viernes, 17 de enero de 2014

Ratón de biblioteca: Tiempo de Silencio / Luis Martin-Santos




  
"Recuperaba el «don» que la amistad, 
el lupanar, la borrachera y el amor 
le habían sucesivamente arrebatado."
Tiempo de Silencio 
 

Un 21 de enero, hace 50 años (1964), fallece precozmente (accidente de tráfico) en Vitoria el escritor y psiquiatra Luis Martín-Santos (1924-1964) Se le asocia al grupo que Ana María Matute identifica como "generación herida".


"La muerte no tiene nada
 de irremediable"
Tiempo de Silencio

  
Mas que por sus trabajos científicos (que los tiene: "Dilthey, Jaspers y la comprensión del enfermo mental" (1955), "Libertad, temporalidad y transferencia en el psicoanálisis existencial" (1964)...) está aquí por sus "tiempos": "Tiempo de silencio" (leer/descargar) y "Tiempo de destrucción". Mas conocido el primero...novela que, en 1962, revoluciona el dormido ambiente literario español.
Se le asocia al grupo que Ana María Matute identifica como "generación herida".


"Resolver el pasado es un empeño idiota. 
¿No es mejor que los muertos 
se acostumbren a estar muertos?"
Tiempo de destrucción


Tiempo de silencio describe varios ambientes madrileños frecuentados por Martín-Santos entre 1946 y 1949, tales como su pensión de la calle Barquillo 22, el Instituto de experimentación biológica de la Facultad de Medicina, el café Gijón y el edificio del cine Barceló (donde Ortega había impartido un ciclo de conferencias). La estancia de Pedro en los calabozos de la Dirección General de Seguridad se corresponde con la detención de Martín-Santos en 1958, antes de ser trasladado a la cárcel de Carabanchel. 

Otros episodios de la novela, como la correría nocturna tan pormenorizadamente relatada, reproducen de manera más o menos directa hechos análogos de la vida real, lo mismo que ocurre con algunos personajes secundarios, tales como el pintor alemán o Amador. Puede decirse, pues, que Martín-Santos vertió en Tiempo de silencio una parte de su vida, la de sus experiencias madrileñas, sobre cuya evocación (primer estrato del relato) superpuso un rico caudal de lecturas (segundo estrato), que no constituyó un fin en sí, sino un medio para exponer su visión del hombre y de España, causa final de su novela.(Más)

Así empieza:

 "Sonaba el teléfono y he oído el timbre. He cogido el aparato. No me he enterado bien. He dejado el teléfono. He dicho: «Amador». Ha venido con sus gruesos labios y ha cogido el teléfono. Yo miraba por el binocular y la preparación no parecía poder ser entendida. He mirado otra vez: «Claro, cancerosa»."
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