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viernes, 19 de enero de 2024

Ratón de biblioteca: Pas dormir / Marie Darrieussecq




 En el año 2017, los científicos Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young recibieron el Premio Nobel de Medicina por sus descubrimientos sobre los mecanismos que controlan los ritmos circadianos. Su trabajo ha sido clave para saber cómo funciona nuestro reloj biológico interno según las fases del día.

Hace tiempo que se sabe que tenemos oscilaciones a lo largo del día en algunos procesos: son los ritmos circadianos, que se coordinan con nuestro medio ambiente– sobre todo con luz y temperatura– para que el organismo funcione.

Ese «reloj biológico» adapta procesos fisiológicos a las fases del día. Tal vez el ejemplo más importante sea la regulación de los patrones de sueño con el día y la noche pero también se regulan así la alimentación, la temperatura corporal o la presión sanguínea, etc.

Todo este conocimiento suele aglutinarse bajo el nombre de «cronobiología» y es una de las vías de investigación más importantes en las actuales neurociencias. La película «Midsommar» (2019) es un ejemplo extremo de todo esto.

Estamos hablando de los mecanismos moleculares que regulan algo tan importante como el sueño. O sea, de llegar a saber porqué se instaura un insomnio, que suele ser el inicio de descompensaciones en trastornos psiquiátricos, o cuando menos, hace la vida difícil a quienes lo padecen. Una sola noche sin pegar ojo pasa factura en nuestro rendimiento y en nuestro ánimo. Y, sin embargo, poco hemos avanzado en el tratamiento del insomnio. El sueño, el poder dormir, o el insomnio son temas tan importantes que a su alrededor se ha generado una industria que, en Estados Unidos, mueve en torno a 500.000 millones de dólares. Pónganse a repasar los remedios que se ofrecen desde los medios de comunicación de forma constante: desde píldoras infalibles de nombres risueños a cintas de relajación para la cabeza o a mantas con un peso enorme… De todo, hay de todo. Por no hablar de la industria del despertador y sus sonidos. Hay cachivaches increíbles que prometen un sueño reparador, pero curiosamente incluyen entre las normas de uso la retirada del colchón habitual.

Entre los remedios alternativos figura uno que contaba Francisco Umbral y era realzar la importancia de «la oreja de la pareja». Umbral tenía mucha fe en el potencial tanto erógeno como hipnótico, uno antes y otro después, de la citada cacofonía. No daré más detalles, no hay tiempo ni escenario para ello, así que quien quiera saber más al respecto que lea «España como invento», un Umbral desconocido pero rentable.

Bueno, pues como Francisco Umbral, yo he venido hoy aquí a hablar de un libro.

De uno de los libros que más me ha sorprendido en 2023. Es el mejor libro que he leído sobre el insomnio. Se titula «Pas Dormir», o sea, «Sin dormir» y lo publicó Marie Darrieussecq, una de las autoras francesas más interesantes, que se dio a conocer al gran público en el año 1997 con su novela «Marranadas», una de las mejores fábulas que describen el proceso de idiotización social de las sociedades occidentales y que, con reminiscencias kafkianas, se centra en el trato social que recibe el cuerpo femenino. Marie Darrieussecq es una trabajadora infatigable, una exploradora de su intimidad desde sus diarios personales y no publicados que escribe con constancia obsesiva. Tiene formación psicoanalítica y es una gran lectora, lo cual le da un solvente fondo de armario para sus obras que reflejan una competencia y una meticulosidad muy difícil de encontrar en la relajada y meliflua producción literaria actual.

