viernes, 3 de octubre de 2014

El esplendor de la pastilla / Cristina G.Lucio*



A finales de los 80, los botiquines de primeros auxilios caseros no se parecían mucho a los actuales. La estrella era, sin duda, el termómetro de mercurio, ahora prohibido por la Unión Europea. Y junto a él reinaba la casi olvidada mercromina, acompañada de un séquito de aspirinas infantiles y temidos supositorios para la fiebre. 

Al igual que en los hogares, el arsenal terapéutico disponible en farmacias y hospitales también ha cambiado muchísimo en el último cuarto de siglo. Se han incorporado nuevas moléculas, tratamientos alternativos y principios activos que, en algunos casos, han logrado modificar el curso de la enfermedad y han supuesto un antes y un después en la calidad de vida de los pacientes. 

Uno de ellos es el tratamiento para la úlcera. Para Nicanor Floro Andrés, director de la revista científica de la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria, el descubrimiento del culpable del trastorno, la bacteria Helicobacter pylori, y el desarrollo de un tratamiento efectivo para solucionar el problema ha supuesto una auténtica revolución sanitaria. 

«Hasta la llegada de los inhibidores de la bomba de protones, la úlcera de duodeno había que operarla, con todo lo que eso implica». Ahora, en cambio, con omeprazol y una combinación de antibióticos, «el problema puede estar resuelto en días», subraya. 

Para el farmacéutico, otro ejemplo paradigmático de éxito terapéutico han sido las estatinas, los fármacos que desde el inicio de los años 90 se emplean de forma masiva para bajar las cifras de colesterol. «Estos medicamentos consiguen reducciones del 30% o el 40% en los niveles de colesterol, una efectividad que no tenía ninguna de las terapias que existían previamente», explica. La popularidad de las diferentes versiones de estos fármacos -lovastatina, simvastatina, atorvastatina, etc-, ha ido creciendo de forma paralela a la consideración del exceso de LDL -o colesterol malo- como uno de los principales enemigos del corazón, continúa Andrés, si bien existe cierta polémica sobre su excesiva indicación. 

En la prevención de las complicaciones asociadas a la enfermedad cardiovascular, Andrés también destaca el papel de un fármaco que, aunque no nació a finales del siglo XX, sí ha dado a conocer algunas de sus caras más beneficiosas en los últimos años: la aspirina. «Es un fármaco que tiene 150 años y que no ha dejado de aportar nuevas indicaciones. Una de las más importantes es su utilidad como antiagregante y eso se descubrió recientemente», señala el especialista, quien también cita la utilidad de su compañero clopidogrel en la reducción del riesgo vascular. 

Otros de los medicamentos que más peso han ganado en las farmacias en los últimos años son los antidepresivos. La fluoxetina -más conocida por su nombre comercial, Prozac- se popularizó tremendamente durante el apogeo de Wall Street, hasta el punto de que comenzó a «utilizarse en cosas para las que no estaba indicada, como la tristeza», subraya Francisca González, miembro del grupo de utilización de fármacos de Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SEMFYC)...

Para todos los especialistas consultados, hay otro fármaco que, por su popularidad, merece un hueco en la lista de los fármacos más destacados en los últimos años: el sildenafilo -muchísimo más conocido como Viagra, su nombre comercial-. La famosa pastilla azul «sacó del secretismo el problema de la disfunción eréctil», subraya González, pero también fue uno de los primeros medicamentos lanzados por «una campaña promocional a escala global en la que aparecían estrellas mediáticas», apunta Figueras. «Si bien hay hombres que se han beneficiado directamente por el efecto del principio activo, queda por saber cuántos se han beneficiado por un efecto placebo» y cuántos, por un consumo recreativo inapropiado, han sufrido efectos indeseables. (Más)



 
(*) Cristina G. Lucio es Periodista en la sección de Salud de El Mundo
Publicar un comentario en la entrada