jueves, 3 de diciembre de 2015

Acceso abierto: Hay que terminar con el muro de pago / Michael van den Heuvel


Casi ningún proyecto de investigación sería factible sin fondos públicos. Pero las editoriales hacen una fortuna con los resultados, mientras que los investigadores y los médicos sin conexiones académicas pierden acceso a los artículos más recientes. Ahora ha surgido la resistencia. 

A los científicos holandeses se les acabó la paciencia. Después de que Elsevier no se mostrara dispuesta a apoyar el acceso libre (la libre publicación de resultados científicos), decidieron llamar a un boicot: los colegas no deben continuar trabajando para la editorial como redactores jefe ni como revisores, ni colocar vínculos para las publicaciones en otros lugares. Y este no es el único caso: a principios de 2015 una universidad alemana rompió relaciones con Elsevier. La razón proporcionada por los representantes universitarios fueron las “ideas claramente exageradas sobre los precios”. Debido a su agresiva política de precios, Elsevier está en la picota desde hace años. En 2014 la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (Suiza) tuvo que desembolsar unos 3 millones y medio de francos suizos sólo para las publicaciones de esta editorial, seguida de Wiley (millón y medio de francos) y Springer (casi un millón de francos). Las partes interesadas solicitan el acceso abierto como solución. 

Tendencia intemporal 

Estas tendencias han ido surgiendo ya desde hace tiempo. Desde la década de 1990 los presupuestos de las bibliotecas académicas han disminuido drásticamente. Al mismo tiempo los investigadores publican cada vez más artículos especializados. Sus posibilidades para informarse sobre el trabajo de sus colegas han empeorado. Los médicos sin conexiones académicas se ven particularmente afectados en el caso de desear informarse sobre los últimos hallazgos. El quid de la cuestión: casi todas las organizaciones de investigación reciben fondos públicos. Los hallazgos deberían beneficiar al público en general y especialmente a otros laboratorios o médicos. Pero en vez de esto las bibliotecas se ven forzadas a utilizar dinero público para adquirir derechos de uso. Más tarde surgió la petición de compartir las propias publicaciones en redes como ResearchGate con el fin de fomentar el diálogo. (Más)

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