domingo, 4 de diciembre de 2016

Hormona de crecimiento / Carmen Rigalt


Ahora todo el rato oigo hablar de la hormona del crecimiento. Menuda cantinela. Entre ser bajita o simplemente pequeña yo hubiera preferido ser pequeña, pero no pude elegir. En el reparto de postguerra a mí me tocó aceite de hígado de bacalao y calcio 20, que me lo bebía a morro como si fuera horchata. Crecer, no crecí, pero me expandí gracias a las patatas de las monjas.



La GH (los científicos llaman así a la hormona del crecimiento) se ha impuesto, y no sólo en el mundo del deporte. Tiempos vendrán con inventos más modernos, pero de momento es lo que hay. La hormona figura en la lista de sustancias prohibidas, aunque todavía no se detecta en los controles rutinarios de orina y además cuesta un congo aislarla. Paciencia. Tarde o temprano la ciencia obrará el milagro. En la historia del dopaje, la química siempre ha ido por delante de la ley y la ley, por detrás de la calle. 

Antes de la GH triunfaron la testosterona y sus derivados, pero los efectos no eran tan tentadores como los de la hormona. Hitler mandó administrar testosterona a los soldados con ocasión de cierta campaña militar. Su intención estaba clara. La testosterona aumentaba la agresividad y disminuía el instinto de conservación. Claro que eso ya lo había hecho Moctezuma unos cuantos siglos atrás. Antes de ir a la guerra, los atiborraba con grandes copas de chocolate amargo.

Ver:

Humor...es lunes: Los gatillazos de Hitler.

Pervitin: Más que una metanfetamina...la droga del III Reich.

De Michael Jackson a Hitler: La industria farmacéutica pierde su mejores clientes...


La GH no sólo se usa para combatir los trastornos de crecimiento en los niños, también se usa para perder grasa y ganar músculo. La masa muscular no aparece por generación espontánea. Lo suyo es trabajarla. Los cuerpos tratados con hormona sintética son muy agradecidos, si bien cada seis meses se recomienda seguir controles estrictos, poniendo especial atención a los marcadores tumorales. El crecimiento celular incontrolado podría estar solapando un cáncer. 

El mito de los cuerpos bellos suele estar lleno de trampas. En la mitología clásica Narciso es un joven vanidoso que desprecia a las jóvenes porque sólo se ama a sí mismo. Narciso vive prisionero en su propio drama. Un día se vio reflejado en el arroyo y la contemplación de su belleza le pareció irresistible. Némesis, la diosa vengativa, decidió entonces castigarle a vivir enamorado de su propia imagen. Loco de amor, Narciso se arrojó al agua y desapareció, víctima de sí mismo.

Narciso y la hormona Carmen Rigalt El Mundo 26.10.2016
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