Me interesé por Marie Darrieussecq y su libro «Pas dormir» desde el momento en que supe que era un libro autobiográfico y que además era de verdad lo que allí contaba y que era ni más ni menos los veinte años veinte, que llevaba sin dormir. Su libro no ha sido traducido aún al castellano, pero sí al inglés: «Sleepless». Fue leer ese tratado de ese insomnio cruel y no dejar de darle vueltas. No me creía que pudiera existir un ser humano que aguantase ese ritmo. Porque Marie ha hecho de la necesidad virtud y muchos insomnios los aprovecha como otros escritores (Kafka, Borges, Proust, etc) para escribir. Pero no es el caso. Tanto me interesó que hice todo lo posible por conocer a la autora, que suele veranear en Biarritz de donde es originaria. O sea, que habla castellano con fluidez. 

Y así supe en sus propias palabras de la especificidad del caso: Marie no duerme desde que nació su primer hijo. Hace 21 años ahora. La cuestión es que Marie nació con su útero deformado porque su madre recibió tratamiento con dietilestilbestrol mientras gestaba a Marie. El DEB tiene potencial teratógeno y Marie nació con un útero deforme. Así, el embarazo de su primer hijo fue de alto riesgo y Marie lo pasó muy mal. Pero llegó a término. El niño se recuperó bien. Pero desde entonces Marie Darrieussecq ya no ha vuelto a dormir. Reconoce dormitar una hora o noventa minutos de vez en cuando. Pero raramente. Este el relato fáctico. Esto es lo que hubo y lo que hay.

Marie, amable y atenta, busca desde su cansancio un remedio que la permita caer desfallecida en un colchón y no despertarse en varios días. Pero nada ha sido efectivo. Y lo ha probado todo. Y en todos los lugares del mundo, porque viaja mucho. Todo esto lo cuenta acompañado de frecuentes notas, estilo Montaigne. Porque se ha leído todo sobre el insomnio y a todos los escritores insomnes.

 «Escondido en nuestros áticos, agachado bajo nuestros colchones, deslizándose entre las vigas del tiempo, ¿de dónde viene el insomnio? ¿De fantasmas? ¿Del cerebro? ¿De un alma atribulada? ¿Desde el mundo?» «Ay, insomnio mío, ¿qué plan estás siguiendo? ¿Necesitamos ordenar esta enorme agitación de fantasmas? «¿Cómo puedes querer algo que debería darse por sentado?»

Cuando nos despedimos, Marie reabrió el libro que estaba leyendo aquella tarde: los cuentos de Anton Chejov. Yo volví a la calle parisina donde lloviznaba. Y comencé a balbucear el himno de REM: «Losing my religion»: 

«That was just a dream. Just a dream, Just a dream, dream…».

José Martínez Jambrina Psiquiatra Sin dormir LNE 17.12.2023

sábado, 7 de octubre de 2023

Ariadna piel de pez...

 


Carmen Posadas se pone “en la piel” de la joven Ariadna para contar la historia de una de las dos únicas personas en España afectadas por esa extraña dolencia dermatológica, que provoca que la piel se cuartee y se descame. Por eso, la ictiosis arlequín también es conocida como “la piel de pez”.

“Ariadna, la Piel de Pez” se titula la fotografía en la que la escritoria se inspiró para escribir el relato que apareció en la edición de 2022 del libro “La mirada del paciente” de Cinfa y que ahora llega a la sociedad a través de las bolsas. 

La imagen, tomada por Gala Espín Arroyo y que ganó la V edición del certamen de fotografía organizado por la compañía, retrata a Ariadna, de 22 años, quien mira a cámara y deja ver parte de su rostro, una piel que grita.

Ver:

La Mirada del Paciente 2022 / Fallo concurso

 En concreto, el extracto del texto titulado “El hilo de Ariadna” dice así: “Mi nombre es Ariadna y por eso sé que de los laberintos -incluso de los más intrincados e imposibles- se sale. Solo es cuestión de que, entre todos, ayudemos a desovillar la madeja”. Junto al texto, aparece también un código QR que permite descargar el libro completo a través del móvil, para leer los veinte relatos y las hermosas imágenes que los acompañan.


Las bolsas, que se han producido en dos modelos, ambos 100% biodegradables y compostables, han comenzado ya a ser entregadas en las farmacias.

