sábado, 24 de mayo de 2014

Terapias de los sentidos: El arte es terapia / "Art Is Therapy" Rijksmuseum



¿Para qué sirve el arte? La investigación de los autores plantea algunas respuestas a esta interrogante a través de siete funciones psicológicas: 
  • el recuerdo, 
  • la esperanza, 
  • el dolor, 
  • el equilibrio, 
  • la autocomprensión, 
  • el crecimiento y
  • la apreciación. 


La tesis fundamental de De Botton y Armstrong es que, más allá de la complacencia estética, el arte es una herramienta que sirve como terapia. “Al igual que otras herramientas, el arte tiene el poder de extender nuestras capacidades más allá de lo que la naturaleza nos ha dotado. El arte nos compensa de ciertas debilidades, en este caso más de la mente que del cuerpo, debilidades que podemos referir como psicológicas”, considera De Botton. (Ver)

Art Is Therapy —El arte como terapia— es la última gran apuesta del popular pensador y filósofo contemporáneo Alain de Botton que, en connivencia con el Rijksmuseum de Amsterdam, acaba de estrenar en la capital holandesa. 

 Alain de Botton está convencido de que el arte es la mejor terapia para sobrellevar los grandes retos humanos: 
  • el amor, 
  • la muerte, 
  • la soledad, 
  • el éxito… 
Para que su fórmula haga efecto nos propone una nueva forma de contemplar los lienzos partiendo de una pregunta tan simple como qué puede hacer el arte por mí. 

De esta forma, los cuadros del Rijksmuseum dejan de ser sólo objetos artísticos convirtiéndose en auténticas píldoras curativas para combatir “enfermedades modernas” como el estrés, la ansiedad, la insatisfacción personal o la obsesión por el consumo. 

¿Cómo? Gracias a las fórmulas magistrales impresas en los grandes post-it terapéuticos que figuran pegados al lado de los tradicionales carteles informativos con la fecha y autor de cada cuadro. 

Grandes obras como La lechera de Vermeer, el Banquete,de Adriaen van Utrecht 


o el Escritor limpiando su pluma de Jan Ekels nos muestran cómo descubrir el placer en cualquier acto de nuestra vida cotidiana, por pequeño e insulso que nos parezca.


Así, para superar la insatisfacción derivada de una vida anónima y carente de glamour, el filósofo suizo nos receta La calle (1658) de Johannes Vermeer. Esta pintura de Delft —una de las más famosas del mundo— muestra cómo lo ordinario y doméstico puede ser especial sin necesidad de grandes gestos. 


Es un mensaje de felicidad, afirma De Botton que además se permite casi una broma frente a la magnífica Ronda de Noche afirmando que es la obra ideal para sacudirnos el afán individualista de la sociedad contemporánea. 


Hasta 150 obras comprendidas entre la Edad Media y el siglo XX conforman este original recorrido por el Rijksmuseum diseñado como una deliciosa escuela de vida.(Ver)


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