lunes, 19 de noviembre de 2012

Citario/El dijo que...: Impotencia / Fernando SÁNCHEZ-DRAGÓ


La que llega, para los varones, con la edad. Lo de «disfunción eréctil» es una cursilada. Me sorprende, después de cuanto por tierra, mar y aire han dicho los medios de información a cuento de los efectos de la viagra, el cialis y la levitra, que todavía hoy, casi a diario, me aborden personas de cierta edad interesadas en saber cómo funcionan esos productos (sildenafilo, tadalafilo y vardenafilo, por orden de aparición) y dónde o de qué modo pueden adquirirse. El descubrimiento de sus virtudes eróticas fue azaroso y se produjo en el transcurso de un experimento de doble ciego llevado a cabo con un producto vasodilatador susceptible de aliviar las dolencias cardiacas. Las mujeres sometidas al experimento no rechistaron. Los varones, al comprobar lo que sucedía en sus partes íntimas tras ingerir la sustancia, se quedaron las cápsulas sobrantes. Fue así como los investigadores descubrieron que esa gama de productos obraba milagros en lo concerniente al rendimiento en la cama (o donde fuere) del asunto que, según dicen, no tiene enmienda, pero que a partir de cierta edad o de determinados achaques pide remedio. Son mano de santo –lo certifico– y no tienen más contraindicación que la del acentuado descenso de la presión sanguínea en las personas que la tengan baja o que tomen fármacos contra la alta. Hay, entre los tres productos citados, algunas diferencias. La viagra, que es el más popular, pero el menos aconsejable, actúa de por sí, con o sin estímulo exterior. El cialis y la levitra (esta última se vende ahora en cápsulas sublinguales de efecto inmediato) necesitan ese estímulo, mujer o varón que sean, para subir la moral, y otras cosas, de los usuarios. Eso resulta más lógico y más cómodo. Lo primero, en definitiva, es una suerte de priapismo, enojoso en ocasiones. El efecto del cialis se mantiene durante treinta y cinco horas. ¿Demasiadas? Depende. El de la levitra dura alrededor de seis, lo que en casos como el mío es más que suficiente. ¿Defectos? Sí: dos. Se despachan con receta y son productos caros, pero la felicidad, a mi juicio, siempre es rentable y, por ello, barata. En mi próxima columna, más… (Ver)
Ver también:

Medicalización de la vida cotidiana: Fernando Sánchez Dragó y el Cialis...

PRILIGY: La verdadera (y golfa) historia del "cálido" Sanchez Dragó y de su eyaculación .... "prolongada".

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