domingo, 8 de enero de 2017

Manual/Decálogo para entender un "millennials"






1. ¿Egocéntricos? 

En muchos artículos e informes se habla del egoísmo y narcisismo de los millennials; en otros, como en el informe de Nielsen, se desmienten estos mitos y se habla de una conciencia social y de un compromiso con el prójimo. 
Más que egocentrismo, es un (re)descubrimiento del yo, de su ego, es el reconocimiento de su identidad personal como sujeto corporal y como animal social, lo que le permite también reconocerse en los demás. 
Soy mi cuerpo y mis relaciones. 
Al mismo tiempo, desarrollan una especial sensibilidad solidaria, y son generosos y altruistas.

2. Sociables. 

Sus amigos no son sólo los del barrio, los del colegio, los del trabajo… o no exclusivamente. El espacio y el tiempo ya no son determinantes para la creación de relaciones y se multiplican los espacios de socialización; son capaces de estar en muchos sitios y con mucha gente a la vez. Su vida social se organiza en comunidades, digi tales y no digitales, on y off. Sus territorios no son geográficos. Exploran identidades múltiples con perfiles y redes muy diversas. 
Son diversos, complejos y plurales… es su manera de ser ellos mismos. 
Es su nueva identidad.

3. Digitales. 

Siempre conectados, no contemplan una vida sin Internet, teléfono móvil y redes sociales. Tienen poca o nula conciencia de la dimensión histórica de la evolución tecnológica, lo que dificulta su capacidad empática con las generaciones mayores. 
La conexión es su principal preocupación. 
La portabilidad, la segunda.

4. Impacientes. 

El tiempo (y su consumo) es probablemente el activo más importante para esta generación; el tiempo ya no es dinero, es bastante más. 
Son impacientes (y a veces inconstantes), su velocidad es la de Internet y no aceptan otra; les cuesta que otros gestionen sus propios tiempos y ritmos. Y, a la vez, lo que más valoran y desean es su tiempo. El tiempo para estar «con ellos» conectados «con los demás». 
Su manera de estar solos es estar conectados: tan cerca y tan lejos.

5. Hedonistas. 

Pese a la crisis y a los conflictos que les han tocado, han desarrollado un amor por la naturaleza, por la libertad... una actitud placentera ante la vida. Desean, más que poseer y tener, compartir y utilizar. Vivir la vida (la presencialidad) ocupa un lugar preferencial en su escala de valores. 
Desconectados del pasado, con demasiada frecuencia, no tienen conciencia histórica de la progresividad en los derechos, por ejemplo.
Hay algo de discontinuidad en la evolución generacional. Son, en cierta manera, adanistas. Todo empieza con su generación. 
Sin deudas con el pasado, sin complejos en el presente, sin temor al futuro.

6. Ambiciosos. 

Son optimistas, y los latinoamericanos especialmente. Creen en un mejor porvenir y piensan conseguirlo por sus propios medios, aunque su futuro es bastante más incierto de lo que era para sus antecesores. Muestran una alta dosis de ambición personal que les lleva a asumir altos riesgos, a veces sin capacidad de medir sus consecuencias.
 Son soñadores. Y emprendedores, también. 
El mundo empresarial tradicional les aburre, ahoga y limita. Quieren trabajar en lo que les gusta, apasiona y motiva. En caso contrario, no tienen grandes limitaciones para emprender.

7. Exigentes. 

Son muy exigentes. Con las empresas, con sus compañeros de trabajo, con la política formal, consigo mismos, con todo. Estos altos niveles de exigencia, sumados a diferentes episodios de decepción, les ha vuelto desconfiados. Tampoco aspiran a sustituir a los líderes que les decepcionan o irritan. Este paso al lado, este absentismo por la renovación en el liderazgo profesional, social o político es un problema, seguramente, para la renovación de capital humano en las organizaciones e instituciones. 
Más que ascensor social, quieren un gran vestíbulo. No están dispuestos a seguir escalando a costa de su tiempo, sus intereses o sus relaciones. 
Pueden escalar cualquier cima, pero no son trepadores, ni depredadores.

8. Glocales. 

Son una generación heterogénea, multicultural. Son los hijos de la globalización, con una capacidad de movilidad (real y virtual) muy superior a la de las generaciones precedentes. Se interesan, además, por conocer otras culturas y vivir experiencias fuera de sus países. 
Los idiomas, viajar, compartir tendencias globales es parte de su cultura. 
No discriminan; hibridan, mezclan y remezclan todo tipo de contenidos culturales digitales. 
Tunean y maquean su vida con nuevas capas de texturas personales, culturales y estéticas.

9. Sensibles. 

Más que comprometidos son sensibles. Conscientes e indignados, no siempre dan el paso al compromiso reformador o renovador. Prefieren abrir nuevos caminos que desbrozar o continuar los iniciados. 
De sensibilidad epidérmica, fagocitan emociones que no siempre se convierten en convicciones. 
Pero desean un mundo mejor, más justo y sostenible.

10. Sin etiquetas. 

Detestan que les encasillen, etiqueten o definan… como este listado pretende. Su mundo es la complejidad, la diversidad y la transversalidad. Cada uno de ellos y de ellas tiene rasgos tan comunes como dispares y, a veces, contradictorios de estas palabras que intentan aproximarnos a su realidad. 
Son muy inteligentes y, a la vez, frágiles. 
Quieren otro mundo, pero todavía no han decidido qué hacer con el que tenemos.


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Son una generación que abre un milenio, sin saber cómo y por qué acabó el anterior. 

Son el futuro, aunque nuestro presente dependerá de su compromiso e influencia en la política y la economía. 
Están en marcha, pero —seguramente— todavía no han decidido hacia dónde. 

Aunque llegarán. No hay duda.

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