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sábado, 20 de marzo de 2021

España: Información sobre fármacos en prensa antes de COVI19 /Gonzalo Casino*

 


Las noticias sobre fármacos son importantes para los profesionales de la salud, las empresas y el público general. Sin embargo, faltan estudios que analicen los artículos periodísticos sobre fármacos. 

Este trabajo utiliza el análisis de contenido para examinar los artículos sobre fármacos en 17 periódicos españoles (13 generalistas, dos económicos y dos profesionales) desde 2008 hasta 2017. 

En promedio, tanto los periódicos generalistas como los económicos publicaron tres artículos sobre fármacos cada semana, mientras que los profesionales 14 cada semana. 

 

En conjunto, el número de artículos sobre fármacos disminuyó un 10%. 

Los temas relacionados con fármacos más cubiertos en 2017 fueron el cáncer y los genéricos; el menos cubierto fue la investigación preclínica. Se publicaron cuatro veces más artículos sobre investigación clínica que sobre investigación preclínica. 


La prensa económica publicó más sobre investigación clínica y preclínica que otros tipos de prensa.

"One of the main contributions of the present study is that it provides numerical estimates based on diverse publications to contextualize the information about drugs that is published in general, business, and professional newspapers in Spain. However, some limitations of this study must be mentioned. Although the study analyzed 17 newspapers and a science news agency with large circulations, these publications are not necessarily representative of the Spanish press, nor do they represent the entire media universe. Furthermore, only the printed editions of some news-papers were analyzed (SINC and eldiario.es have only a digital edition and other newspapers have the same content in their print and digital editions). However, the findings in the data from the digital newspaper analyzed were similar." (Ver)


 

(*) Gonzalo Casino: Escepticemia

domingo, 10 de octubre de 2021

Sobre el estudio de las formas de la falsedad y el servicio de los verificadores / Gonzalo Casino

 


En respuesta a la avalancha de desinformación sobre la pandemia, las verificaciones de plataformas independientes aumentaron un 900% entre enero y marzo de 2020, según un informe del Reuters Institute for the Study of Journalism. En la muestra de 225 piezas de desinformación, el 59% implica alguna forma de reelaboración o recontextualización de la información existente, a menudo verdadera; el 38% es información inventada, y el 3%, bromas; en las redes sociales, los porcentajes son 87%, 12% y 1%, respectivamente. 


En la muestra no se encontraron ejemplos de falsificaciones profundas. El informe habla solo de desinformación y evita términos tan populares como fake news (noticias falsas) y hoax (bulos). Pero ¿hay que dar por buena esta categorización? ¿Cómo clasificar la desinformación en español?

En español, la palabra bulo se ha hecho un hueco en el discurso público y tiene el viento de cara para hacer fortuna, por su brevedad (las palabras cortas se usan más), el consenso que suscita y la preocupación creciente sobre la desinformación. Aunque la primera aparición registrada en las bases de datos de la Real Academia Española (RAE) es de 1481 (“El que de Medina arranca/aunque lleve bulo y bula/si se le manca la mula/no dexara de ser manca”), no entró en su diccionario hasta 1992. Su popularidad ha crecido en los últimos años, especialmente con la pandemia de covid-19, como muestra la herramienta Google Trends, que registra la frecuencia de las búsquedas de Google y marca el apogeo para “bulo” en abril de 2020.

El término parece estar cuajando gracias el respaldo de las organizaciones de verificación y los medios de comunicación, que nunca se sintieron muy a gusto con el término fake news, e incluso de los investigadores en comunicación. La definición común de bulo como “noticia falsa propalada con algún fin” (RAE) ha sido precisada en un artículo del grupo de Ramón Salaverría, de la Universidad de Navarra como “todo contenido intencionadamente falso y de apariencia verdadera, concebido con el fin de engañar a la ciudadanía, y difundido públicamente por cualquier plataforma o medio de comunicación social”. Ambas definiciones tienen un claro matiz finalista en la difusión de la falsedad, y esto hace que el concepto tenga unos límites difusos.

Asumir voluntariedad en la difusión de cualquier falsedad implica ignorar que junto con el engaño deliberado puede haber otros motivos, como la exageración, la broma o la simple redifusión ignorante y bienintencionada. Por eso, resulta acertada y bienvenida la propuesta del grupo de Salaverría de clasificar los bulos en cuatro tipos: broma, exageración, descontextualización (por ejemplo, difundir una imagen de un suceso en otro contexto) y engaño. Esta clasificación tiene además la virtualidad de establecer cuatro grados de falsedad y voluntariedad, correspondiendo el más alto en las dos escalas al engaño y el más bajo a la broma, aunque no siempre sea fácil encuadrar algunos bulos.

