (una simple gota es suficiente para pegarle a la conciencia un buen meneo de unas 10 horas). Aquel día, ­Hofmann se fue a casa en bicicleta. Durante ese viaje inaugural, comprobó por primera vez los inesperados efectos de su criatura.(...)


Ver: Todo sobre LSD en PHARMACOSERÍAS

La nueva droga, que se exportaba legalmente a Estados Unidos desde los laboratorios suizos Sandoz, gozó de una saludable reputación más o menos en la misma época en la que la experiencia con setas mexicanas de un banquero de Nueva York, R. Gordon ­Wasson, ocupó la portada de la revista Life (que entonces tenía una tirada de 5,7 millones de ejemplares).

Fueron los años de la luna de miel entre los alucinógenos y la ­opinión pública estadounidense. Ambas poderosas moléculas, la dietilamida de ácido lisérgico y la -psilocibina, empleada en México y Centroamérica desde hace cientos de años, dejaron una honda muesca en la historia social, cultural y política del siglo XX, desde el escritor Aldous Huxley, un temprano entusiasta, hasta el actor Cary Grant, que cantó las bondades de un buen viaje (en realidad, se sometió a 60 sesiones, al final de las cuales sintió cómo “se desvanecían la tristeza y la vanidad”, según contó en una entrevista en 1959). (...)

...En el libro, el periodista sostiene que es virtualmente imposible morir de una sobredosis de esta droga o de psilocibina, y que ninguna de las dos sustancias es adictiva. “Después de probarlas una vez, los animales no buscan una segunda dosis, y el uso repetido por parte de las personas le resta efecto.(...)

...En su libro deja fuera drogas sobre las que no existen estudios científicos, como la ayahuasca (que está viviendo un boom también fuera de los países de Sudamérica donde se usa desde hace siglos) o las microdosis de LSD, cuyo ritual —tomar en días alternos cantidades imperceptibles de la sustancia— hace furor en Silicon Valley como herramienta para mejorar el rendimiento y la creatividad. (Pollan ve ahí una lógica perversa: 


Es la típica maniobra del capitalismo, cogen una droga como el LSD, con un alto poder subversivo y antijerárquico, y la convierten en algo productivo y útil, como tomarse un café”).(...)  

Ver: Todo sobre "smart drugs" en PHARMACOSERÍAS


...Así se viene trabajando desde hace años en instituciones como las universidades de Nueva York, Los Ángeles, Nuevo México, Zúrich o el Imperial College de Londres, que tiene un programa que estudia la influencia de los psicoactivos en la actividad cerebral. 
En septiembre, expertos de la Johns Hopkins pidieron a las autoridades estadounidenses que sacaran la psilocibina del saco de las drogas de mayor peligrosidad (donde convive desde 1970 con la heroína) para meterla junto al Valium o el Xanax en la categoría IV de sustancias con bajo potencial de abuso o dependencia. Para Pollan, la prohibición del empleo científico de las drogas psicodélicas durante décadas como consecuencia de los desmanes hippies en los años sesenta es como si se hubiese hecho desaparecer del botiquín de los médicos la morfina en respuesta a los estragos de la heroína.(...)

...el renacer psicodélico no tiene vuelta atrás, responde: “Diría que sí, sobre todo por la crisis mundial de salud mental que estamos viviendo. Necesitamos respuestas alternativas. No ha habido ningún avance relevante en ese campo desde el descubrimiento de los antidepresivos a finales de los ochenta. Estamos más cerca del día en el que se permita el uso medicinal de los fármacos psicodélicos que cuando empecé con el libro”.

A eso podría ayudar, añade, que en el contexto de la guerra contra las drogas, las psicodélicas están lejos de la primera línea de batalla de sustancias como los opiáceos o la cocaína.


El País Semanal 28.X.2018
“Tampoco parecen ansiosas las farmacéuticas por entrar: 
 no son rentables, no hay patentes que explotar 
y no se pueden tomar cada día. 
Y ya se sabe: a las grandes compañías 
les interesan más que nada 
los fármacos que te tengan pendiente a diario”.

sábado, 2 de abril de 2011

Owsley Stanley, el mayor productor de LSD, murió en Australia

SÍDNEY, Australia.-

El estadounidense Owsley “Bear” (Oso) Stanley, quien se convirtió en la década de los sesenta en uno de los primeros en fabricar masivamente LSD, murió en un accidente en el norte de Australia, informaron hoy medios locales.

Stanley, antiguo ingeniero de sonido de la banda “Grateful Dead”, falleció el domingo pasado a los 76 años de edad tras estrellar su coche contra un árbol cerca de su vivienda en el estado de Queensland, al noreste de Australia.

Un ex representante de los “Rolling Stones” y “Grateful Dead Sam Cutler” manifestó hoy a la emisora ABC que Stanley fue “una enorme influencia” para los hippies, también llamada generación del “flower power”.

Antes de que el LSD (dietilamida de ácido lisérgico) fuera declarada ilegal, Stanley fabricó millones de dosis de esta droga alucinógena en su laboratorio en la ciudad de San Francisco, lo que dio un impulso a la música psicodélica de la década de los sesenta.

Pero además, Stanley también fue el que “inventó y desarrolló” el sonido estéreo en los concierto de rock y el primero en colocar monitores en el escenario para que las bandas puedan escucharse, subrayó el ex representante de “Grateful Dead”.

(Ver)


Ver tambien:

Ha muerto el Dr. Albert Hofmann "Padre del LSD"

jueves, 29 de marzo de 2018

«Le LSD, ce n'est pas le diable» Dr. Peter Gasser


Después de más de 40 años en los que estudios médicos con LSD habían sido tabú en la comunidad científica, se completó un estudio para investigar su uso terapéutico en Suiza.


Según informa Rick Doblin, director de MAPS (Mulidisciplinary Association for Psychedelic Studies), el estudio fue un éxito rotundo en cuanto a las posibilidades del LSD para tratar la ansiedad relacionada a la muerte, y sin que se presentaran efectos adversos.


El experimento, realizado con el método de doble-ciego controlado por placebo, fue realizado por el doctor Peter Gasser, quien reportó que los 12 pacientes recibieron beneficios del tratamiento.

Ver: 
Médecine «Le LSD, ce n'est pas le diable»

Estoy orgulloso de decir que tuvimos 30 sesiones (22 con dosis completa de 200 μg de LSD y 6 con dosis placebo de 20 μg de LSD) y ningún efecto secundario severo, como reacciones psicóticas, crisis suicidas, flashbacks o ansiedad severa (mal viajes...). Esto significa que podemos demostrar que el tratamiento con LSD puede ser una alternativa segura cuando se hace en un ambiente clínico cuidadosamente controlado.

Las personas tratadas fueron pacientes con enfermedades terminales, por lo que es especialmente notable que no se presentaran crisis. El LSD también tiene promisioria aplicación en el tratamiento de migrañas y cefaleas en racimo. Otras sustancias psicodélicas han sido usadas con éxito en los últimos años: la ketamina para tratar la depresión severa, el MDMA para tratar la depresión post-traumática, la psilocibina para la ansiedad y la depresión y la ayahuasca y la ibogaína parecen ser efectivas para ayudar a personas que buscan dejar las adicciones. (Ver)

Ver también:
Ha muerto el Dr. Albert Hofmann "Padre del LSD"