viernes, 9 de marzo de 2018

In memorian...Dr. Antonio Colodrón

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"Colodrón es uno de los médicos 
que más cerca vive de «los otros»,
 esos seres humanos que existen 
a un paso de nosotros, distantes e inmediatos, 
perdidos en el desdoblamiento, 
alma sola que sólo de vez en cuando 
coincide con su cuerpo."
 Francisco Umbral


...falleció Antonio Colodrón Álvarez, tal vez el psiquiatra español más relevante del Siglo XX. 

Licenciado en Medicina por la Universidad de Salamanca, amplió estudios en la Universidad Libre de Berlín donde contactó con científicos emigrados de la URSS y se empapó de la obra del más grande científico del pasado siglo: Iván Pavlov. 

Este conocimiento del pavlovismo, de la Reflexología y el aprendizaje que realizó con Bartolomé Llopis, uno de los discípulos de Lafora y por ende, de Cajal, le convirtieron en un psiquiatra diferente a la mayoría de los que se formaban en los años sesenta, aquella década tan prodigiosa, donde mientras triunfaba lo que Antonio llamó la "fornicación freudomarxista", él se dedicaba a explicar la medicina córticovisceral: o sea, como a través de todo un complejo sistema de condicionamientos, la enfermedad podía ser una respuesta.

Biblioteca #CasaMaza 6.02.1967

  
"La medicina cortico-visceral... 
engloba los conocimientos biológicos, 
psiquicos y sociales sobre el hombre 
 que demuestran que el sistema nervioso 
es el máximo regulador 
 en la búsqueda del equilibrio homeostático con el medio"



A partir de los años ochenta su obra se vuelca hacia el gran enigma de la psiquiatría: la esquizofrenia. En el año 2002, presentó su última gran obra: "La condición esquizofrénica", donde recopila todo el saber ganado, alguno hay, a tan formidable enigma del ser humano, de la "acción humana". Antonio Colodrón, pese al hostigamiento de ciertos sectores de la psiquiatría y la irrelevancia a la que condenaban otros, nunca dejó de ser una persona muy activa en la vida cultural y política. Fue un activo opositor al franquismo pero nunca pudo soportar a los comisarios políticos que anteponían la ideología a la Razón. Esa misma actitud, esa misma firmeza y ese desdén por el arribismo y la inconsistencia la mantuvo, ya en democracia, durante toda su vida. No le fue en absoluto fácil ser independiente. No es fácil en España defender ni buscar la Verdad, ni siquiera desde la Ciencia.

Ejerció un tiempo como profesor asociado de la Universidad Complutense de Madrid pero fue a través de sus libros y de sus conferencias por toda España como logró reclutar un grupo de seguidores reducido pero entusiasta. Era sabida su devoción por los psiquiatras clásicos alemanes y su alineamiento con la escuela barcelonesa de Montserrat Esteve. Pero por la formación antes descrita y por su talante valiente, Colodrón fue capaz de crear una obra original e intransferible aún incomprendida porque leerle significa esforzarse y poner en cuestión ciertos plantemientos que se dan por válidos sin serlo. Colodrón supo pronto que la Psiquiatría excedía la Medicina para hacerla aún más grande y siempre peleó por una psiquiatría "sin complejos, escalas ni receptores" a la par que criticaba, ya en 1995, la irrupción del poder del dólar norteamericano en la gestión de la clínica psiquiátrica. Por ello, entre sus amistades, aparte de psiquiatras compañeros de viaje como Joaquín Santodomingo o José Soria, estaban el gran biólogo Faustino Cordón, el filósofo leonés Eloy Terrón, el neurocirujano Juan Burzaco, el neurólogo Alberto Rábano o el abogado especialista en ética médica, Sánchez Caro. También era frecuente que por su consulta pasaran gentes del mundo cultural madrileño que conoció profundamente vía Oliver o vía Bocaccio. Francisco Umbral, por ejemplo, dedicó varias columnas a glosar la obra de su querido médico de la calle Profesor Waksmann. Las tertulias con Antonio Colodrón eran un verdadero placer: culto, irónico, divertido, sus intervenciones casi siempre arrancaban una general carcajada. Es lo que tiene haber pasado una guerra civil, haber conocido el hambre y el frío de la posguerra y pese a todo, ser "libre" para decir lo que se piensa. Y digo esto consciente de lo poco que para Colodrón significaba "ser libre" entre tanto condicionamiento? Antonio Colodrón se ha ido para siempre en la tarde del sábado.

Deja tras de sí una obra científica tan vigente como desconocida para la mayoría de los psiquiatras que se forman hoy día. Pero quien quiera saber con mayor certeza qué cosa es la esquizofrenia o cómo funcionan los neurolépticos o la función del psiquiatra en la vida social de nuestro tiempo deberá de empezar por aprehender ese concepto mágico que él acertó a llamar "la acción humana". (Más



El doctor Colodrón, amigo y maestro, ha puesto y está poniendo su vida al acercamiento de los otros, a la integración del «ser de lejanías» en la cercanía de nuestra amistad, nuestra comprensión y nuestra ayuda. 
Los surrealistas, el primero Dalí con su teoría de la paranoia crítica, fueron los avanzados de esta marcha hacia la sinrazón, y la valoración testimonial que hicieron del discurso paranoico es ejemplar, no sé si científicamente, pero sí humanamente, como llamada de la inteligencia a la inteligencia y como desvalorización de nuestras orgullosas razones de hombres cuerdos, que en realidad sólo lo somos a ratos y fingidamente. 
Sufrimos todos la locura de la razón, que nos lleva, ahora mismo, al crimen político y los debates aberrantes sobre la metafísica de ese crimen. Es la esquizofrenia social, colectiva, el desdoblamiento de la sociedad en culpables y culpados, y aquí entra en juego y delirio el diálogo con el asesino. 
Si parece humanista -y lo es- dialogar con el asesino ¿por qué no dialogamos un poco con el esquizofrénico? 
Nuestro país vive hoy una locura unánime en la que los únicos que no participan son, precisamente, los angelicales locos. 
Los otros / Francisco Umbral
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