lunes, 26 de septiembre de 2011

GUATEMALA / Piden regular la ética en los procedimientos científicos con humanos

Los experimentos con inoculación de enfermedades venéreas a ciudadanos guatemaltecos que realizó Estados Unidos entre 1946 y 1948 fueron investigados en Guatemala por una comisión conducida por el vicepresidente Rafael Espada, que se apresta a presentar su informe final, con recomendaciones para resarcir a los sobrevivientes y armar un centro de estudios que regule la ética en los procedimientos científicos.

Una comisión investigadora no política, instituída por el presidente Barack Obama en 2009, descubrió archivos que daban cuenta de estos experimentos, para las que inocularon en Guatemala virus de sífilis y gonorrea a prostitutas, soldados prisioneros e internos psiquiátricos.

Ese descubrimiento fue informado por el mismo Obama a su par de Guatemala, Alvaro Colom, en octubre de 2010, lo que motivó que se creara la comisión que dirige Espada.

"Este es un evento trágico, desde el punto de vista social, político y humano, que hoy se magnifica mucho más", remarcó el vicepresidente, un reconocido cirujano cardiovascular, cuando recibió a Télam en su despacho de la Casa Presidencial.

"La sífilis y la gonorrea eran epidemias espantosas en todo el mundo en esos años de posguerra, y la población militar estaba muy expuesta. Acababa de salir la penicilina y no se sabía exactamente cómo actuaba. Era una enfermedad en la que había muchas incógnitas", contextualizó Espada.

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Cuando se hicieron estos experimentos, Guatemala tenía mucho prestigio en materia de enfermedades venéreas, al punto que hubo aquí un congreso mundial sobre el tema en 1947, al que llegaron científicos de todo el mundo a estudiar la sífilis.

Lo que se estaba haciendo "fue presentado y aplaudido incluso. Y todo el mundo de lo más orgulloso en ese momento de que la ciencia avanzaba a través de esos experimentos".

"Se hicieron 17 experimentos con inoculaciones directas en los genitales masculinos de los prisioneros y pacientes del neuropsiquiátrico", reseñó Espada, quien indicó que en ese momento el Hospital Neuropsiquiátrico era directamente un asilo de locos.

"A las prostitutas se les pagaba una cantidad mínima de dinero, a los soldados y a los prisioneros nunca se les dio una compensación económica; sólo cigarros o una Coca Cola", puntualizó.

Los experimentos podían ser interesantes desde el punto de vista médico y científico, dijo Espada, "pero en sí el proceso era de una crueldad inaceptable desde el punto de vista ético".

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Ver también:

USA: Experimentación criminal

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