“De su mirada a la tuya” se inició el año pasado y, desde entonces, se han entregado en las farmacias españolas cuatro millones de bolsas con textos firmados por varias personalidades que participaron en los dos libros de Cinfa: Belén Rueda, actriz y presidenta de honor de la Fundación Menudos Corazones; Soledad Puértolas, escritora; Teresa Perales, nadadora paralímpica y Premio Princesa de Asturias de los Deportes; y Juan Carlos Unzué, ex jugador y exentrenador de fútbol y afectado por ELA.

Seis certámenes, dos libros, una exposición en Atocha y un cortometraje

Ver:

CINFA/La Mirada del Paciente en  PHARMACOSERIAS

“La mirada del paciente” comenzó su andadura en 2017, con un certamen solidario que este año ha cumplido seis ediciones y que ha recogido durante estos años más de 2.000 imágenes de numerosos fotógrafas y fotógrafos altamente comprometidos.

Con el fin de compartir esta mirada con el máximo número de personas, nació el libro “La mirada del paciente”, con una edición en 2020 y otra 2022. Estas obras contienen una selección de las mejores imágenes presentadas al certamen, acompañadas por relatos inspirados en las historias tras estas fotos, de la mano de personalidades del arte, el deporte, la comunicación o la gastronomía de nuestro país, como Ricky Rubio, Isabel Coixet, Vicente del Bosque, Julia Navarro, Sara Baras, Juan José Millás, Luz Casal, Soledad Puértolas o Juan Mari Arzak.

El siguiente paso fue una exposición solidaria de fotos y frases extraídas de ambos libros en el túnel de llegadas de la Estación de Atocha-Almudena Grandes, a la que tuvieron acceso miles de viajeros. Con ella, se rindió homenaje a los pacientes y a aquellos que les acompañan en su día a día, ya sean familiares cuidadores o asociaciones. 

Ver:

Creatividad: Cinfa / La Mirada del Paciente en el Metro

Además, Cinfa y Menudos Corazones han colaborado en la creación de un cortometraje que visibiliza las cardiopatías congénitas, protagonizado por Belén Rueda, presidenta de honor de la fundación.

Ver:

Cinema Paradiso: La Mirada del Paciente / CINFA


 

viernes, 11 de noviembre de 2022

Ratón de biblioteca: ¿Poniéndome viejo? / Victor Hugo



 

*¿ PONIÉNDOME VIEJO ?*

- _*Te estás volviendo viejo me dijeron has dejado de ser tú, te estás volviendo amargado y solitario*

*No, respondí; no me estoy volviendo viejo, me estoy volviendo sabio*

*He dejado de ser lo que a otros agrada para convertirme en lo que a mí me agrada ser, he dejado de buscar la aceptación de los demás para aceptarme a mí mismo, he dejado tras de mí los espejos mentirosos que engañan sin piedad* .

*No, no me estoy volviendo viejo, me estoy volviendo asertivo, selectivo de lugares, personas, costumbres e ideologías*

*He dejado ir apegos, dolores innecesarios, personas, almas, y corazones, no es por amargura es simplemente por salud*

*Dejé las noches de fiesta por insomnios de aprendizaje, dejé de vivir historias y comencé a escribirlas, hice a un lado los estereotipos impuestos, dejé de usar maquillaje para ocultar mis heridas, ahora llevo un libro que embellece mi mente*

*Cambié las copas de vino por tazas de café, me olvidé de idealizar la vida y comencé a vivirla*

*No, no me estoy poniendo viejo*

*Llevo en el alma lozanía y en el corazón la inocencia de quien a diario se descubre*

*Llevo en las manos la ternura de un capullo que al abrirse expandirá sus alas a otros sitios inalcanzables para aquellos que sólo buscan la frivolidad de lo material*


