viernes, 28 de abril de 2017

Ratón de biblioteca: Mientras la naturaleza cura la enfermedad / Manuel Comeseña I.









Biblioteca Casino Murcia
Me ha preguntado un amigo 
que de qué son o para qué sirven 
las pastillas que aparecen 
en la portada del libro. 
Él sugería que podrían tratarse 
de pastillas "para dormir". 
Nunca me había planteado esta duda 
pero, después de pensarlo un poco, 
llegué a la conclusión 
- y así se lo comuniqué al amigo - 
de que eran pastillas de esas que, 
si te las tomas, 
se cura la enfermedad en una semana 
y si no te las tomas, se cura en siete días.

La vida del médico rural siempre ha sido dura y más hasta hace relativamente pocos años. Enfrentado a una atención a sus pacientes durante las 24 horas del día, a la lejanía de los centros hospitalarios y, sobre todo, a su soledad, se ve acosado permanentemente por un agobio que no conoce pausa ni siquiera para comer o dormir. Sobre este sustrato, se teje la historia de este libro. Da la aparente casualidad de que su protagonista se llama igual que su autor aunque no queda claro en que medida se solapan ambos personajes. 
En estas páginas, desfilan la vida cotidiana, las pequeñas aventuras de todo tipo, los presagios de una Medicina que se aproxima a su extinción y las reflexiones sobre el verdadero papel que el médico representa en el devenir de los enfermos. 
Todo ello aderezado con toques de humor, algo de truculencia, cierto cinismo y hasta un rencor no disimulado sobre los que planea el hálito del desengaño paliado solo por una llamada a la comprensión entre las personas. (Ver)

Quiero decir que Manuel Comeseña es amigo, ex alumno AMDG (como yo) de los PP.JJ., bloguero de los del ICBS, apostol de la comida "en lata" (y primitiva, como los huevos fritos) y alguien de quien esperamos y esperamos su novela "serie negra" de la que ya nos asomó indicios y excelentes facultades para el empeño.

"Empiezo a escribir este libro con la sensación de que alguien me impulsa a hacerlo. Podría parecer, de entrada, una sensación desagradable, la de que otra entidad está accediendo a mi vo- luntad para conculcarla, la de que mis actos son organizados y ordenados por alguien distinto de mí. Pero no. No siento displa- cer mientras escribo las primeras líneas porque ese alguien que me impulsa lo hace con mi aquiescencia. Una cosa tengo clara: ninguna persona física de mi entorno, ni profesional, ni social, ni familiar me ha pedido que lo haga."
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