martes, 17 de febrero de 2015

VIAGRA: La pildorita rosa...destiñe, Guadalupe Treibel



El famoso “Viagra rosa” –la pildorita que, de varios años a la fecha , pide pista para ejercer de ¡oh, redentor! y salvar el deseo carnal de las mujeres– nuevamente está en el centro de la controversia. 
Y aunque una escueta síntesis argumental indicaría que “la FDA (Food & Drug Administration), ente regulador norteamericano, se niega a aprobar la droga, para indignación de grupos de mujeres que lo increpan de sexista por no contemplar la salud sexual femenina”, la historia se devela más compleja. En principio, porque la FDA no daría el OK precisamente para cuidar a las mujeres, al cantar de ciertas especialistas feministas. Luego, porque muchas de las encolerizadas doñas que lo acusan de discriminar están alineadas y bancadas por las mismas compañías farmacéuticas que quieren lanzar la pastillita de la discordia. Compañías motorizadas menos por un espíritu benefactor y amoroso que por los dos billones de verdes al año que el negocio traería en ganancias. Sólo en Estados Unidos. A los hechos... 

A fines del año pasado, la International Society for the Study of Women’s Sexual Health, en sociedad con las farmacéuticas Sprout, Trimel y Palatin, lanzó dos astutas y concatenadas campañas online (Even The Score y Women Deserve) que buscan instalar variopinto repertorio: que señoras y señoritas están en desventaja porque los hombres tienen “24 drogas sexuales disponibles” (en realidad no pasan de seis, pero ¿quién está contando?), y ellas, cero. Que ¡viva la flibanserina!, el fármaco destinado a levantar la libido femenina. Que 1 de cada 10 mujeres premenopáusicas sufre Trastorno de Interés o Excitación Sexual. Que ¡cómo discrimina el FDA! Que llegó el momento de un trato medicinal igualitario... Pues, sendas maniobras (destinadas a alertar sobre la “disfunción sexual femenina” toda, un concepto de vaga definición que también incluye el trastorno orgásmico y el dolor génito-pélvico), están teniendo tal eco que hoy muchos hablan de sexismo (aunque, según informa la revista Marie Claire, “las dos funcionarias más importantes del ente sean mujeres, y la agencia haya aprobado un medicamento para la sequedad vaginal después de la menopausia y otro para el dolor durante las relaciones sexuales”). 

Por fortuna, desde la vereda de enfrente, voces detractoras (muchas, feministas) no se han hecho esperar, explicando que todavía hay dudas sobre la seguridad y eficacia de la flibanserina, originalmente probada y descartada como antidepresivo. Que por razones científicas –y no discriminatorias– la FDA negó su comercialización, primero a la firma alemana Boehringer Ingelheim (que abandonó la investigación tras el varapalo) y luego a Sprout (en dos ocasiones). Que dejen de comparar con el Viagra masculino porque la disfunción eréctil es “querer y no poder” mientras que aquí se cuestiona el “poder y no querer”. Que el “no querer” no siempre debería ser medicalizado. Que, en los testeos, quedó evidenciada la eficacia del uso de placebos. Que el deseo femenino es tópico complejo y amerita cotejar más factores que los físicos... Luego, el último bastión de tensión: ¿Estamos ante un problema médico real o ante la creación de un problema médico? El cuestionamiento es válido. En especial, cuando se escuchan argumentos calificados –¡y no pagos!– como los siguientes... 

Primero, el de Leonore Tiefer, psicóloga social, catedrática de la Universidad de Nueva York, militante feminista y fundadora de la New View Campaign, que cuestiona la idea misma de “disfunción sexual femenina”. Junto a Ellen Laan, de la Universidad de Amsterdam, Tiefer escribió recientemente una esclarecedora columna para el diario L.A. Times; allí dice: “Como sexólogas y defensoras de los derechos sexuales de las mujeres, estamos horrorizadas con el uso y abuso del lenguaje de la igualdad como forma de presionar a la FDA para que apruebe el Viagra rosa’. Su no aprobación nada tiene que ver con sexismo. Se trata de una justa regulación”. Y luego: “No hay evidencia alguna que pruebe la estadística que maneja Women Deserve indicando que 1 de cada 10 mujeres siente una ausencia biológica de deseo. Además, ninguna prueba científica ha podido identificar causas cerebrales, hormonales o genitales para la mayoría de los problemas sexuales femeninos. Es antiético atribuir a una discrepancia de pareja –que, según abundante evidencia, es la causa más común de la baja de deseo–, una falla física”. El quid de la cuestión, acorde a la dupla, está en las normas socioculturales. En cambiar los mensajes perpetuamente negativos y dar pelea a las expectativas poco realistas: “La industria farmacéutica quiere que la gente piense que los problemas sexuales son asuntos médicos simples, para así ofrecerles medicamentos caros como soluciones mágicas”. (Más)


Myth: Drug developers are searching for a solution for women’s sexual concerns. 

Fact: The pharmaceutical industry is driven by profit. As such, if a solution is not found at the bottom of a pill bottle, its front-runners are simply not interested. If product development-driven research were happening in a balanced context, with proportionate attention being paid to all the causes of women’s sexual concerns, the focus on only biomedical causes and solutions might not be so damaging. The focus on pharmaceutical rather than emotional solutions has serious limitations, including the fact that they are simply unlikely to be effective. And the way the industry has shaped the FSD discussion threatens to make women’s sexual experience a “performance” issue, much like it has with men’s.


Myth: There are 26 drugs approved for men, and none approved for women. 

Fact: On its website, Even the Score continues to inaccurately claim that there are 26 drugs approved for men, and zero for women. This claim perpetuates a miscalculation. It counts each brand-name drug and many of its identical counterparts as unique treatment options, which artificially inflates the number of drugs available for men. In fact, there are six different FDA-approved drugs available for male sexual dysfunction, including erectile dysfunction. Nevertheless, the inflammatory claim of gender bias has garnered press and political attention. 

Myth: The standard for FDA review of male impotence drugs should be the same for FSD drugs. 

Fact: Even the Score’s gender equity argument ignores the real safety difference between FSD drugs that are currently being tested and the drugs approved for men: a different indication for use, specifically the dosage and administration. All but one of the drugs approved for men are taken on an as-needed basis, whereas the most recent drug being tested for women is very similar to an antidepressant. Sponsored by Sprout Pharmaceuticals, flibanserin is a central nervous system serotonergic agent with effects on adrenaline and dopamine in the brain; it requires daily, long-term administration. This raises toxicological concerns that make it appropriate for the FDA to subject that type of drug to an elevated safety scrutiny. Substantial adverse events reports and dropout rates in the latest flibanserin trial also need to be taken seriously. Women have answers to the age-old question, “What do women want?” Just ask us: We want and demand products that are rigorously evaluated, safe, effective, and meet our real needs. Even the Score’s attempts to make this a conversation about gender equality are misleading and dangerous; although the FDA should be held accountable for gender equality, it should not compromise the safety of women’s health by approving a drug that is not effective and not safe. The FDA should continue to balance a serious and respectful incorporation of patient input while maintaining a rigorous, science-based review standard for drugs and devices they approve.  Ver

Ver también:

26:0 Frente a una FDA "sexista"..."Women’s Sexual Health Equity " y Sprout.

Big Pharma, ED Drugs And "Pink Viagra"
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