*Llevo en mi rostro la sonrisa que se escapa traviesa al observar la simplicidad de la naturaleza, llevo en mis oídos el trinar de las aves alegrando mi andar*

*No, no me estoy volviendo viejo, me estoy volviendo selectivo, apostando mi tiempo a lo intangible, reescribiendo el cuento que alguna vez me contaron, redescubriendo mundos, rescatando aquellos viejos libros que a medias páginas había olvidado*

*Me estoy volviendo más prudente, he dejado los arrebatos que nada enseñan, estoy aprendiendo a hablar de cosas trascendentes, estoy aprendiendo a cultivar conocimientos, estoy sembrando ideales y forjando mi destino*

*No, no es que me esté volviendo viejo por dormir temprano los sábados, es que también los domingos hay que despertar temprano, disfrutar el café sin prisa y leer con calma un poemario*.

*No es por vejez por lo que se camina lento, es para observar la torpeza de los que a prisa andan y tropiezan con el descontento.*

*No es por vejez por lo que a veces se guarda silencio, es simplemente porque no a toda palabra hay que hacerle eco.*

*No, no me estoy poniendo viejo, estoy comenzando a vivir lo que realmente me interesa*

Víctor Hugo.
 


viernes, 8 de julio de 2022

Ratón de biblioteca: La biología molecular en siete metáforas / Pablo Argüelles G.



Pablo Argüelles (Oviedo, 1984) renunció a ser abogado y, con los 27 años ya cumplidos, se matriculó en Medicina. Y después, hace ahora algo más de diez años, en una conferencia del reputado Carlos López Otín descubrió una disciplina científica que apenas salía en sus libros de texto: la biología molecular.

 Ahora, residente de quinto año de Cardiología en el Hospital de Cabueñes, el médico acaba de publicar “La biología molecular en 7 metáforas”, el libro que a él le hubiese gustado leer cuando se adentraba en un mundo que, aunque complejo, revela las claves de la vida humana

...siete metáforas o capítulos aclaran conceptos como las enzimas, las células, los entresijos del ADN... 

La obra se cierra con una séptima idea, la más sugerente, titulada “La peligrosa inmortalidad”. 


Argüelles la explica así: “Hubo un tiempo en el que la vida en la Tierra era inmortal, hace millones de años, cuando el planeta lo habitaban bacterias. La vida no terminaba. La nuestra sí lo hace, y menos mal. La complejidad de la vida humana, con nuestra multiplicación celular, implicó inventar la muerte. Pero, si se vive bien, la mortalidad es un regalo"

Más
 

viernes, 11 de junio de 2021

Ratón de biblioteca: Fármaco / Almudena Sanchez




Biblioteca de la autora

 

‘Fármaco’, de Almudena Sánchez (Random House), parece un libro fácil de explicar: una mujer joven tiene depresión. Al principio, en las grietas de la enfermedad, encuentra momentos fugaces de lucidez en los que escribe a mano notas desesperadas. Poco a poco, gracias a las medicinas, amplía esas líneas, las hilvana como recuerdos de una infancia, ni feliz ni desdichada. Pasan las páginas y esa escritura caótica encuentra una estructura: se convierte en una gran sesión de autoterapia primero y, después, en algo bastante parecido a una novela en la que un personaje viaja de un punto, la enfermedad, a otro, la salud.

«Estoy bien, no tomo nada. Lo que pasa es que la depresión no se olvida. Está constantemente en tu vida; lo está cuando la sufres y también después», explica Sánchez. «Vivo con un terror constante a que vuelva. Todos los días pienso: ‘Y si esto me vuelve a pasar, ¿qué hago?’. Me salta la alarma al mínimo síntoma, es un terror absoluto. Creo que otra depresión sería lo peor que podría pasarme. Sería un infierno, prefiero cualquier enfermedad física... que se pueda curar».


