martes, 31 de julio de 2012

Respire, N0 Respire, Respire, No Respire…/ Colabora Carmen Murcia*


Hace bastante tiempo me hice la firme promesa de no leer noticias importantes negativas mientras desayuno. Por eso suelo coger algún suplemento dominical o incluso el periódico, pero empezando a leerlo por el final, así que estoy absolutamente al día sobre la cartelera de cine, los festivales de teatro veraniegos, mi horóscopo, la programación de tv (que nunca veo) y otras chuminadas. Y así desayuno tan feliz.

Hoy me ha podido la tentación cuando he visto de reojo el titular “970 visitadores de AP han sido despedidos este año” ( http://bit.ly/NJdhq8 ) y… confieso que he picado y lo he leído, aún a riesgo de que el primer café del día me sentara como si de una úlcera de tratara…

970… 970… Novecientos setenta… NOVECIENTOS SETENTA… Y esto solo en la primera mitad de año, lo que quiere decir que la cifra amenaza con duplicarse o triplicarse.

Afortunadamente, no me encuentro entre este montón de despedidos, porque fui de las primeras en sufrir hace más de dos años , en propias carnes un ERE , cuando la multinacional para la que trabajaba se percató de que tenía una red de ventas sobredimensionada para lo que se le venía encima al sector farmacéutico.

Digo afortunadamente por varias razones:

Ninguno sospechábamos nada (cómo íbamos a sospechar, si un mes antes nos habían reunido para contarnos los crecimientos que teníamos e incluso nos pagaron semanas antes el bonus anual por beneficios de la compañía!) Esto nos permitía trabajar con tranquilidad, pensando en los incentivos del semestre siguiente y además “permitirnos el lujo” de quejarnos de vez en cuando por los ambiciosos objetivos que nos marcaban y en algunos casos… incluso atrevernos a pedir aumento de sueldo.

Sinceramente, prefiero el mazazo que recibí cuando nos despidieron (literalmente) de un día para otro, a la angustia constante de no saber si despedirte de los médicos cada día que vas a visitarles. Personalmente me compadezco de ese visitador médico que se levanta cada día con el miedo de recibir una llamada en cualquier momento que le ponga de patitas en la calle, que respira la angustia que se vive en la calle, con ese 25% de parados y que está acostumbrado a un sector que tiene un futuro no incierto, sino negro, muy negro…

Otra de las razones por las que agradezco haber sufrido un ERE en el sector hace un par de años, es que me dio tiempo de ver toda esta situación actual con más perspectiva, pensando en tiempo y forma qué iba a ser de mi a partir de ese momento. Ahora es prácticamente imposible ver con perspectiva, solo vale la superviviencia a corto plazo.

También me dio tiempo a conocer el sector desde otros ángulos más “marketinianos”.

A darme cuenta de la cantidad de contactos que había hecho a lo largo de 11 años. A comprobar que incluso había hecho amigos. Pero sobre todo me dio margen de maniobra para fusionar la formación que había adquirido en los últimos años sobre comunicación digital con todos mis conocimientos y contactos en el sector de la industria farmacéutica, disfrutando actualmente de la sensación de que puedo ayudar a empresas a reinventar su modelo de visita médica y la comunicación con sus prescriptores.

El problema de esos 970 visitadores médicos despedidos es que aterrizan en un momento donde solo se respira angustia, miedo, desesperación y sobre todo poca perspectiva de futuro a corto o medio plazo. Y lo peor de todo es que es un sector donde históricamente hemos disfrutado de unas condiciones laborales por encima de la media. Y eso es a lo que más cuesta “desacostumbrase”. Yo por suerte… hace mucho que eso solo forma parte del recuerdo. Mi vida profesional y personal tuvo un antes y un después de sufrir aquel despido, que aunque desestabilizó mi economía doméstica, al menos no me robó la esperanza.



(*) Carmen Murcia, es Consultora estratégica en Social Media-Pharma y Editora del blog


Ver también:

Las nuevas comunicaciones y la industria farmacéutica / Colabora Carmen Murcia

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