viernes, 6 de mayo de 2016

José de Lugo (Memorias de un visitador médico), Cervantes y...el Marketing. (III)


Cuando entregué mi escrito el jefe lo tomó con incrédula sonrisa, y se puso de inmediato a leerlo. En las primeras límeas la sonrisa se esfumó totalmente y sin levantar la cabeza se mantuvo concentrado hasta el final. Al compás de los minutos su cara fué adquiriendo tintes sanguíneos; las venas de su cuello perecióme que se abultaban.Concluida la lectura me lanzó una breve e inexpresiva mirada, sin decir palabra abrió un cajón de la mesa, extrajo el talonario de cheques, garrapateó uno de ellos y me lo ofreció con este comentario: 

-Usted ha descubierto lo más sorpresivo que pude imaginarme 

-Gracias, señor. Pero no quiero aceptar ese dinero. La apuesta era injusta pues yo conocía de mano los resultados.


Ver anterior:
José de Lugo (Memorias de un visitador médico), Cervantes y...el Marketing. (II)
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