sábado, 6 de septiembre de 2014

El lado oculto de un cumpleaños...

Impresionados por todo lo que la tecnología nos está dando, a veces olvidamos preguntarnos qué es lo que no está quitando. A los puristas les fascina culpar al internet de todo, desde hacernos más tontos hasta a ser el arma perfecta de las dictaduras. Pero, como bien señala Michael Harris, siguiendo las observaciones de Melvin Kranzberg, “la tecnología no es buena o mala. Lo más que podemos decir acerca de ella es esto: que ha llegado.” 

Harris, autor de The End of Absence: Reclaiming What We’ve Lost in a World of Constant Connection, escribe sobre cómo la tecnología afecta a la sociedad, siguiendo los pasos de Nicholas Carr y su crítica en “The Shallows”. Sin embargo, su acercamiento es distinto, en lugar de centrarse en los efectos de la conectividad busca entender qué pasará con los jóvenes que nunca conocieron el mundo sin internet. Si naciste antes de 1985, sabes qué es vivir sin internet, transitaste la frontera hacia la era de la superconectividad. Somos la última generación en la historia que vivirá sin internet, los “‘últimos en hablar ambos lenguajes”, los “traductores del antes y el después.” 

Como muchos, lo primero que hace Harris en la mañana es sentir esa combinación de ansiedad y sorpresa de checar su correo en su teléfono. “En lugar de preguntarte qué debo hacer, te preguntas qué he perdido.” Pero el problema no es el internet mismo, sino en cómo nuestra personalidad se engancha a él. 

Como parte del trabajo del libro, Harris decidió pasar un mes desconectado. No es que haya tenido una epifanía, pero pudo tener una perspectiva diferente de su vida interior. El problema es que “cuando estas en medio de algo, eres incapaz de verlo apropiadamente.” 

 ¿Recuerdas cómo era tu vida antes del internet? (Ver)

Hoy es el mio...

 

He vivido muchas lunas...
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