Almudena Sánchez (Andratx, Mallorca, 1985) se dió a conocer en 2017 con La acústica de los iglús (Caballo de Troya), un libro de relatos líricos y vitalistas. «Tenía otros libros en la cabeza, pero me vino la depresión». Y la depresión se impuso a todo. «La depresión es un misterio, un asunto que no sabemos cómo tratar. Pensamos que ocurre si te ha pasado algo: si se te ha muerto alguien, si tu familia ha tenido un accidente terrible, si has pasado una ruptura... Si no ocurre eso, si eres joven y estás deprimida, viene la incomprensión. ‘¡Pero si debería estar disfrutando de lo mejor de la vida!’. Pero la depresión ocurre, a menudo sin un motivo aparente y hay que aceptarlo. El cáncer también ocurre».

Continúa la descripción: «Tienes depresión y te alejas. Te vuelves un poco egoísta. Tú no quieres estar. Ni en el mundo, ni con los demás... Quieres romper lazos y suicidarte, voy a decir esa palabra, suicidarte, con calma, sin que nadie pase un gran duelo. No es que quieras hacer daño, sólo quieres desvincularte, no estar. Y para no estar, cuanto menos contacto con los demás, mejor. Pero los demás vienen a ti y te quieren ayudar y hablarte y cada palabra suya es una carga más pesada. Tú sólo quieres estar contigo misma porque a ti misma sí te entiendes».

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Sánchez dice que su libro es un texto optimista. «Es un elogio a la ciencia y a los fármacos. Es lo contrario a una romantización de la enfermedad. La ciencia va rapidísimo, cura lo que era incurable. Pero las personas seguimos sin entender nada de la depresión. Ojalá que el libro sea un bálsamo para entender a la próxima persona con depresión que tengamos cerca».

De modo que junto a la química y la ciencia, está la intimidad. «Yo no hice terapia. Sólo me medicaron. Hablaba un poco con mi psiquiatra, media hora. Bueno, al principio no, al principio sólo lloraba. Él salía de la habitación, volvía a entrar, me levantaba, me sentaba... Cuando pude hablar empecé a referirme a las cosas de mi infancia, a las perspectivas precarias que tenía de trabajo y tal. Empecé a soltar peso».

Y a expresar su soledad: «En la depresión tienes una herida invisible que nadie entiende porque nadie ve. Ni yo la veía: pensaba ‘mañana estaré mejor’. Pero al día siguiente no estaba mejor, y así tres años. Si hubiese tenido una rodilla rota y no pudiese correr, enseñaría mi escayola. Pero deprimida no podía enseñar nada. Eso era atroz...».

En parte, la curación llegó en paralelo a la comprensión de la enfermedad. A medida que las medicinas hicieron efecto, Sánchez empezó a leer sobre la depresión. «Yo quería estar mejor; recordé que lo que más me gustaba era escribir y me volqué en escribir y leer mi deseo de curarme. Tomaba una pastilla y tenía un momento lumínico entre millones de sombras. Escribía. Cuando empecé a acumular material, busqué libros sobre la depresión. No libros de autoyuda, porque no me creo eso de ‘sal de la depresión en 10 días’. Sino libros clínicos y literarios. El libro de Andrew Salomon [El demonio de la depresión] fue importante».

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¿Y el médico? «Yo no quería ir al psiquiatra, tenía miedo. No es lo mismo ir al psiquiatra que ir al traumatólogo. La primera visita al psiquiatra la apuntas en tu vida... y, a la vez, la escondes. Él era duro conmigo. Bueno, más que duro, era serio. Creo que estaba preocupado. Yo lloraba una hora entera. Y él no podía hacer otra cosa más que esperar y prescribir. Y así hasta que pudimos construir una relación muy positiva».


Sólo queda nombrar a los fármacos que dan título al libro: Vandral Retard y Rexer Flas, cuya combinación tiene un apodo: California rocket fuel. También para la depresión hay bromas.

“Vivo con un terror constante a que vuelva la depresión”(Más)