El análisis de los bulos sobre la covid-19 detectados por tres plataformas de verificación españolas (Maldita, Newtral y EFE Verifica), del 14 de marzo al 13 de abril de 2020, muestra que la mayoría (89,1) se difundieron por las redes sociales, especialmente por WhatsApp, y muy pocos (3,9%) por medios periodísticos, siendo el tipo más frecuente el engaño (64,4%). Ciertamente, las organizaciones de verificación se centran más en desmentir lo que tiene trazas de ser un engaño que una broma. Está por ver cuál es la frecuencia de estos cuatro tipos de bulos en el mundo real, sin el filtro de las organizaciones de verificación. Pero sea cual sea esta distribución lo que está claro es que el trabajo de académicos y verificadores está contribuyendo a la alfabetización de la ciudadanía en medios de comunicación y en ciencia y salud. Y, de paso, agudizando su sentido crítico.


Autor

Gonzalo Casino es periodista científico, doctor en medicina y profesor de periodismo en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Ha sido coordinador de las páginas de salud del diario El País durante una década y director editorial de Ediciones Doyma/Elsevier. Publica el blog Escepticemia desde 1999.

Ver también:

España: Información sobre fármacos en prensa antes de COVI19 /Gonzalo Casino*

sábado, 9 de abril de 2022

imágenes de salud...Selección informada y responsable / Gonzalo Casino


 En la semana del Día de la Salud...

Buscar una fotografía en un banco de imágenes es a menudo una excursión desalentadora que empieza o acaba en los confines de la vida real. Si se buscan imágenes con personas, es fácil encontrar situaciones y tipos humanos que no muestran lo que quieren representar. Abundan los profesionales risueños, posando para la foto en escenarios más o menos irreales, con sus herramientas de trabajo descontextualizadas, y todo ello en un orden artificioso al servicio de la composición y otros valores estéticos. La calidad de la imagen no suele ir de la mano de la autenticidad. Y esto puede jugar una mala pasada cuando se buscan imágenes para blogs, redes sociales u otros medios sobre temas de salud, un campo informativo muy diverso, rico en matices, complejo y especialmente delicado.

Pero la dificultad de encontrar imágenes auténticas (las fotos de una consulta con médico y paciente sonrientes difícilmente son creíbles) es solo el primero de una serie de escollos. La amplia variedad de problemas e intervenciones de salud y la especificidad del arsenal de tratamientos representan una dificultad añadida. Si, por ejemplo, se habla de un tratamiento farmacológico concreto, no vale con ilustrarlo ni con un tipo de pastilla diferente ni con un medicamento comercial: la imagen debe ser precisa sin ser publicitaria. Muchas de las intervenciones de salud son tan singulares y específicas que no es fácil encontrar fotos adecuadas, y en estos casos más vale elegir una ilustración o una imagen alegórica.

Con todo, el gran problema de la selección de fotografías de salud tiene que ver con los valores, los significados y las emociones que suscitan las propias imágenes. Valga un ejemplo: al ilustrar el tabaquismo, la simple representación de un cigarrillo puede actuar como desencadenante del deseo de fumar entre quienes han abandonado el tabaco o están pensando hacerlo. Por ello, los expertos desaconsejan incluir imágenes no solo de gente fumando sino también una simple colilla apagada o un cigarrillo dibujado en un cartel que prohíbe fumar.

Ciertamente, el uso de imágenes asociadas al tabaco ha experimentado un cambio espectacular. En un tiempo ya lejano, el tabaco se anunciaba como si fuera una medicina, con médicos sosteniendo en sus manos una cajetilla de cigarrillos, mientras que hoy se desaconseja hasta la más mínima representación evocadora. Pero es que ahora, además de contundentes evidencias sobre los efectos del tabaco en la salud, empiezan a conocerse los efectos comunicativos de las imágenes.

El tabaco, de todas formas, no es un caso aislado en cuanto a exigencia y desacierto en el uso de imágenes. Ilustrar el amplio espectro de la enfermedad mental sin recurrir a los estereotipos de la locura y el sufrimiento interior, y sin transmitir una imagen negativa, suele plantear problemas con la selección de imágenes. También los plantean la obesidad y las enfermedades ligadas a la vejez, dos temas en los que abundan las fotos que pueden suscitar rechazo o emociones negativas. En general, ilustrar la enfermedad humana y sus tratamientos de forma rigurosa y respetuosa es un reto que a menudo no se resuelve de forma adecuada.

Desde la perspectiva del usuario, el desacoplamiento entre la imagen y la palabra entraña un problema de comunicación. Cuando una fotografía dice algo distinto al texto, por más que la información textual sea rigurosa, la imagen puede desvirtuar el mensaje y acabar desinformando. En el caso de la información de salud, la responsabilidad de elegir con tino la imagen adecuada es quizá mayor que en otros campos. Si la selección no se hace con precaución, sosiego y conocimiento de causa, las imágenes pueden funcionar como indeseable contrainformación.

 


Autor

Gonzalo Casino es periodista científico, doctor en medicina y profesor de periodismo en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Ha sido coordinador de las páginas de salud del diario El País durante una década y director editorial de Ediciones Doyma/Elsevier

Publica el blog Escepticemia desde 1999. 

Gonzalo Casino ya estuvo en PHARMACOSERÍAS

 


Tomé (prestado) de... Fundación Dr. Antoni Esteve en colaboración con IntraMed.